Textos: Analisis, Critica y Discusion

Como en misa

Un sitio conocido y acogedor: creo que esta es para muchos la imagen de la asamblea. Leemos en un periódico o en un cartel que hay un encuentro, un debate y nos encontramos sentados casi como siempre en círculo, (talo vez en homenaje a la idea ilustrada de “Enciclopedia”, que significa precisamente cultura en circulo) a esperar que alguien empiece y nos exponga su argumento. Si el tema de la discusión es muy especifico, esperamos al experto, con lo que las intervenciones son muy limitadas. Si en cambio es un poco mas basto y complejo, todo el mundo suelta lo suyo indiscriminadamente. Y sin embargo al final se queda uno, mas bien desilusionado.

Esto es debido a que, aun sintiéndonos a gusto en el debate, la asamblea en la que se desarrolla es vista como externa, un pozo del que se extrae algo y la mayoría de las veces, poco. Así, la crítica se dirige siempre hacia la asamblea, pero no a nuestra propia participación en ella.

Cierto, nos encontramos con la gente con la que estamos bien, y con los que, mas allá del debate, tenemos proyectos y desarrollamos nuestras iniciativas, pero la participación en la asamblea como tal, no es resultado de un interés madurado o de ciertas pregunta planteadas. Rara vez hay un elemento de continuidad entre distintos encuentros, entre distintas reflexiones que le precedieron y el siguiente. Como no se pregunta antes que significa para nosotros el tema del debate, tampoco es mucho lo que se recuerda después. Tanto es asi que, si algún tiempo después se organizara un encuentro sobre el mismo asunto, la discusión recomenzaría de nuevo desde el principio, todos monologando en compañía.

En mi opinión esto no se sebe solo a la escasa voluntad de quien participa en la asamblea de modo pasivo, (también el hecho de hablar puede ser síntoma de pasividad), sino de algo un poco más profundo. Para debatir juntos -en el contexto de una asamblea, en ámbitos mas restringidos el discurso cambia- es necesario que exista un determinado bagaje léxico común-. Cuando más se sale del restringido ámbito de la especialidad, mas escasean los recursos, menos se tiene que decir. Faltan las palabras. Todo esto se puede verificar de muchas maneras. Si tomamos contextos muy específicos -como el anarcosindicalista o el de la ocupación de espacios- y, por diversión, prohibimos las diez palabras que frecuentemente constituyen el lenguaje y el universo mental de los que están involucrados en ellos, obtenemos que ni siquiera se puede escribir una octavilla. Tal vez exagero, se objetara. Tal vez. Pero estoy seguro de que son las palabras mismas lo que no alcanzamos a encontrar cuando nos enfrentamos a argumentos de alcance mas general.

Otro limite, aunque pueda parecer extraño, es la necesidad de observar a toda costa las implicaciones practicas de la discusión. Con esta finalidad un tanto forzada, no siempre el pensamiento puede desarrollarse libremente. Las ideas necesitan espacio vacío en el que moverse. Y creo que es de ese mismo vacio de donde nace una práctica real de liberación, un vacio que en muchas ocasiones trae el desgarro a donde creíamos que existía una unidad mas solida.

Hasta que nos encontramos para afrontar ciertas cuestiones, digamos, mas teóricas, la delegacion se reduce a falta de profundidad (la cual de todas formas puede determinar fenómenos de carismas y de subordinación), pero cuando se tienen que tomar decisiones importantes que presuponen el conocimiento de los argumentos sobre las distintas opciones, quien tenga el mayor conocimiento tiene el poder de orientar la discusión. Es mas, se parte de una situación de disparidad de conocimientos, no hay mejor medio que el asambleario para la disposición de resoluciones. La técnica de la participación obtiene efectos mucho mejores que los obtenidos con la propaganda unilateral o con la conferencia ex cathedra.

El poder busca, precisamente, arrebatarnos las palabras y la capacidad critica de reflexionar para darnos luego la posibilidad de expresar nuestra opinión sobre cualquier cosa.

De las asambleas no puede salir nada distinto de lo que cada uno de nosotros individualmente se esfuerce en aportar. Como mucho se podrían desarrollar las intuiciones que nuestra búsqueda personal nos inspire.

Si no nos abrimos a la escucha, es decir, sino frecuentamos nuevas zonas del pensamiento, del pensamiento propio, seguiremos siempre diciendo las mismas cosas, sea cual sea el tema de discusión. Anclados a nuestra fe como en una iglesia, (cuyo nombre viene, tal vez no por casualidad, del griego ecclesia, que significa precisamente asamblea), renovamos nuestros rituales para volver luego a casa con los pocos interrogantes de siempre. Hasta el próximo debate.

Texto aparecido en el periódico Canenero.

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Sobre la reproducibilidad

El día a día, a menos que pertenezcas a la clase dominante o a la élite intelectual, te quema. Quema a todo el mundo, más aún cuanto más consciente seas de la injusticia diaria materializada en el madrugar para ir a currar, el atasco, el tren, el autobús, la cola del paro, el acto de fichar, la cara del jefe, las ocho horas de alienación…

En tiempos de crisis el queme se generaliza, la miseria deprime a la par que enerva, la actitud de los gobernantes actúa a modo de acelerante de la rabia, es nuestro momento.

La destrucción de lo existente no se logrará con la toma del palacio de invierno, hace años que lo entendimos, sus ejércitos, sus policías son poderosos y están bien equipados, el enfrentamiento directo está destinado al fracaso.

El sujeto revolucionario no se encuentra como masa humana a la que adoctrinar-concienciar, años de tele-basura acabaron con la conciencia de clase, el obrero en su mayoría es un gilipollas consumista sin conciencia, egoísta e insolidario encadenado a una hipoteca a treinta años. Las minorías sociales, refugio de aquellos que se obstinan en encontrar a dicho sujeto revolucionario y que desistieron de intentar encauzar conciencias obreras tampoco sirven de mucho, la mayoría buscan el reconocimiento del sistema que se supone deberíamos hacer caer lo cual supone en si mismo una contradicción mayúscula. El sujeto revolucionario es uno mismo. La revolución empieza cuando cada uno personalmente y tras hacer un concienzudo análisis de su entorno y posibilidades decida empezarla.

El sistema ha de caer por si mismo, hoy en día parece más plausible el derrumbe del sistema debido a su derrumbe financiero. Las triquiñuelas económicas han viciado al propio sistema desde dentro. La avaricia y el egoísmo especulativo han evidenciado el afán devorador de este sistema infernal que ha acabado por devorarse a si mismo. La explotación del hombre por el hombre se llevará al límite en su afán por hacer la rentabilidad de los sistemas productivos equiparable a los beneficios de los sistemas especulativos. La lógica y el sentido común se diluyen en el absurdo de una carrera hacia el precipicio.

La acción es propaganda, la propaganda por el hecho sigue siendo hoy día tan válida como antaño. La difusión del sentir y del pensar ácrata está en condiciones de calar en el sentir de los oprimidos, por eso la identificación con la acción es hoy en día más fácil que nunca en las últimas décadas. La complicidad es factible siempre y cuando apartemos el mito lucha-armadista y la espectacularización de la lucha. Es cierto que el espectáculo lo controla el sistema, este censura o  anuncia a bombo y platillo una misma noticia según convenga, lo hemos visto muchas veces y lo seguimos viendo a diario, mas nuestro empeño debe estar en no “ponérselo a huevo”, en ser lo suficientemente imaginativos para que la acción sea aceptada por el sentido común y este cale en el imaginario colectivo.

Antes de seguir quiero dejar claro que creo que cualquier acción es reproducible, dado de todas las acciones, incluidas las más espectaculares, han sido obradas por seres humanos y puesto que eso somos, con paciencia y dedicación haremos cualquier cosa que nos propongamos. Dicho esto también creo que complicar la metodología de una acción porque sí, no lleva a ningún sitio, la mayor parte de las veces lo más sencillo es lo más efectivo.

Se trata pues de efectividad, que no de mito lucha-armadista, se trata igualmente de reproducibilidad no de vanguardismo elitista y ególatra. Se trata de conectar con la rabia generalizada con un objetivo claramente identificable, y hacer patente que cualquier oprimido cabreado tiene la posibilidad de expresar su cabreo y frustración con lo existente. Dejar claro que la acción, la revuelta, la lucha no es patrimonio de nadie más que de quién decide abrazarla para luchar contra quién le oprime.

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Ataque

Como bien resumía un compañero, hacen falta dos cosas para actuar: las ideas y los medios.

Desarrollar y comprender sus ideas, criticar los prejuicios y los clichés, aprovechar el sentido de su hostilidad contra el mundo que nos rodea. Conquistar el espacio y el tiempo para reflexionar, algo que se hace cada vez más difícil en éste mundo; discutir y profundizar con algunxs compañerxs. No ceder a la facilidad y a la superficialidad; no recular frente a esfuerzos que exigen reflexión y profundización. Hacer las cosas rápido no va normalmente a la par que hacer las cosas bien. Descubrir afinidades; vivir las rupturas inevitables; volver la espalda a la integración, sus engaños y sus promesas. Ser coherente y valiente con sus ideas, tener confianza en sí mismo para ser capaz de tener confianza con otrxs compañerxs. Y en seguida, decidirse a actuar: componer el mosaico de la comprensión y de la voluntad para pasar al ataque.

A partir de ahí, habrá que afrontar cuestiones más prácticas. ¿Por dónde puedo yo asediar y atacar al enemigo por sorpresa? ¿Dónde se encuentra este enemigo hoy, cómo no caer en la trampa de fantasmas e imágenes que el poder exhibe a su alrededor? Para golpear bien, hay que comprender en qué tiempo y qué espacio nos movemos. Hay que estar buscando para aprovechar la ocasión en pleno vuelo, pero sin esperar. El ataque es algo muy serio, pero es un juego. Un juego en el que las reglas las determina la comprensión y la voluntad de lxs que asedian. No podemos esperar que todo nos caiga del cielo de golpe, hay que hacer esfuerzos necesarios para estudiar los medios de ataque que tenemos a nuestra disposición, los aspectos técnicos del objetivo a destruir, las prácticas para burlar la vigilancia. El enemigo no hace regalos, el ataque es una cuestión de inteligencia rebelde y de voluntad insurgente.

Permanecer todavía a la defensiva significa enterrar un poco más la posibilidad de una transformación revolucionaria, cada día mientras la dominación se mantenga. Se trata de tomar la iniciativa y pasar al asalto. Ya no por demostrarle nada al poder, ni para reclamar la atención de las cámaras de los actores de la política y de la representación, sino para golpear y destruir las estructuras y los hombres que encarnan la autoridad. Como una corriente subterránea que socava los edificios milenarios de la civilización.

Si hay necesidad de organización, esto no es nada más que una cuestión técnica, una organización de las tareas prácticas. Los grupos de ataque son autónomos e independientes, una garantía para que la creatividad subversiva no pueda reducirse a un esquema unilateral congelado, y también una mejor defensa contra los tentáculos de la represión y la mejor situación imaginable para permanecer activxs e imprevisibles. Únicamente a partir de tal autonomía, la coordinación informal y activa se puede imaginar y desear; una coordinación que coincida con perspectivas y proyectos compartidos. Los pequeños grupos de fuego no están separados del conjunto de las actividades revolucionarias, sino que forman parte de ellas. Nadan como peces en el océano de la conflictividad social. El archipiélago de grupos de combate autónomos libra una guerra difusa que escapa a todo control, representación y circunvalación por parte de la dominación.

Nadie puede creer que la revolución social y la subversión serán únicamente obra de los grupos de acción. No son ni más ni menos lo que son y lo que son capaces de hacer: un poco de levadura en la fermentación social, un poco de coraje y de determinación frente a la resignación y la colaboración, algunas sugerencias respecto a la identificación del enemigo, y destructores feroces y apasionados. Pero individualmente, es la gran aventura de una vida diseñada como revuelta, el sentimiento dulce de palpar a veces la coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos. La revuelta es la vida.

Bruxelas

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Conspiración Ácrata – Una conversación con el colectivo editorial de Infierno.

Una cosa es tener armas y otra cosa es ser un grupo armado…

“Infierno” es una publicación anarquista por el desmadre y la revuelta realizada por compañerxs afines de Barcelona en la regiónde Catalunya, que hasta ahora llevan editados 5 números.

Tras hace un tiempo haber establecido comunicación con ellxs, tomamos la iniciativa de realizarles

un breve cuestionario con la finalidad de contribuir al debate actual del cual hacíamos hincapié en el numero pasado de Conspiración Ácrata, pero también con la finalidad de conocer mas aun como es la escena narquista en Barcelona ya sea insurreccional o al anarquismo de acción, o bien contraria al tipo de anarquismo que aboga por la legalidad, permisividad, organización centralista, etc.

Ya que en los últimos tiempos se han registrado y/o comunicado algunas acciones en esa parte del mundo. Aunque otra finalidad es la de también contribuir a la difusión de publicaciones afines a las perspectivas insurreccionales.

Las respuestas de lxs compañerxs contribuyen al actual –y necesario- debate al interior de nuestras contiendas, su critica sobre la escena en México vista desde fuera, que es en si nos interesaba mucho saber, fue algo que nos dejo mucho que pensar así como los posicionamientos sobre la lucha armada, la organización informal y la cuestión de las siglas.

Agradecemos a lxs compas haberse tomado el tiempo para compartir con nosotrxs y lxs lectores de C.A. Sus pensamientos, perspectivas y aclararnos de alguna manera el panorama de la lucha en Barcelona.

1.- Primeramente, y para tener un panorama mas amplio, ¿nos podrían comentar sobre como y porque nació la publicación “Infierno”? ¿Que fue lo que losmotivo o los impulsos a realizar una publicación afín a la destrucción y el caos? ¿Por qué le dieron ese nombre a la publicación?

Bueno, la publicación nace en un contexto muy particular. Concretamente en los primeros días de las movilizaciones ciudadanas que se han conocido con el nombre de 15-M. En esos días y justo antes de unas elecciones municipales (se elegía el gobierno de la ciudad) la principal plaza de barcelona es ocupada por miles de personas y nos pareció un buen momento para editar una publicación eminentemente anarquista y que fuera más allá de las tan típicas consignas apelando a lo social y a la construcción de una sociedad diferente que suelen proliferar en casos similares.

Era una buena ocasión para acerca estas ideas a muchísima gente que, descontenta con su vida, de pronto empezaba a hablar de política y a relacionarse en esa plaza de un modo diferente. Llevarles las ideas (que venían ya de una práctica anterior) de que no se puede reformar lo existente y de que, a nuestro juicio, lo prioritario es la destrucción del sistema en el que vivimos, con violencia si es preciso (y lamentablemente lo es).

Se trataba un poco de poner de manifiesto por escrito la idea de que es imprescindible la ruptura de la normalidad, de la paz social y de la mentalidad ciudadana y democrática. Obviamente eso no lo conseguimos pero al menos los primeros días nos quitaban la revista de las manos y se tuvieron discusiones muy interesantes. Lo que ocurrió luego con ese movimiento es bien conocido: se transformó (si de hecho no lo era ya deinicio) en una lamentable expresión ciudadanista en defensa del estado del bienestar guiada por universitarios pequeñoburgueses y sectas trotskistas, pero también es cierto que en esas jornadas al calor de las discusiones en esa plaza nacieron buena parte de los nuevos grupos anarquistas que hoy se mueven por la ciudad y la propia publicación.

El nombre, como se explica en la editorial del primer número es un pequeño homenaje al comité “ejecutivo” (en tanto que ejecutaba las acciones) del grupo anarco-nihilista ruso de finales del siglo XIX Zemlia i volia.

2.- Dentro del anarquismo nos encontramos con diferentes tendencias, algunas de ellas apuntan a la coacción de conflicto inmediatos y de alguna manera condenan a la espera a sus mismos adeptos, optan por el centralismo entre otras cosas, esta tendencia la tildamos como “permisiva”. Dentro de la otra idea, la que apunta a la destrucción total del Estado/Capital, por igual hay diversidad entre las partes. Algunas tendencias insurreccionales apuntan hacia lo social, y en muchas ocasiones han dejado de lado sus propias perspectivas por adoptar las “sociales”. Otra mas, la tendencia –por decirlo de algún modo- “clásica insurreccional” que viene de la línea teorizada por Alfredo Bonanno y otra perspectiva es la tendencia informal anarquista, dentro la cual se encuentran la mayor parte de los grupos de acción insurreccional ácrata como la FAI‐Informal, grupos e individualidades de liberación animal, grupos e individualidades anticivilización y hasta nihilistas revolucionarios. Esta tendencia apunta hacia la destrucción inmediata del Estado/Capital con todos los medios a su alcance, incluyendo en estos los paquetes bomba y el uso de armas y explosivos empleados como ofensiva directa y no solo como mera “auto-defensa”. En estas tendencias existe un debate que es necesario, aun cuando algunos “grupos” intente efectuarlo en forma de ataque desacreditando los esfuerzos que blogs y grupos de acción realizan. Ese debate gira entorno a la organización anarquista informal. La cuestión en la que todas estas perspectivas confluimos es que la informalidad es la única forma adaptable ‐en la actualidad- a las perspectivas anarquistas, esto tanto en la estrategia como en los principios. ¿Cual seria la perspectiva de Infierno sobre la Organización Informal anarquista o informalidad anarquica?

Para la publicación y aunque se hace mucho hincapié en las ideas y las prácticas insurreccionales el tema de la organización o, mejor, de la dicotomía entre organización formal o informal no tiene mucho sentido. Entendemos que ambas formas organizativas tienen cosas interesantes y cosas a descartar. Depende de lo que quieras hacer y para qué y sobre todo con cuánta gente es que te tendrás que organizar de la manera más apropiada. Eso no nos preocupa mucho, lo que si nos preocupa es el tema de la uniformización y de la creación de posibles burocracias en las organizaciones.

Este es un tema que es más evidente en las organizaciones formales, pero que también se da (lo hemos visto) en las informales, dado que la burocracia o la decisionalidad (buscar un consenso o tener que tomar decisiones comunes) también es una mentalidad. No hace falta tener cargo, documentación interna y papeles con sello y membrete orgánico para tener burocracia o liderazgo. Entendemos la organización informal como algo natural, que se da espontáneamente entre gente con gran afinidad o amistad (las pandillas de la calle, los grupitos de muchachos que se juntan de a tres o a cuatro en los barrios puede ser un buen ejemplo de ello, salvando las distancias) y que es muy interesante porque desacraliza la asamblea y el momento “litúrgico” de la toma de decisiones como un momento y espacio fundamental, cuando en realidad uno puede tomar decisiones y preparar cosas o acciones, publicaciones, etc, mientras se toma un jugo, pasea o juega a la pelota.

Pero esto tiene sus limitaciones, aunque aporta seguridad. La organización formal también tiene unas severas limitaciones pero entendemos que según para qué y cómo, eliminando algunos de los aspectos de la formalidad (como el tener que tomar decisiones unitarias siempre, tener siglas y usarlas siempre, tener comités, etc…) puede ser interesante, aporta un mayor nivel de organización más fácilmente asumible por un mayor número de personas.

Entendemos el pequeño grupo de afinidad como la base de toda experiencia organizativa, pero muchas veces, de una u otra manera, eso no puede quedar ahí y se debe ampliar el círculo en algunos momentos y ahí la organización informal “clásica” tiene sus serias limitaciones. En ese sentido nos remitimos totalmente a la organización de los primeros grupos nihilistas, que estando federados eran totalmente autónomos a la hora de su accionar, o las formas que adoptaron las CCF en su primera generación (a excepción de las siglas y del culto a su propia organización con constantes referencias y vivas a su colectivo).

Por supuesto que no cerramos aquí el modelo organizativo, esto no excluye otras formas paralelas y compatibles (como la de la FAI informal, siglas a parte, o la del Grupo Primero de Mayo en la España de los 60, embrión de este tipo de “organizaciones” que más tarde impulsó la angry brigade).

No nos parece mal que gente que empieza en el mundo de la lucha anarquista y que quiera asumir funciones más públicas opte para realizarlas por organización formal, siempre que esté depurada de los elementos nocivos que apuntábamos antes.

3.- Nosotros sostenemos y siempre hemos sostenido que la comunicación entre afines es necesaria, mas aun cuando entre los grupos –por estrategia- no nos conocemos. Creemos que es necesario comunicar las acciones, ya que ellas no hablan por si solas. Pero depende de cada grupo u individualidad y su ideario el que determina lo funcional de estos comunicados. ¿Cual es perspectiva de infierno sobre la emisión de comunicados, creen que sea producente, que cumpla con los objetivos -digamosle- generales del anarquismo, o que solo corresponda a necesidades de cada grupo u individualidad?

Infierno entiende que hay dos tipos de “comunicados”. Uno es el que de manera escueta anuncia que se ha producido tal o cual acción para que se sepa. Esto lo vemos positivo, por regla general, ya que anima a la gente a hacer cosas, envía fuerza cuando esas cosas son acciones en solidaridad (saberse arropado por gente que piensa más o menos como uno/a) y difunde que están pasando cosas, sobre todo cuando, en muchas ocasiones el poder trata de ocultarlas para evitar su posible propagación.

Otro tipo de comunicado es el que pasa a relatar toda una serie de explicaciones, análisis de coyuntura (o de estructura incluso) y trata de hacer entendible la acción que quiere comunicar. Este último tipo lo vemos negativo y contraproducente por varios motivos: el primero la cantidad de información que ofrece (y aquí queremos detenernos un momento a recordar que precisamente ésto fue uno de los motivos de caídas de mucha gente a lo largo de nuestra historia, siendo la más sonada la de Ted Kaczinsky); el segundo porque entendemos que la acción se tiene que explicar por sí misma dado que si no se entra en el terreno de lo simbólico y éste es un terreno resbaladizo y peligroso, y nos explicamos.

Las personas se mueven desgraciadamente muchas veces por símbolos. El poder tiene los suyos y los revolucionarios e insurgentes, lo queramos o no, también. Es interesante para la guerra social derribar unos y erigir otros (dentro de unos límites, no vayamos a reproducir lo que queremos destruir). Pero también lo simbólico, lo interpretable (más allá de que todo en esta vida es interpretable) es algo que se recupera fácilmente y que puede ser incorporado por el poder a su maldita sociedad del espectáculo y volverse un sucedáneo de lo que es.

Que en Alemania los pijos (fresas) modernos porten camisetas de la RAF o que en España miembros del antes mencionado movimiento 15-M que se proclaman pacifistas lleven máscaras de Guy Fawkes (el personaje histórico recuperado por el protagonista de V de VendeTa para ejercer su violenta venganza y lucha contra el estado mediante asesinatos y atentados) son sólo una pequeña muestra del despropósito en el quevivimos. Entrar en el mundo de lo simbólico es complicado porque es entrar en un mundo que nos puede conducir a la recuperación, al terreno del intelectualismo, de la espectacularidad y del vacío de contenido.

Darle fuego a un banco (independientemente de si eso es eficaz o no en la lucha contra el sistema) es algo que habla por sí mismo, atacar un patrullero también, no es necesario exponerlo en 12 páginas de comunicado (muchas veces además grandilocuente y militarista). Destrozar una carnicería, por ejemplo, no se explica por sí mismo (¿fue por la liberación animal? ¿por la adulteración de la carne? ¿un motivo religioso? ¿laboral? ¿contra la sociedad de consumo? ¿anticivilización o simplemente pro derecho animal?), entonces hay que explicarlo, extenderse y, salvo que la lucha de los autores del ataque sea exclusivamente animalista, ponerlo en relación con el contexto de la lucha y ahí se da información y se entra en lo simbólico. El ataque, en nuestra opinión, ha de enviar un mensaje claro y expresar una idea, que ha de ser complementada con la propagand aunque el mismo sea propaganda.

4.- Por igual, que los comunicados, y podríamos decir que aun mas tensa es la discusión sobre la utilización de siglas para firmar los comunicados. Algunos compañerxs argumentan que la utilización de siglas no es estratégica legalmente al momento de las detenciones ya que si reivindicas una acción con un nombre mismo que otra y te detienen te pueden carga todo lo demás.

Este argumento no lo compartimos, ya que pensamos que este debate debe de partir desde las ideas y no desde las limitaciones jurídicas del poder.

Pero hay otros compas que argumentan sobre caer en posibles vanguardismos o centralismos, y otros mas ven que “el grupo único” bajo un nombre “único” es una manera de aceptar la total responsabilidad de sus acciones, esto evitando caer en posiciones de vanguardia. ¿Cual es su lectura al respecto de las siglas, así mismo cual seria su aporte a esta discusión?

A nosotros nos da un poco lo mismo. Lo de la estrategia legal puede llegar a ser irrelevante según en qué países y en otros es important tenerlo en cuenta. En España por ejemplo te pueden aplicar la ley anti‐terrorista por firmar varios ataques de una cierta envergadura con el mismo nombre, y estamos hablando una de las leyes má duras de Europa que lleva implícita la tortura y demás.

No es que legalmente sea muy diferente a otras pero el hecho de haber tenido en activo durante más de 50 años una banda armada (ETA) con más de un millar de muertos en su haber hace que casi nadie tenga nada que decir en contra de dicha ley y que se cierre filas en su favor (cosa que en otros lugares de Europa no sucede). Pero también es cierto que pueden detener a alguien, adjudicarle los ataques que sean (da igual si los hizo o no) y “fabricarle” una organización terrorista.

Lo que sí criticamos es el uso “indiscriminado” de las siglas para lo que sea. Durante mucho tiempo aquí causaba bastante rechazo en un sector importante del anarquismo la organización anarcosindicalista CNT-AIT, además de por una serie de prácticas desafortunadas (más allá de lo que nos parezca el anarcosindicalismo en sí mismo) por su abuso en la autorreferencialidad y en el uso de las siglas. Llegado un momento casi parecía que hubiera que darle gracias por existir porque todo lo bueno del universo era obra y gracia suya y los demás, pobres mortales que no habían sido tocados por su majestuosa luz.

Pero es que ahora, muchas veces, aunque no sea la intención de los compañeros, leemos los comunicados de CCF y aun suscribiendo casi por completo la parte “ideológica” e incluso pareciéndonos bien la acción realizada, y nos da la misma sensación. Entonces parece que hay unos protagonistas de la lucha que se baten contra el enemigo (con las armas o como sea) y una serie de espectadores que simplemente miran. Y no se tiene el mismo caché si se realiza una acción anónima (sea la que sea) que si lleva la firma de algunas organizaciones, dándose el caso muchas veces de que cosas que no son nada novedosas ya han sido sostenidas por compañeros tiempo atrás sin mucha repercusión y sin embargo luego vienen otros compañeros que se han ganado a pulso su prestigio por su valor y entrega, las retoman y entonces sucede lo contrario, que si no se sostienen ahora esas cosas se es poco menos que un pobre infeliz. Y eso es lo que no puede ser porque entonces si que se crean vanguardias, aunque no sea esa la intención, hacia dentro del movimiento anarquista, se crean estatus y jerarquías y eso es responsabilidad de todos, no sólo de quien firma con unas siglas de manera permanente.

5.- Algunos grupos, células y nucleamientos de acción tanto en México como en Grecia se encuadran dentro de la lógica de la “guerrilla urbana”, que si bien, sabemos que el primer manual de guerrilla urbana fue creado por un anarquista exiliado en Uruguay, en la actualidad y bajo la perspectiva informal nos encontramos contrarios a muchas cuestiones. Esta mas que claro que para los anarquistas al momento de atacar al Estado debemos de mantenernos al margen de utilizar el lenguaje introducido mas que nada por las Guerrillas de los 70’s que operaban bajo la lógica marxista-leninista. Pero también debemos de mantener muy al margen de caer en autoritarismo como cargos y jerarquías militares o especialización.

Lo que es verdad es que en muchas ocasiones los grupos solo toman de la guerrilla urbana algunas cuestiones estratégicas, pero teniendo muy en claro que es solo eso, una estrategia mas no un fin en s mismo. El fin en si es la acción concretizada pero los medios utilizados son solo medios, evitando caer en “el culto al fusil”. Esto para nosotros como ácratas es una cuestión de ideas y estrategia.

¿Ustedes que lectura tienen sobre la guerrilla urbana tradicional y que se emplee como forma de combate al Estado/Capital? ¿Creen que sea necesario mantenernos en esa línea o que solo se debe de tomar lo estrictamente necesario en cuento a operatividad o que es necesario desecharla completamente, que nos pueden decir al respecto?

Los anarquistas hemos de enfrentarnos al poder, por la palabra y por la obra. Por la obra puede (y a veces debe o debería, por desgracia) incluir el uso de armas. Nos referimos a armas de fuego. Para eso un anarquista debería estar preparado. Lo mismo que debería estar preparado para hacer un cartel (poster o afiche), hablar en público, hacer barricadas, etc… De ahí a tener una guerrilla urbana permanente va un trecho. Una cosa es tener armas y otra cosa es ser un grupo armado. No es lo mismo.

Entendemos que una cosa puede llevar a la otra porque hay viajes que no tienen retorno y si la gente se mete en ciertos vericuetos no hay vuelta atrás y se acaban tomando decisiones llevadas no por el deseo de los protagonistas sino por “razones de estado” (o sea, porque no hay más remedio). Pero entre eso, para lo que hay que estar preparado con anticipación, e idear a priori un grupo que se dedique casi en exclusiva a tareas armadas hay una gran diferencia. Nosotros no criticamos la acción armada o usar armas para ciertos fines, sino cómo se pueda llegar a realizar eso.

6.- Pasando a otras cuestiones. Hemos visto en los medios afines –y televisivos massmedia- que en los últimos meses ha habido algunas movilizaciones y disturbios en Barcelona, mas que ‐pensamos- tienen que ver con el ámbito social”. Concretamente, hubo alguna intervención anarquista en esta movilizaciones, y si hubo, cual fue, de que modo la escena anarquista o los núcleos insurreccionales anarquistas en Barcelona realizaron dicha intervención?

En primer lugar hay que decir que en barcelona a penas si quedan “núcleos insurreccionales”. Eso es una cosa más bien del pasado. Si que es cierto que hay una cierta cantidad de anarquistas nuevos, que llevan poquito en la lucha, muchos de los cuales se asemejan bastante a un núcleo insurreccional, pero incluso muchos de ellos son bastante “sociales”. La esfera de lo “anti‐social” (que es bastante matizable y que nunca ha llegado a la misma rotundidad de planteamientos como en México o en Chile, por ejemplo) es enormemente reducida. La mayoría de anarquistas en la ciudad a día de hoy optan por implicarse en luchas más “sociales” y por diluirse muchas veces en espacios como asambleas barriales, coordinadoras ideológicamente más heterogéneas (dentro de una cierta dirección libertaria, por ejemplo nadie se va a organizar, por regla general, con un marxista-leninista). Esto sucede en especial desde la aparición en escena del 15-M. Pero también muchos participan en esas luchas por diversos motivos, como pueden ser la construcción de vínculos con gente radicalizada tradicionalmente alejada del anarquismo (y no necesariamente autoritaria), radicalizar los conflictos existentes o simplemente aprovechar una coyuntura de tensión latente para romper la paz social, momento idóneo para realizar mediante las obras la propaganda más eficaz a nuestro entender (esta última es nuestra postura particular, compartida con muchos otros compas).

El asunto es que, tradicionalmente y sin que nadie le encuentre una explicación plausible, cada movilización política (sobre todo en lo que tiene que ver con lo laboral o con la vivienda) de cierta envergadura acaba en barcelona o en disturbios o en una auténtica batalla campal involucrando a miles de personas (muchas no anarquistas y ni siquiera necesariamentepolitizadas). Y cada batalla campal es más destructiva, terrible y caótica que la anterior y hay más gente que aplaude eso y le parece bien. Todo esto, por supuesto, dentro del contexto catalan-español, esto no es ni Grecia, ni Oaxaca ni mucho menos Libia.

Lo recalcable es que aquí, y no sabemos en otros sitios, los anarquistas “sociales” están no sólo en primera linea de esas luchas, sino preparándolas incluso, y a ningún compañero se le va a pasar por la cabeza (salvo algunos no-compañeros que militan en organizaciones reformistas como la pseudo-anarcosindicalista CGT) decirle a otro que no hay que realizar acciones, provocar disturbios, etc. La diferencia fundamental es que los anarquistas “sociales” tratan de intervenir en las luchas populares desde dentro de las mismas (a veces en muchos casos con un cierto halo asistencialista y evangelizador, por parte de bastantes de estos compañeros/as, por expresarlo de alguna manera y dicho desde el respeto y no desde el ataque) y los “antisociales” (el entrecomillado viene porque no nos sentimos identificados al cien por cien con esas etiquetas) prefieren intervenir desde afuera, dando un ejemplo de lucha desde el “exterior” (a veces tampoco exento de cierto halo evangelizador, todo hay que decirlo).

7.- ¿Existen en Barcelona otras publicaciones afines a la tendencia insurreccional anarquista?

Existe una relativamente nueva (desde este verano) llamada Aversión que va más en una onda eco-anarquista insurreccional con bastante espacio para lo anti-represivo.. Además de esta, en la ciudad y que conozcamos ninguna más.

8.- Por medio de publicaciones, videos, charlas con compañerxs y demás medios informativos, hemos sabido que en Barcelona ha habido siempre algún tipo de acción e intervención anarquista –anónima o publica-, algunas de estas acciones han sido reivindicadas en el pasado como por ejemplo un ataque contra el consulado de Dinamarca en solidaridad con la ex casa ocupada Hungsoms Huset (2007), ataques contra bancos BBVA-Bancomer solidarios con las revueltas en Oaxaca (2006), pero también otras que no se reivindicaron como tal pero que aparecieron publicas de algún modo, por ejemplo acciones incendiarias contra el desalojo de centros sociales, ataques a cajeros automáticos y bancos, ataques contra inmobiliarias, oficinas que buscan trabajo, celladuras de candados de empresas cómplices con la experimentación animal que también fueron reivindicadas, y muy común quema de contenedores de basura para formar barricadas ocasionales, acciones solidarias con presxs. Además de esto la intervención de núcleos de acción en algunas protestas que ocasionalmente terminan en disturbios, como la protesta contra el desalojo del Forat de la Vergonya en donde se formo una barricada desde la cual se ataco a los Gossos con un cohetón y también se ataco el Macba con bombillas de pintura entre otras acciones. Así mismo sabemos que ha habido razias represivas como la perpetrada contra los 6 compañeros detenidos en 2005 y llevados a la audiencia nacional, o las detenciones de los compañeros Rubén e Ignaci “acusados” de haber atacado un banco y una empresa de la generalitat que se dedica a explotar presxs en las cárceles, o los 4‐F.

¿Entonces podrían extendernos el panorama sobre la acción y la intervención anarquista en Barcelona, así como los golpes represivos que han sufrido y como los han enfrentado, el nivel de represión que existe contra el anarquismo y si existen grupos especial izados en el control, detención y desarticulación de la escena anarquista?1

Bueno, esto es muy largo de responder tendemos a enrollarnos bastante, pero intentaremos se breves. En la primera década de los 2000 había varios grupos que podríamos calificar de insurreccionales que hasta bien entrada la década (2006 más o menos) realizaban bastantes acciones del estilo al que habéis nombrado.

Después debido a la represión y a un cambio de dirección en el accionar antagónico en la ciudad tendente a una mayor contemporización con el poder, crí@ca de estas acciones y a un cierto reformismo que se revolcaba en lo social con bastante mal gusto, salvo excepciones esto fue cambiando, hasta que hace un par de años se empezaron a retomar de nuevo acciones de este tipo de manera más extendida. Ahora, al menos que sepamos, se realizan de nuevo menos, pero esto viene dado porque aumentan las movilizaciones sociales y populares y últimamente es común que éstas acaben en disturbios.

Ocurre que aquí este tipo de acciones no son exclusivas del anarquismo. Sectores de okupas, autónomos, marxistas heterodoxos e incluso, hace tiempo (actualmenteves muy residual), independentistasvhan sido tradicionalmentevmuy proclivesv a realizar intervencionesvde este tipo.Si bien es cierto que, como ya hemos dicho ha habido épocas de bastante pacificación y moderación que, al menos aparentemente, parece que tocan a su fin por la situación social que vive el país.

En cuanto a la represión aquí hubo una época (entre 1996 y 2004 en especial) en la que se sufrió un fuerte endurecimiento en la política hacia estos grupo y acciones. Era en barcelona la denominada “era Valdecasas” (Valdecasas era el nombre de la delegada del gobierno central en Cataluña), en la que todo dios se iba para la audiencia nacional (con su dósis de torturas) por cualquier cosa. Esto era común en toda españa pero más crudo en el pais vasco (obviamente) y aquí. De hecho en lugares como valencia se llegó a enviar a gente a la audiencia nacional por haber sellado cerraduras de bancos. Todo esto frenó bastante la lucha, básicamente porque casi todo el mundo estaba o en la cárcel o pendiente de juicio o teniendo que presentarse cada 15 días en los juzgados a firmar su libertad bajo palabra. Después una mayor bonanza económica que aburguesó aun más a la sociedad y un cambio de gobierno a otro izquierdista relativamente más permisivo, hizo el resto.

Ahora no hay casos tan graves como en aquella época pero la represión si que toca a la gente (sobretodo anarquistas y autónomos, no son tontos los muchachos del gobierno) que anda involucrada en la lucha social, con varios imputados en la audiencia nacional (pero esta vez sin torturas ni acusaciones de terrorismo porque no se sostenían y por ser todo demasiado mediático) en un caso recientemente archivado (el del bloqueo al parlamento del cataluña este verano efectuado por más de 5000 personas y que acabó meses más tarde con 20 compañeros/as detenidos/as por policía encapuchada a las puertas de sus casas) y con un compañero anarquista (además de otros 2 pseudo-comunistas y un independentista) en la cárcel por los hechos de la última huelga el 29 de marzo. Actualmente las detenciones no son del estilo de hace 10 años, vinculadas al “terrorismo” sino que son de “vándalos que subvierten una turbulenta masa social”.

En cuanto a la última pregunta, sí, desde hace 12 años la Policía Nacional (que será algo así como la federal en México) tiene una sección específica para investigar y combatir al anarquismo. La represión por regla general se ha enfrentado mal, con bastantes divisiones y muchas acciones muchas veces no muy prolijas que han conllevado más represión por ese u otros motivos. Pero se está aprendiendo poco a poco de ello, esperamos.

9.-Suponemos, que tienen conocimiento sobre el espectro anarquista insurreccional ‐o anarquista de accion- en México, las acciones, expropiaciones, algunos grupos que se adjudican sus atentados contra el poder, algunos otros que prefieren el anonimato o la no reivindicación, etc. ¿Cual es la visión que toda esta gama de acciones ha generado entre lxs afines en esa parte del Mediterráneo? Como es la apreciación o critica desde uno de los países del mediterráneo dotado de una fuerte historia anarquista en todos sus ámbitos, incluido en este y por mucho el de acción?

Dado que la órbita ideológica dentro del anarquismo se está moviendo por otros derroteros y que en la ciudad hay, generalmente, un eurocentrismo que raya en lo irrespetuoso, nuestra percepción es que toda esa gama de acciones y de lucha se está viviendo aquí con bastante indiferencia (eso cuando se conoce lo que pasa por allí). De hecho, lamentablemente, entre las pocas manifestaciones al respect abundan más las descalificaciones del tipo “esta gente está loca”, o la comprensión pseudo-paternalista del tipo “es que méxico es un país muy violento” que la ilusión o el interés por estas cuestiones. Es una cagada, pero es así.

Si tenemos en cuenta que además todo esto se ha visto aderezado por una serie de discusiones y polémicas que aquí han parecido infantiles (parecía visto desde fuera una competición en ver quién era más anticivilización y eco‐anarquista) e incluso prepotentes tildando a todo aquel que no actuara o pensara igual de reformista o izquierdista incluso siendo anarquista y realizando acciones armadas) entre grupos que realizan acciones, todo esto contribuía aun más a no despertar mucho interés. También el cruce de polémicas via internet con algunos grupos europeos o de acusaciones de ciertas páginas autoritarias a algunos anarquistas ha hecho que el panorama anarquista en méxico no sea tomado como relevante pese a la gran cantidad de ataques que se están sucediendo y el coraje de los compañeros/as que los llevan adelante.

Lamentablemente podemos decir con tristeza que, a veces con cierta razón (por las polémicas comentadas) y otras sin motivo alguno, no se está tomando muy en serio por estos lugares (al menos que nosotros sepamos) al anarquismo insurreccional en méxico. Pero bueno, parece que no se toma muy en serio a ningún lugar que no sea grecia, así que no se lo tomen a lo personal.

10.- Algo que deseen agregar, con toda libertad de hacerlo.

Como ya nos hemos extendido bastante a lo largo de la entrevista sólo nos queda felicitaros por la iniciativa, por la publicación que editáis (aunque aquí pasa desapercibida a nosotros nos gusta y nos sirve de inspiración) y dar todo el ánimo y apoyo del mundo a los compas en méxico que, cada cual en su lugar, están manteniendo viva la llama de la insurrección y muchas veces jugándose la vida y la libertad en ello.

Creemos que el anarquismo en méxico ha dado un salto cualitativo y cuantitativo bastante importante y es algo que, discrepancias a parte, merece todo nuestro respeto. Más allá de algunas muestras de solidaridad en lo económico que han salido de barcelona hacia allá en materia de apoyo a presos, nos gustaría poder hacer algo más en apoyo de esa lucha que estáis manteniendo y que nos parece importante mantener. Esperamos poder en un futuro no muy lejano estar a la altura.

Un fuerte y cálido abrazo anárquico desde el mediterráneo.

No podrán pararnos.

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Anonimato

Entonces me acerqué y le dije al Cíclope sosteniendo entre mis manos una copa de negro vino:
«¡Aquí, Cíclope! Bebe vino después que has comido carne humana, para que veas qué bebida escondía nuestra nave. Te lo he traído como libación, por si te compadezcas de mí y me enviabas a casa, pues estás enfurecido de forma ya intolerable. ¡Cruel!, ¿cómo va a llegarse a ti en adelante ninguno de los numerosos hombres? Pues no has obrado como lo corresponde.”
«Así hablé, y él la tomó, bebió y gozó terriblemente bebiendo la dulce bebida. Y me pidió por segunda vez:
«Dame más de buen grado y dime ahora ya tu nombre para que te ofrezca el don de hospitalidad con el que te vas a alegrar. Pues también la donadora de vida, la Tierra, produce para los Cíclopes vino de grandes uvas y la lluvia de Zeus se las hace crecer. Pero esto es una catarata de ambrosia y néctar.”
«Así habló, y yo le ofrecí de nuevo rojo vino. Tres veces se lo llevé y tres veces bebió sin medida. Después, cuando el rojo vino había invadido la mente del Cíclope, me dirigí a él con dulces palabras:
«Cíclope, ¿me preguntas mi célebre nombre? Te to voy a decir, mas dame tú el don de hospitalidad como me has prometido. Nadie es mi nombre, y Nadie me llaman mi madre y mi padre y todos mis compañeros.”
«Así hablé, y él me contestó con corazón cruel:
«A Nadie me lo comeré el último entre sus compañeros, y a los otros antes. Este será tu don de hospitalidad.”
«Dijo, y reclinándose cayó boca arriba. Estaba tumbado con su robusto cuello inclinado a un lado, y de su garganta saltaba vino y trozos de carne humana; eructaba cargado de vino.
«Entonces arrimé la estaca bajo el abundante rescoldo para que se calentara y comencé a animar con mi palabra a todos los compañeros, no fuera que alguien se me escapara por miedo. Y cuando en breve la estaca estaba a punto de arder en el fuego, verde como estaba, y .resplandecía terriblemente, me acerqué y la saqué del fuego, y mis compañeros me rodearon, pues sin duda un demón les infundiá gran valor. Tomaron la aguda estaca de olivo y se la clavaron arriba en el ojo, y yo hacía fuerza desde arriba y le daba vueltas. Como cuando un hombre taladra con un trépano la madera destinada a un navío otros abajo la atan a ambos lados con una correa y la madera gira continua, incesantemente, así hacíamos dar vueltas, bien asida, a la estaca de punta de fuego en el ojo del Cíclope, y la sangre corría por la estaca caliente. Al arder la pupila, el soplo del fuego le quemó todos los párpados, y las cejas y las raíces crepitaban por el fuego. Como cuando un herrero sumerge una gran hacha o una garlopa en agua fría para templarla y ésta estride grandemente -pues éste es el poder del hierro-, así estridía su ojo en torno a la estaca de olivo. Y lanzó un gemido grande, horroroso, y la piedra retumbó en torno, y nosotros nos echamos a huir aterrorizados.
«Entonces se extrajo del ojo la estaca empapada en sangre y, enloquecido, la arrojó de sí con las manos. Y al punto se puso a llamar a grandes voces a los Cíclopes que habitaban en derredor suyo, en cuevas por las ventiscosas cumbres. Al oír éstos sus gritos, venían cada uno de un sitio y se colocaron alrededor de su cueva y le preguntaron qué le afligía:
«¿Qué cosa tan grande sufres, Polifemo, para gritar de esa manera en la noche inmortal y hacernos abandonar el sueño? ¿Es que alguno de los mortales se lleva tus rebaños contra tu voluntad o te está matando alguien con engaño o con sus fuerzas?”
«Y les contestó desde la cueva el poderoso Polifemo:
«Amigos, Nadie me mata con engaño y no con sus propias fuerzas.”
«Y ellos le contestaron y le dijeron aladas palabras:
«Pues si nadie te ataca y estás solo… es imposible escapar de la enfermedad del gran Zeus, pero al menos suplica a tu padre Poseidón, al soberano.”
«Así dijeron, y se marcharon. Y mi corazón rompió a reír: ¡cómo los había engañado mi nombre y mi inteligencia irreprochable!

-Homero. La Odisea.

Desde la antigüedad no ha faltado quien haya intuido y cantado la potencialidad del uso del anonimato. Sólo si se es nadie se puede evitar ser reconocido por sus enemigos. Se trata de una sabiduría griega que por lo que parece crea defecto en lxs anarquistas de la Conspiración de las Células del Fuego, algunxs de lxs cuales –en un documento escrito en la cárcel, firmado por otro compañero detenido y enviado a un encuentro internacional anarquista que tuvo lugar en Zúrich en noviembre de 2012– dedican un amplio espacio a las razones del uso del nombre, de la sigla, de una identidad bien precisa con las que reivindicar acciones de lucha.

Su texto es particular porque, a pesar de que formen parte del grupo armado anarquista específico quizás más conocido en este momento, en un cierto sentido acoge y hace propia gran parte de la crítica más difundida a la lucha armada, rechazando toda separación, toda división de roles. No hay compañerxs que están en primera línea manejando armas y compañerxs que están en la retaguardia manejando papeles, porque todo medio es un arma, se puede empuñar una pancarta como una antorcha, una piedra como la dinamita. El acero es la materia prima tanto de las pistolas como de los bolígrafos. No hay ninguna jerarquía de medios, no hay ningún fetichismo técnico. Todxs lxs compañerxs tienen que ser capaces de poder usarlo todo. Fin de la especialización. Perfecto. Pero falta por superar la cuestión de la identidad. De moverse en la oscuridad, y no bajo las luces de neón, estxs compañerxs griegxs no quieren ni oír hablar.

Porque han argumentado sus propias decisiones, cosa que durante años muchxs otrxs anarquistas que comparten recorrido no han hecho por no considerarlo oportuno, haciendo de este modo imposible cualquier debate sobre la cuestión, y habiendo enviado su texto a un encuentro anarquista, es evidente su intención de abrir finalmente una discusión sobre estos temas. Encantados con esta decisión suya, vamos a intentar aquí aportar nuestra contribución al debate.

Comenzamos por la cuestión de los medios. Después de haber precisado no querer absolutamente poner límites a la iniciativa anarquista y de querer generalizar todo conocimiento técnico, estxs compañerxs escriben: “creemos que lo que se necesita es que la voluntad por la revuelta anarquista sea apropriable y los medios no sean más que objetos que solo esperan que nuestras manos y deseos los descubran. Así, evitamos las distinciones entre la violencia de baja o alta tensión y destruimos la reproducción del mito de la especialización. Un ejemplo característico de la polimorfa acción anarquista es el experimento de la FAI/FRI, que asume la responsabilidad tanto de la colocación de pancartas solidarias y el sabotaje de cerraduras de tiendas comerciales en Perú y Bolivia, como del disparo contra un alto ejecutivo de la energía nuclear en Italia y el ajustamiento de tres munipas en México. Es así, pues, como comenzamos nosotrxs también, como Conspiración de Células del Fuego, sin caer nunca en la trampa de la arrogancia de los medios y su jerarquía informal.”. Palabras claras, inequívocas, pero… acompañadas por un ejemplo digamos un tanto absurdo. Porque es una verdadera locura que una única “sigla” reivindique acciones tan distantes –en cuanto a consecuencias– como la colgar pancartas y el homicidio de policías. El primero es un acto común, al alcance de cualquiera, a diferencia del segundo. Normalmente, lxs autorxs del primer gesto pueden ser encontradxs más fácilmente, no necesitándose para esto grandes persecuciones. Pero en el ejemplo expuesto ellxs se estarían arriesgando a pagar las consecuencias también del segundo gesto, en particular allí donde ambas acciones se pudieran verificar en el mismo territorio. ¿O es que en Perú y en Bolivia lxs anarquistas de la FAI/FRI se tendrán que limitar siempre a las pancartas y el pegamento? ¿O es que para realizar semejantes actos simples deberán tener las mismas atenciones necesarias que para otras muchas formas de acciones?

Estxs compañerxs griegxs se olvidan completamente de considerar algunos mecanismos represivos, como por ejemplo, el uso del delito de asociación, que paradójicamente e involuntariamente se ven favorecidos por su ímpetu identitario. Para aclarar lo que queremos decir, pongamos dos ejemplos históricos concretos. En España, en las últimas décadas del s. XIX, hubo mucha agitación social. En la baja Andalucía en particular, se multiplicaron los incendios de viñedos y cosechas, así como la tala ilegal de leña, el robo de ganado, incluso los homicidios. A diferencia del anarquismo catalán, entonces más cercano a posturas legalistas, lxs anarquistas andaluces/andaluzas mantuvieron cierta propensión hacia la acción directa. En este escenario hizo su aparición en 1883 la “Mano Negra”, fantasmagórica organización anarquista a la que las autoridades atribuyeron un complot que pretendía matar a todxs lxs propietarixs terratenientes de la región. Aunque sí es cierto que ésta suscitó simpatías en muchxs anarquistas andaluces/andaluzas, es también cierto que la misma existencia de esta organización queda todavía en duda. Por ejemplo, lxs autorxs de “El incendio milenarista”, los Cangaceiros franceses Delhoysie y Lapierre, escriben: “También es probable que nunca haya existido un grupo o una secta secreta con el nombre de Mano Negra; este nombre sirvió para indicar un conjunto de acciones y de sectas sin nombre. En total, el conjunto de procesos llevados a cabo contra anarquistas andaluces/andaluzas en el ámbito de la Mano Negra concluyó con 300 condenas de cárcel”. Más allá de la duda de si esta “firma” fuera una pura invención policial o una decisión efectiva por parte de algunxs compañerxs andaluces/andaluzas es, de todas formas cierto, que por un lado englobó todas las acciones sin nombre llevadas a cabo en ese período y, por otro, sirvió a la magistratura para distribuir penas altísimas a quien hubiera participado en las distintas luchas sociales de aquel tiempo (además de para justificar muchas ejecuciones sumarias contra subversivxs). Lxs autorxs de innumerables acciones pequeñas se vieron así perseguidxs y condenadxs por haber sido acusadxs de participar en una banda armada de la que nunca habían formado parte (y que, igual, ni siquiera existía).

Alguna década después, en Francia, se produjo un hecho análogo. Las acciones realizadas por algunxs compañerxs individualistas fueron atribuidas a una “banda Bonnot” que nació solo en la fantasía de un periodista. En realidad no hubo ninguna banda estructurada, solo un ambiente de compañerxs activo y efervescente. Individualidades singulares se encontraban, se asociaban para una acción, se dejaban, sin ninguna homogeneidad. Pero el espectro de un “grupo organizado” lo agitaba la magistratura y se usó para incriminar a decenas de compañerxs por delitos de asociación que preveían penas mayores, las cuales hubieran sido imposible imponer sin la creación de ese fantasma organizativo colectivo.

Movimiento social o “área” de movimiento específico, en ambos casos las pequeñas acciones realizadas por compañerxs singulares, expresión de la selva oscura que es la anarquía, fueron fagocitadas por una Organización, por un Grupo, ya fuera real o ficticio. El Estado tiene todo el interés de que suceda esto. Por un lado, se puede difundir la idea de que sólo son unxs pocxs obcecadxs los que lo combaten, que cualquier intento insurreccional es sólo el complot de poquísimxs subversivxs contra la voluntad de muchísimxs ciudadanxs conscientes, privando así a la subversión de su carácter social y generalizable. Por otro lado, puede usar contra sus enemigos la mano dura, aumentando las condenas gracias al uso del delito asociativo.

Lxs compañerxs griegos no sólo no tienen mínimamente en cuenta estos aspectos, aunque sólo sea por meros motivos de seguridad, sino que los agravan. De hecho sostienen que en efecto no hay ninguna diferencia entre quien cuelga pancartas y quien mata a policías. Pueden y deben estar en el mismo plano, pertenecer a la misma organización que reivindica sus acciones, que las tiene que reivindicar si no quiere abandonar la insensatez. Música para los oídos de la magistratura. Si la sigla-paraguas puede funcionar con el FLA es porque las acciones llevadas a cabo a lo largo y ancho del mundo por sus activistas se parecen, tratándose sobre todo de liberaciones de animales. Pero los ejemplos hechos por lxs compañerxs griegxs son de naturaleza bien distinta. ¿Quién estaría tan locx como para dejarse identificar por una pancarta sabiendo que podría ser acusadx de homicidio? ¿Se debe entonces preparar la colocación de un trozo de tela con la misma cautela con la que se prepararía la eliminación de un enemigo? A la larga, la jerarquía de los medios sacada por la puerta de las buenas intenciones, de los principios, volverá a entrar por la ventana de las duras necesidades prácticas.

Desgraciadamente, para estxs compañerxs griegxs, sólo hay una manera de evitar todos estos problemas: el anonimato. Cuanto ha sido dicho hasta ahora se ha sugerido como precaución, como elección “estratégica”. Pero esto sólo es un aspecto suplementario de la cuestión, en nuestra opinión el menos importante. De hecho, el anonimato es también y sobre todo el método que más corresponde a nuestros deseos. No sólo lo consideramos útil y funcional, sobretodo, lo consideramos justo.

El anonimato elimina el derecho de posesión del autor sobre lo que ha hecho, despersonaliza la acción liberándola de la particularidad humana que la ha realizado. De esta manera permite que la acción se convierta potencialmente en un acto plural (y paciencia si excita la mezquindad de lxs cripto-ufanatorios). La acción anónima no tiene propietarixs, no tiene patrones, pertenece a nadie. Esto significa que pertenece a todxs aquellxs que la comparten.

Por la noche, todos los gatos son pardos. Nadie está delante guiando, nadie está detrás siguiendo. Lo que hacemos en la oscuridad, sólo lo sabemos nosotrxs. Y basta. La oscuridad nos protege de nuestrxs enemigxs, pero nos protege también y, sobre todo, de nosotrxs mismxs. Nada de líderes, nada de gregarismos, nada de vanidades, nada de admiración pasiva, nada de competición, nada de demostrarle nada a nadie. Más bien, desnudxs y crudxs, sin mediaciones. Ha ardido un banco, ha explotado un cuartel, se ha abatido un poste de alta tensión. ¿Quién ha sido? No importa, no tiene ninguna importancia. Que lo haya hecho Pepe o Pepa, ¿qué diferencia hay? Ha pasado, se puede hacer, ¡hagámoslo! En la oscuridad la acción habla por sí misma. Si no es comprensible, seguro que no serán llamativos comunicados engullidos por la máquina propagandística del Estado los que la den un sentido. Como ya se ha hecho notar, una acción seguida por un comunicado es como un chiste seguido por una explicación. Haciéndolo así no se mejora para nada el efecto, sino que se banaliza, se estropea. Si una acción no habla por sí misma, no va a ser acumulándole palabras por encima como se vaya a resolver el problema que, con toda evidencia, se encuentra al principio, en la equivocada elección del objetivo.

Las acciones de ataque no necesitan de ninguna justificación a posteriori. En un planeta destruido por las guerras, ¿se necesita hacer saber por qué se ataca una base militar? En un mundo presa de la especulación, ¿se necesita hacer saber por qué se ataca un banco? En una sociedad corrompida por la política, ¿se necesita hacer saber por qué se ataca a los partidos? No. Las razones están a la vista de todxs y, allí donde no lo estén, le toca a todo el movimiento hacerse cargo de difundir aquella crítica social capaz de hacerlas comprensibles y, entonces, compartibles y, de esta manera, reproducibles.

Es tan humano, espontáneo, natural e inmediato el deseo de atacar al enemigo, como artificial y calculado el impulso de hacer propaganda de ello, de asumir su paternidad, de atribuirse el mérito. ¿A los ojos de quién? Si lxs autorxs de una acción dan un paso adelante es porque quieren ser reconocidxs, porque se quieren distinguir, o porque quieren ser admiradxs y seguidxs. Aquí comienza el espectáculo, aquí se abre el bando para enrolarse. Quién se pone a la luz acaba inevitablemente hablando por los demás. Y, entonces, solo puede pasar que a él/ella lx apunten todos los focos, a él/ella le han puesto el micrófono en la mano. Lxs demás, si no quieren sentirse usadxs, estarán obligadxs, a su vez, a dar un paso adelante; algunxs para seguir los pasos de lxs primerxs, otrxs para distanciarse. El final del anonimato señala el fin de la igualdad, el inicio de la representación. Los media siempre están dispuestos a amplificar las palabras de quien llame a sus puertas, de quienes acepten las lógicas del espectáculo. Y esta amplificación es gratificante, da la ilusión de la fuerza. Un acto anónimo, por mucho que sea significativo, será con toda probabilidad silenciado, mientras que un hecho incluso banal pero “firmado” será abanderado a los cuatro vientos – ¡mira!, ¡hablan de nosotrxs! ¿Has visto lo fuertes que somos?

Mientras, en la oscuridad no hay nombres, no hay identidades, hay un movimiento heterogéneo, magmático, fragmentario, convulso. Nadie manda, nadie obedece. Los actos, como las palabras, valen por su sentido, por su contenido, por sus consecuencias. No por la reputación de sus autorxs. En vez de invocar el final del anonimato en las acciones, habría que introducirlo también en las palabras. Dar vida a un movimiento anarquista, autónomo, anónimo, decidido a atacar sin darle ninguna explicación al enemigo. Capaz de llevar adelante la teoría y la práctica sin construir pedestales para lxs ambiciosxs. Las razones de las acciones se expresan en los libros, en los periódicos, en los manifiestos, en los panfletos, en todas las teorías llevadas adelante por el movimiento en todo su conjunto. Las pasiones de las ideas vienen expresadas en las manifestaciones, en los sabotajes, en los incendios, en los ataques, en todas las prácticas llevadas adelante por todo el movimiento en su conjunto.

Lxs compañerxs griegxs escriben que “el nombre de cada grupo en el que participamos es nuestra psique”. ¡Qué afirmación más rara! ¿Pero qué hay más secreto, más íntimo, más indecible que la psique? ¿Quién querría ver su propia psique en primera página, su alma vomitada por el tubo catódico? El nombre es sólo una identidad. Sirve para hacerse conocer y para ser reconocido. Rechazar el nombre impuesto por la sociedad de la mercancía para escoger uno propio no se diferencia mucho. No hace más que lanzar otro logo. Frente al parloteo mediático, a este estruendo ensordecedor, como frente al enemigo, no hay dudas: el silencio es oro. ¿Los media atribuirán el significado que más les convenga a las acciones anónimas, distorsionándolas a su uso y consumo? Seguro que lo harán, es su oficio. Pero el uso de una sigla no cambia esta situación. Es más, de esta manera no se hace más que participar en esta obra de confusionismo. Quien piensa poder hablar fuerte y claro dentro de los media, es un/a ingenux. En realidad, son los media los que hablan a través de él/ella.

Y después, ¿¡qué decir de la idea de que los grupos informales puedan y deban discutir entre ellos a través de los comunicados de reivindicación!? Pero, ¿nos preguntamos a quién se quieren dirigir? ¿A las personas de la calle, a lxs explotadxs y por ello potenciales cómplices, que no entienden el significado de la acción? ¿O a lxs compañerxs de otros lugares para dialogar? En el primer caso, además de la ilusión de poder usar los media, no se entiende la presencia de todas esas referencias a lo que sucede en el movimiento: mensajes transversales, citas, alusiones, todas, cosas que hacen las reivindicaciones incomprensibles a los ojos de la gente común. Sus reacciones no pueden ser más que la indiferencia respecto a la lucha de estos extraños anarquistas que en el momento de la acción expresan un universo mental verdaderamente estremecedor, incapaz de ir más allá de sus narices. Lxs anarquistas contra el Estado, el Estado contra lxs anarquistas: ¿esto es toda la guerra social? En el segundo caso, no se entiende el motivo por el cual se recurre a un instrumento similar. ¿Por qué un diálogo, una discusión, un debate entre compañerxs se tendría que desarrollar a través de los mass media en vez de a través de los medios del movimiento? ¿Por qué, para afrontar ciertas cuestiones, no podrían bastar los periódicos, los fanzines, las revistas o, incluso, los blogs? ¿Y en qué cosa estas discusiones son más interesantes y válidas si no son todxs lxs compañerxs los que las llevan adelante, quizá incluso diariamente, sino lxs “militantes de organizaciones combatientes” por la realización de sus acciones? Mientras se desencadena este juego de pura auto-representación, la policía y los periodistas leen todas nuestras palabras, aprenden códigos lingüísticos, anotan similitudes, descifran referencias, hacen hipótesis sobre posibles relaciones, deducen responsabilidades… y se preparan.

Como hizo notar durante el encuentro en Zúrich una compañera, durante los años 70 en Italia las distintas organizaciones armadas reivindicaron cientos de acciones de ataque contra el Estado. Pero fuera de este espectáculo político, que tanto contribuyó a crear una mitología revolucionaria completamente demencial que todavía hoy continúa segando víctimas, hubo miles de acciones. Los media dieron un amplio espacio a las primeras, pero hicieron de todo para silenciar las segundas. ¿Todavía es necesario explicar el motivo?

Por esto, hemos leído con cuidado el documento de estxs compañerxs griegxs, y estamos encantadxs de que se hayan expresado claramente sobre este asutno. Pero entre la hipótesis de que la acción radical anarquista se agregue en Frentes Únicos y Federaciones Anarquistas (quizás mediante pactos asociativos que secundar), o que se disemine en pequeños grupos de afinidad, nosotrxs continuamos sin tener dudas. Y prefiriendo una revuelta anarquista, autónoma, anónima…

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Lo que se estanca, se pudre

Para quien ha decidido pasar de la palabra al accionar insurreccional y llevar éste a todos los ámbitos de la vida donde sea necesario le es prioritario el entrar en continuas reflexiones y así replantearse una, otra y otra vez sus pensamientos, herramientas y estrategias de lucha. Esto para no caer en pasivas dinámicas que resultan estériles y contra producentes a la hora del ataque.

De ahí nuestra necesidad de retomar temas importantes que al no considerarlos como algo fijo debemos siempre poner a debate y discusión.

De manera que a título personal y de manera humilde me doy a la tarea de replantear lo que entiendo por la informalidad y anarquismo insurreccionalista  -de manera breve- con la intención de que quienes se puedan sentir identificados puedan contribuir y desde su lugar, darle mayor profundidad y debate. Así mismo, hacer una pequeña critica para aquellas corrientes anárquicas que se han empeñado en tratarnos como “piromaníacos sin ideas”.

Alrededor del mundo se siguen generando conflictos y tensiones por parte de compañerxs anarquistas en contra del complejo aparato de dominación, lo cual no deja de llenarnos de inspiración a quienes coincidimos con sus luchas, buscando así extender y generalizar el conflicto a manera de ataque decidido y destructivo. El esfuerzo de lxs compas que deciden poner en marcha sus proyectos basados en la coherencia de la teoría-práctica y práctica-teoría (entendiendo que se complementan la una con la otra) debe ser tomado en cuenta, no dejándolo en el olvido y poniéndolo a debate y discusión de manera crítica-constructiva, buscando así aprender de errores y aciertos para posteriormente pasar al campo de batalla: la guerra social.

Esto deja claro que el enfrentamiento contra todo poder y autoridad no es una idea de locos y chiflados, sino una real y palpable forma de buscar de manera incisiva nuestra total y definitiva libertad.

Hablamos de que la Anarquía no es para nosotrxs una ideología (una lucha que se basa en ideas fijas que nos dictan como actuar), sino una forma de concebir la vida y vivirla conforme a nuestras tesis, análisis y críticas surgidas en la reflexión de las luchas que reflejan nuestra realidad que siempre está en busca de nuevos métodos, estrategias y formas de ataque; por eso nos reclamamos anarquismos insurreccionalistas y organizados en una lógica informal.

Entendiendo el insurreccionalismo como una acción que nace desde la individualidad, como la ruptura que cada quien lleva consigo mismo, transformando el entorno que lo rodea, desde el núcleo familiar, social y político, que muchas veces nos mantiene en esta cárcel/ sociedad de la cual no es tan fácil salir. Así trascendemos al conflicto. Si algo da identidad a la lucha insurreccionalista es precisamente el llevarla más allá de la ilusión y la palabra, de tener la iniciativa en el conflicto de clases y romper con la pasiva actitud de la resistencia para pasar al ataque, sin limitarse a la espera de ser represaliados, para entonces tener justificación de atacar; sino haciéndolo ya, aquí y ahora. El conflicto permanente, lo llevamos en nuestro diario andar, en nuestras cabezas y corazones, siempre buscando generalizarlo a los barrios, colonias, pueblos y más allá; para llegar a organizarnos -mediante núcleos de base- junto a personas no anarquistas quienes libran fuertes batallas, por ejemplo, para frenar proyectos gubernamentales que pongan en peligro su bienestar y/o sus vidas. Es importante no situar la lucha insurreccionalista en una estructura mínima de “organización específica”, pues va más allá de la clandestinidad, como anteriormente lo expliqué.

Si bien, esta lucha no es nada nuevo, si se ha ido renovando, podríamos citar antiguas luchas de campesinos e indígenas que dignamente se sublevaron contra latifundistas y terratenientes, pero en otro contexto histórico, así pues, veo como marco de referencia luchas pasadas mas no como métodos a seguir.

Es necesario dejar de solo recordar pasados combates olvidando que es en el aquí y ahora que debemos llevarlos a cabo.

Entiendo la informalidad de la estructura organizativa del anarquismo insurreccionalistas como la relación más o menos estable de personas, grupos o movimientos que se mantienen en un constante acercamiento buscando profundizar el conocimiento adquirido en las luchas, sin estructuras burocráticas ni delegación de responsabilidades y rechazando posibles organigramas que den pie a relaciones de poder. Aquí entra -digamos- la parte de la que los “insus” tanto hablamos y defendemos que es el constante replanteamiento y reacomodamiento de las formas y métodos empleados al llevar al campo de batalla el ataque destructivo.

La informalidad es algo no estático y en constante reestructuración (nunca olvidemos que “lo que estanca se pudre”), de lo contrario no sería informal.

Son los grupos de afinidad quienes inspirados en ésta forma organizativa se reúnen por lo general en grupos pequeños, hermanados por un mutuo conocimiento personal. También son importantes para generar afinidad el estudio y la crítica de las problemáticas sociales, no sólo de luchas parciales, así como debates llevados hasta lo más profundo para entender desde las raíces aquello que se confronta; y sobre todo es el mismo sentido destructivo de todo lo existente lo que nos hace sentir afinidad. Llegando así a la complicidad. No es lo mismo la amistad que afinidad, aunque pueden ir de la mano o por separado, es decir, ser afinidad sin ser amistad y viceversa.  Así estos grupos se fortalecen y saben con quienes se cuenta a la hora de pasar a la práctica. Éstos pequeños grupos están destinados a desaparecer al cumplir el objetivo con el cual fueron creados y surgiendo otros nuevos, retomando lo dicho anteriormente “lo que se estanca, se pudre”. La unión de diversos grupos de afinidad es también parte de ésta informal forma organizativa.

Hasta aquí, ésta ligera aportación, intentando, como ya lo dije, que se profundice.

Ahora me ocupa el realizar una pequeña crítica para aquellos grupos, plataformas o federaciones y a algunxs compas “insus”, sobre un actuar que considero merece poner atención y que no comparto. Si bien el anarquismo es antagonista a toda forma de estructuras y relación de poder –lo que comúnmente conocemos como “sistema de denominación”-, existe también dentro del mismo movimiento diversas corrientes que desacreditan con tono viperino el accionar  de aquellos que van más allá de la simple palabra y deciden salir de la monótona pasividad que por sí sola lleva. Corrientes que se ensalzan “predicando” que las cosas deberían de ser de tal o cual manera como grandes teóricos de café, así, sin más. Desde hace tiempo he sentido cierta renuencia a aceptar dichas doctrinas anarquistas donde apasionadamente se habla de “buscar” emanciparse de toda imposición, formar relaciones de fraternidad y amor horizontal entre lxs iguales casi partiendo de un idealismo cristiano que rece la consigna de “erradicar la maldad del mundo”, pero… ¡¡sin hacer nada más que reunirse para hablar, hablar y seguir idealizando su perspectiva de una vida en libertad!!, pero olvidándose o  dejando de lado que dicha vida está en manos de un poderoso enemigo al cual es necesario atacar de manera permanente y destructiva.

Por si solas las rabiosas e ingeniosas ideas–teorías  no sirven de mucho. Considero la propaganda y contrainformación como algo importante, pero no cuando solo se utiliza para mover a las masas; y sobre todo si ese “mover” lleva implícito el esperar el “momento ideal” para lanzar la ofensiva, como quien espera a su mesías, y en esta espera habrá que dedicarse al proselitismo para engrosar sus filas y caer en posiciones cuantitativas.

Entonces, al no coincidir con aquellxs que deciden poner en práxis el ataque directo, sin espera de  mediación del Estado y Capital, deciden insolidariamente silenciar sus luchas  y consecuencias, haciendo como que “aquí no pasa nada” y siguiendo con sus pláticas y adoctrinamientos populosos -como quien jala ovejas para su rebaño-.

Pienso  que por medio de marchas, mítines, plantones y pláticas del anarquismo, congresos, grandes y pomposos recitales de la libertad -por si solos- no inmutarán ni mucho menos destruirán al enemigo que dicen combatir.

Termino este escrito, que si bien es cierto es sólo un montón de cosas que ya se han dicho, son también cosas que de cerca he vivido y reflexionado, quedando a la crítica y debate de quien lo crea conveniente.

Por último, no quiero dejar pasar la ocasión de enviar un caluroso y fraterno abrazo y toda mi solidaridad para lxs compas: Nikos Maziotis en prisión griega y Pola Roupa en fuga, Mónica Caballero y Francisco Solar en España, Felicity Ryder en fuga, Fredy, Juan y Marcelo en $hile, mucha fuerza compañera Tamara Sol; Mario “Tripa” en fuga, Gianluca Lacovaca y Adriano Antonacci en Italia; Gabriel Pombo da Silva, y en México Mario González, Abraham, Fernando, Fallon y Amelie.

A todxs ellxs y todxs lxs que no estoy enterado, mi amor, rabia y solidaridad.

Irreductibles y refractarixs por siempre, porque la lucha no es para conseguir privilegios ni un cómodo futuro, sino que es una condición-acto en busca de destruir toda forma de dominación; para así, resurgir de entre los escombros y, entonces ser libres.

Carlos López “Chivo”

Reclusorio Oriente, México D.F.

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De la politica a la vida, por Wolfi Landstreicher

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Hartazgo e Indignación: Límites de la protesta ciudadana

Es innegable que la protesta ciudadana sí ha sido televisada. Las acampadas y marchas de “la indignación” en el Estado español y el “estamos hasta la madre” del sufrido ciudadanismo que se ha venido manifestando por estas latitudes, han disfrutado de una suspicaz cobertura mediática. Todos los medios, sean impresos o electrónicos, comerciales o alternativos, han dado cuenta puntual de ambas movilizaciones. Pero, definitivamente, éste no es el único paralelismo que podemos establecer entre estas espectaculares protestas. Tras las aparentes diferencias –centradas en las particularidades de las reivindicaciones que dan cuerpo a cada protesta– subyace un discurso común que se esfuerza en liquidar todo intento de elaboración crítica del poder que plantee, de forma radical, la necesaria reformulación de estrategias contra el actual sistema de dominación que desemboquen en luchas reales conducentes a la ruptura definitiva con todo lo existente.
Tanto las romerías de indignados como las procesiones de dolientes –capitaneadas por el poeta Javier Sicilia–, han sabido extinguir de antemano cualquier conato de incendio insurreccional, anteponiendo un pacifismo crónico que revela sus verdaderos objetivos y explica porque la dominación tolera (y justifica) estas protestas edulcorantes. Ambas algaradas, muestran sus miserias apelando a un interlocutor común: el sistema de dominación. Por eso, circunscriben su actuación al marco de deberes y derechos políticos, pretendiendo ampliar su ejercicio de la mano de un Estado “protector” que interactúe y atienda sus súplicas ciudadanas.
Si oteamos los antecedentes de la indignación ciudadana en el Estado español, conocida hoy como 15M (15 de Mayo), podremos hallar los hilos que la animan. Así encontraremos, en primer lugar, a Democracia Real, Ya!, una agrupación de activistas virtuales que predica el abstencionismo contra el bipartidismo (PP/PESOE), impulsando una “nueva ley electoral proporcional” que beneficie “la participación democrática y el pluralismo a través de las candidaturas ciudadanas y la inclusión de partidos minoritarios” al circo electoral. En segundo término, nos toparemos con Juventud Sin Futuro, una red de jóvenes “indignados” pretendidamente anticapitalistas, demandantes de “trabajo” que, por alguna negra razón, Tony Negri intenta situar en el entorno de la “izquierda autónoma” y les vincula a Izquierda Unida –haciendo alarde de cierta información privilegiada a partir de los acercamientos “tácticos” entre ese partido electorero y el leninismo posmoderno que integra la nueva formación partidista autodenominada “Izquierda Anticapitalista”–. En tercera instancia, podemos ubicar a varias asociaciones solicitantes de “vivienda digna”, como la sugestiva “V de Vivienda” y, la plataforma barcelonesa de “hipotecados”. Por último, dándole cuerpo masivo a la protesta, se halla un conglomerado de ciudadanos “progres” nucleados en torno a la “indignación” ante la nueva crisis capitalista (contra el paro, la precariedad y los bajos sueldos) y la gestión del Estado a merced de la alternancia bipartidista de los últimos años. De más está destacar que este grupo multisectorial es el botín en disputa de los izquierdistas que tratan –contra viento y marea– de acarrearlos hacia las sectas en vías de extinción, los nuevos partidillos “ciudadanos” y el sindicalismo minoritario.
Por su parte, en tierras mexicanas, la protesta del “hartazgo” y la Marcha Nacional “Estamos hasta la madre”, encuentran sus más remotos orígenes en el discurso neo-zapatista y su disposición al diálogo con el Estado en busca de “la paz con justicia y dignidad en la nación” y la elaboración de una “nueva constituyente”. Los motivos más recientes que reaniman la añeja prédica de “paz con justicia y dignidad” y dotan de ilusiones a los reformistas constitucionales, se centran en el hallazgo, el pasado 28 de marzo, de los cadáveres de cinco jóvenes, un ex militar y una mujer, con evidentes rastros de tortura, a las afueras de la ciudad de Cuernavaca, en el estado de Morelos.
Juan Francisco Sicilia, de 24 años de edad, fue uno de los jóvenes ejecutados; hijo del poeta y periodista Javier Sicilia, principal convocante de las movilizaciones contra la violencia y a favor de la paz, efectuadas el día 6 de abril en, al menos, veinte ciudades de la geografía mexicana y otros puntos del planeta. Exigiendo que el gobierno replantee su estrategia de seguridad nacional, Silicia realizó un llamado, afirmando que “Estamos hasta la madre de ustedes […] porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido de la nación”(1), al que se sumaron “activistas”, grupos y organizaciones de la denominada “sociedad civil”–donde destaca, con mención de honor, la Otra Campaña neo-zapatista–, incluyendo, la parodia de colectivos “anarquistas”, para acentuar analogías con la “Spanish Revolution”.
Las acampadas de indignados en el Estado español y las marchas y caravanas del “estamos hasta la madre” criollo, son los anhelados cimientos de los nuevos puentes de diálogo con el poder. La ciudadanización de la protesta lleva implícito sus límites. La ponderada “ciudadanía” es la muchedumbre domesticada: la masa subordinada al Estado. Por eso la protesta ciudadana no busca enfrentar al sistema de dominación, mucho menos pretende destruirlo, sólo trata de colaborar en su actualización y reacomodo, de ahí, su obsesiva insistencia en la “participación” y en las reformas. Lo que quiere es maquillar al sistema de dominación. Ayudar a cambiarle el semblante, dotarlo de un rostro más “humano”. La “Democracia Ya” es la transformación cosmética de la “democracia realmente existente”. El “estamos hasta la madre” es la mutación estética del espectáculo que prolonga el simulacro. La “sociedad civil” es el gran artífice de esta farsa. Se impone la sumisión democrática. Ya no tendrá que ser destruido el Estado-capital sino será socorrido con la participación de todos, siempre y cuando, éste prometa el retorno al añorado Estado benefactor. Todo se reduce a incrementar el desarrollo económico, es decir, conferirnos más capitalismo y a concretar nuevas leyes: controles electorales que propicien “proporcionalidad y pluralismo”, medidas anti-inflacionarias que impidan la carestía, regulaciones salariales que aseguren mejores sueldos, programas de vivienda que doten de casa a los sintecho, fondos de salvación que liberen a los hipotecados, un sistema de salud pública que garantice la gratuidad de sus servicios, estrategias, ordenanzas y códigos penales que pongan fin a la “inseguridad”, terminen con la “delincuencia” y mantengan en sus cuarteles a los soldados hasta nuevo aviso…, en resumen, dotar de mayores poderes al Estado. Pero, por lo visto, no hay de qué preocuparse: ya vamos ganando. De abreviar el camino hacia más capitalismo y al Estado todo poderoso, se encargará el izquierdismo – para ello, cuenta con la bendición del negrismo y el apoyo incondicional de la chomskymanía– auspiciando la quimera triunfalista a través del diálogo y la participación e invitando a la autogestión de la opresión.
La única autogestión posible, en plena temporada de saldos y retrocesos, es la autogestión de la lucha. Cualquier otra propuesta “autogestiva” sólo reafirma el sistema de dominación, sin importar si ésta proviene de la ideología ciudadanista, de la demagogia populista, de la verborrea obrerista o de las trasnochadas recetas que aún se cuecen –para autoconsumo– en nuestras tiendas.

Gustavo Rodríguez,
San Luis Potosí.
A 27 de julio 2011.

Nota:
1 “Estamos hasta la madre…” (Carta abierta a los políticos y a los criminales), Javier Sicilia, Proceso 3/04/2011. Disponible en, aquí.

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Apéndice a un debate abortado, sobre el anonimato y el ataque

El debate es la exploración a profundidad de un tema a través de una confrontación entre dos o más partes, cada una con su propia posición. Contrario a los que piensan que los debates deben evitarse para no causar divisiones, nosotros pensamos que los debates deben ser alimentados. Esto porque el propósito de un debate no es declarar a un ganador ante el cual todos deben inclinarse sino para enriquecer el conocimiento de todos. Éstos aclaran las ideas. El señalamiento y la confrontación de diferentes ideas – esto es un debate! – aclara los puntos oscuros y indica debilidades. Es lo que todos necesitamos sin excepción. Ayuda de cada una de las partes que participan en el debate a fin de perfeccionar, corregir o reforzar sus propias ideas, ayuda a cualquier persona en el debate a decidir qué posición tomar (lo que sea, una posición, otra posición o ninguna de las posiciones en debate)
La historia del movimiento anarquista está llena de debates. Todos útiles, aunque a veces dolorosos. Por desgracia, también está llena de debates perdidos, diferentes ideas nunca confrontadas dejando a cada uno con sus propias certezas (o dudas) iníciales. Menos mal, ¿porque de esta manera se podrían evitar las polémicas estériles? en nuestra opinión no; peor aún, nos impide las discusiones fértiles.
Uno de estos debates que no se toma está relacionado con el uso de siglas en representación de  organizaciones reales, reivindicando las acciones directas contra lo establecido. Debate que, aunque importante, pareciera haber sido abortado desde su nacimiento.
En el plano internacional, una apertura a favor de este debate ha sido propuesta en la Carta a la galaxia anarquista que apareció a finales del 2011 [1]. Esta carta fue una presentación de ideas a favor del anonimato y contrarias al uso de siglas organizativas y reivindicativas. También hablaba de perspectivas insurreccionales, así como del concepto de informalidad y de la multiplicidad del ataque.
Exactamente un año después, en noviembre de 2012 [se puede ver en Contrainfo], en ocasión del encuentro internacional anarquista en Zúrich, Suiza, los anarquistas de la Conspiración de Células del Fuego han dado a conocer un texto en el que presentaron sus argumentos a favor de la utilización de siglas organizativas y por qué son contrarios al anonimato. También expusieron algunas ideas más generales sobre la intervención anarquista, tanto en lo que se refiere a las “luchas intermedias” como a la formación de grupos de guerrilla urbana. Bien, partiendo de ideas diferentes, cada una de las partes ha hecho su presentación. Para lanzar el debate, lo único que quedaba por hacer era empezar a confrontarlas. Es lo que han hecho por ejemplo los anarquistas que en agosto de 2013 lanzaron el texto titulado El anonimato, escrito que explícitamente parte del texto de la CCF para criticarlo y debatirlo.
En ocasión del Simposio Anarquista Internacional celebrado en la ciudad de México en diciembre de 2013, la CCF ha distribuido un texto (“Seamos realmente peligrosos… para la difusión de la Internacional Negra”) en donde el párrafo que trata sobre “FAI, siglas y el anonimato desde la” galaxia anárquica”, comienza con la siguiente declaración: “Estamos al tanto de la deprimente polémica lanzada en contra de la FAI por compañeros y “compañeros”; afirmación que reduce lo que debería ser un debate a favor de todos, a una polémica en contra de algunos. Además hace una distinción entre los que han tratado de iniciar un debate de este tipo, diferenciando entre compañeros  y “compañeros” (?). Esta contribución se refiere explícitamente a ciertos textos como la Carta a la galaxia anarquista y El anonimato, calificando a este ultimo como “un escrito hecho por un anarquista de la tensión del anonimato político […] sin ningún espíritu de compañerismo”. Hubiera sido posible y deseable un debate cuya finalidad fuera la profundización de las ideas, evitando  precisamente el bloqueo y cierre del espacio con “pros” y “contras” fáciles, pero nos parece que acusaciones como “teóricos que no hacen nada” más bien ponen fin a la discusión. Entonces, podríamos haber callado y dejarlo ir. De hecho, nos habríamos ahorrado más bien la tentativa de alimentar un debate que – contrariamente a lo que pensaban los autores del Anonimato – aparentemente no se desea.
Así que si tomamos la palabra es sólo porque no queremos que ningún silencio sea confundido con una sugestión, por desgracia, idea errónea que estos días oscuros y tristes pudiera nacer. Es por eso que, a pesar de su aparente inutilidad, creemos que es importante escribir un apéndice a un debate que ha sido abortado. Apéndice final, que es poco probable que hayan seguido, desgarrado a regañadientes, sólo para no aparecer obsequiosos.
¿Qué cosas se sostienen en el texto El anonimato? Básicamente dos cosas. En primer lugar, en orden de aparición pero no de primordial importancia, es el hecho de que el anonimato es preferible desde el punto de vista llamado “táctico”. La persistencia identitaria le da mayor espacio al poder judicial para hacer que lluevan los cargos de asociación sobre los compañeros; ya que en lugar de dejar la tarea a la policía y a los fiscales de inventar “una organización” (como la represión ya lo ha hecho muchas veces  en la historia del anarquismo) mirándose a si mismos en el espejo deformante de su espectáculo represivo, los anarquistas fascinados por la identidad organizacional las ofrecen directamente a los investigadores.  La represión siempre tratará de reducir la subversión a una sola organización (real o inventada), a un solo grupo o incluso a un par de individuos, para tratar de cavar un abismo entre los supuestos “actores” y  los “espectadores” y reducir el pantano de la subversión anarquista revolucionaria así como la tensión singular entre afinidades e individualidades, la informalidad, la transformación y la multiplicidad de los ataques y de los métodos, a un patrón que refleja su estructura autoritaria (dado que los jueces no conocen otra cosa y no son capaces de concebir la existencia de una subversión generalizada e incontrolable) con la traducción judicial de roles (líderes, tesoreros, estrategas, dinamiteros, pistoleros, partidarios, saboteadores, …) que son completamente contradictorias a las ideas antiautoritarias y anarquistas. Debido a que estas ideas empiezan desde el individuo – la capacidad del individuo de pensar, de actuar y de relacionarse con los demás en la lucha contra el poder –, y rechazan la adhesión o la absorción del individuo a estructuras que mutilan su voluntad y sus ideas. Es evidente que la represión va a golpear a los anarquistas de todos modos, incluso si no hay siglas,  la cuestión no es que nos avergüenzan nuestras acciones o ideas. En este sentido, la cuestión no es más que complicar la tarea del poder judicial con la finalidad de prolongar las hostilidades, para que perduren y para siempre ir ampliando un espacio de combate para otros anarquistas y rebeldes que se lanzan a la batalla. La acción anónima – y con anónima nos referimos a la acción acompañada por el silencio absoluto, a las acciones seguidas por comunicados mínimos, sin siglas, sin acrónimos, o al menos sin siglas recurrentes – no ayuda al enemigo en su obra represiva; aparte del hecho en sí mismo, el enemigo tiene que inventar todo solo, nadie dice “yo fui”, nadie le da más elementos (como por ejemplo ciertos códigos lingüísticos que son utilizados en las reivindicaciones, una sigla organizativa…) que sirven para identificar a los autores.
Los anarquistas de la CCF no responden a estas observaciones hechas en el texto el anonimato a través de una cita de la Odisea de Homero. Ellos se limitan a afirmar que “el conocimiento superficial es peor que la ignorancia”; y recuerden que “Ulises, dejando la isla de Polifemo, gritó desde su nave:” Yo, Ulises, les cegué…”. Terrible es de ver cuando alguien cae e intenta agarrar a las ramas del árbol. Ulises reivindicó su acto sólo después de salir de la isla del enemigo, cuando considera que esta seguro en su barco (y eso a propósito, en contra del consejo de sus propios compañeros). En otras palabras, reivindica su acción sólo cuando piensa que la guerra con los cíclopes ya ha terminado. Mientras que la guerra estaba en curso, se mantuvo en silencio.
Pero dejamos los mitos literarios. El segundo punto del anonimato es que sólo la ausencia de identidad emergente por encima de los otros, también a causa de la manipulación de los medios de comunicación, permite la igualdad. Donde no hay líderes, no hay seguidores. Donde no hay celebridades, no hay admiradores. Donde nadie aparece, nadie puede ser puesto atrás. En la oscuridad del anonimato todos son iguales. Qué sentido tiene ir de hacer un paso más que los otros insurgentes oscuros que están atacando el poder?
En su contribución al Simposio en México leemos que “La FAI es simplemente la comunidad invisible [sic!], donde se encuentran los deseos de ataque contra nuestra época”. Pero ¿por qué el deseo de atacar nuestra época debe reunirse sólo en el espacio limitado de tres letras, y no en la subversión de todo el alfabeto? Un argumento de los anarquistas de la CCF refleja el deseo de diferenciarse de los anarquistas que corren detrás de la izquierda. Pero ¿por qué debería ser un nombre el que marque la diferencia de los sindicalistas ineptos y listos militantes ciudadanistas y no la propia aplicación de la acción directa como una expresión de una conflictividad permanente, y no astutamente alterna? También leemos que “las acciones hablan por sí mismas a través de los comunicados, porque marcan una distancia de la “oposición anarquista “, que a veces puede quemar un banco en el nombre de los pobres y en contra de la plutocracia del capital con el fin de demostrar que al menos hace algo”. No, células irascibles. No va a lograr vendernos esta clase de confusiones. O las acciones hablan por sí mismas, o hablan mediante las reivindicaciones. No es lo mismo y nunca ha sido lo mismo. Según vosotros las acciones hablan a través de los comunicados. Según nosotros, hablan por sí mismas.  Hemos aquí el nudo de la cuestión.
No necesitamos buscar muy lejos para encontrar algún ejemplo. El primero de noviembre en Atenas, alguien abrió fuego en contra de algunos miembros de Amanecer Dorado. Dos fascistas están muertos. Una acción que habla por sí misma. Con los fascistas no se discute, no se negocia, no se pide al Estado democrático que retire sus tropas de asalto. No, se lucha contra ellos directamente, sin mediación, con todos los métodos de ataque que uno considera adecuados. Ese día, cuando esa acción fue anónima, anarquistas de todo el mundo la han saludado. Subversivos de todo el mundo la han saludado. Muchas personas ordinarias en Grecia y el resto del mundo la han saludado. ¿Qué más se necesitaba? ¿De qué manera la reivindicación del 16 de noviembre por parte del Escuadrón Revolucionario Popular Combatiente enriqueció la acción? De ninguna manera. No, la reivindicación más bien debilitó la acción, relegándola a la identidad y la ideología de uno de los muchos grupúsculos del movimiento revolucionario. ¿Habría sido diferente si en lugar del ERPC, había sido reivindicada por el GRA, o FLG o BPC o BRKJ o XJT o ZZPPHQWX? Claro que no. El año pasado [ndt: hace dos años], algunos compañeros han mostrado a través de un ataque preciso que lo nuclear es vulnerable. Esta acción puso en evidente que hay personajes responsables y que es posible atacarlos. En qué sentido la reivindicación posterior enriqueció la acción? ¿No fue esta una acción clara, precisa y apropiada?
Sí, las acciones hablan por sí mismas. No necesitan de comunicados pomposos. Son las organizaciones combatientes quienes necesitan reivindicaciones para imponer su hegemonía sobre el movimiento, para hacer brillar su luz más que el resto de la galaxia revolucionaria, para convertirse en las estrellas de referencia, rodeadas por los satélites.
Se podría argumentar que, si las acciones se mantienen en el anonimato, podrían hacer sido realizados por motivos que no se comparten, o por razones que no son apreciables. O que incluso podría ser el trabajo de fuerzas siniestras, de la mafia o del crimen organizado, de los fascistas o del mismo Estado. Y por eso, para evitar cualquier confusión y porque la violencia no es un privilegio de los anarquistas o antiautoritarios, deberíamos reivindicarlas. Pero en el espejo de la gestión democrática de la paz social y del cadavérico espectáculo, las palabras siempre pierden su significado. Las ideas anarquistas no pueden ser difundidas sino de una manera anarquista, en la lucha misma, lejos de las garras del Estado. Si no son mutiladas dependiendo de las necesidades de control y producción de consenso por parte del poder. La confusión organizada es un aspecto fundamental de la represión, incluso un pilar, pero no se puede romper con un comunicado o una reivindicación. Uno solamente puede romperlo en los espacios de lucha en donde las palabras y sus significados son forjados por los propios rebeldes para dialogar entre sí; sin  mediaciones y sin representaciones.
Si los ataques propuestos y llevados a cabo por los anarquistas tratan de destruir a los amos y a las estructuras de dominación, lo que importa entonces es la propia destrucción. Queremos la libertad y por eso debemos destruir lo que nos sofoca.  Bien, de la libertad – o el caos, si prefieren –, aunque fuera temporal o efímera, pueden surgir tendencias hacia la anarquía, así como pueden surgir tendencias hacia cosas mucho menos bonitas. No podemos pretender que esto dependa de las reivindicaciones: dependerá solo de las ideas que seamos capaces de formular y difundir, de la comprensión y del análisis que los anarquistas sabrán hacer de la realidad cambiante o derrocada por los ataques y las revueltas. Aquí llegamos una vez más al problema fundamental: el pensamiento y la dinamita, como sostenía un anarquista a finales del siglo XIX. La dinamita no puede sustituir a las ideas, las ideas no pueden sustituir a la dinamita. Son dos aspectos íntimamente ligados del anarquismo que corroen la sociedad autoritaria: sus ideologías como sus estructuras, sus hombres como sus valores, sus relaciones sociales como sus policías. La relación entre estos dos aspectos es la perspectiva y el debate actual debería tratarse de eso. El problema de la perspectiva no puede ser resuelto mediante el envío de un comunicado pomposo o reforzando una organización-identidad-logo ni mediante la repetición de las mismas banalidades básicas del anarquismo, o lo que se asemeja más a un credo del individualismo.
A la CCF no le agradan “los que se esconden detrás del anonimato”. Han elegido un nombre y “este nombre es FAI y es nuestro ‘nosotros’. Un ‘nosotros’ colectivo… “. Esto nos hace pensar en aquellos enredados militantes anarquistas del pasado que reprochan a un Emile Henry por no haberse dejado arrestar como un Auguste Vaillant; básicamente por no haber querido reivindicar su acción en el lugar de los hechos (precisamente porque quería seguir atacando!). La organización CCF propone: “dejar atrás la galaxia teórica ​​anarquista “que predica el anonimato político sin hacer nada”. Porque si queremos decir la verdad, una parte de la tensión del anonimato político oculta esencialmente su miedo a la represión detrás de sus teorías”. Que los compañeros anónimos siguen estando “detrás” de la CCF, eso es seguro. Considerada la manía de la CCF de ir por delante, para mostrarse, para tomar la palabra… Pero decir que los compañeros y compañeras que han decidido no dejar sus acciones a merced de los mass media, que desean seguir siendo “individuos oscuros entre otros individuos oscuros”, lo hacen sólo para ocultar su inactividad o su miedo a la represión, esto es realmente una demostración de un circulo vicioso. Un argumento perfecto para anular cualquier debate: los que critican lo hacen sólo porque no hacen nada y tienen miedo. 
Pero el deseo de permanecer en el anonimato, al mismo tiempo expresa el rechazo a cualquier vanguardismo y el intento de escapar de las garras de la represión con el fin de prolongar las hostilidades, no por vergüenza de la propia acción. Por otro lado, el impulso reivindicativo no siempre ha existido. O acaso, Ravachol, Henry, Novatore, Di Giovanni… se “escondían” detrás del anonimato? No, simplemente actuaban. Sin la necesidad de mirarse en el espejo mediático que refleja  constantemente el propio logo identitario. Y cuando sus acciones no eran claras o comprensibles, era el movimiento anarquista entero – a través de los debates, periódicos, carteles, folletos… – que trataba de hacerlas entender, porque después de todo, pertenecían a todos aquellos que se reconocieran en la lucha anarquista. Así, el pensamiento y la dinamita trataban de ir de la mano, dos aspectos del anarquismo en el espacio de la perspectiva de lucha. Pero sí, esa era la vieja anarquía.
Hoy escuchamos más y más evocar una “Nueva Anarquía”. Lo ridículo de esta pretenciosa afirmación lo demuestra el mismo nombre. Ya desde el último milenio, los anarquistas en España e Italia, Francia y Argentina, aquí y allá…  crecimos con el estribillo monótono de los viejos militantes anarcosindicalistas que pretendían que los verdaderos anarquistas son los que pertenecen FAI (Federación Anarquista Ibérica, la Federación Anarquista Italiana, Fédération Anarchiste Française, Federación Obrera Regional Argentina…). Fuera de la FAI no hay salvación, sólo ambigüedad. Fuera de las organizaciones representativas del anarquismo, no hay nada. Pues bien, hoy en todo el mundo hay anarquistas que así mismo nos recuerdan que los verdaderos anarquistas, los de la praxis, son sólo quienes pertenecen a la… FAI (Federación Anarquista Informal). Como mucho pueden tolerar a los que aceptan afiliarse a la Internacional Negra o a los que, “por motivos estéticos” actúan de manera anónima, como lo describe la CCF. “La Nueva Anarquía” no muestra nada nuevo, no es otra cosa que una reproducción de la vieja: federaciones, programas, acuerdos, reivindicaciones, siglas y eslóganes rimbombantes.
Varios textos han intentado y siguen intentando abrir el debate sobre el tema de la informalidad, y también la Carta a la galaxia anarquista se ha enfocado en este punto. Quedamos perplejos al ver cómo seriamente pueden pretender vendernos una organización revolucionaria estable, un acrónimo permanente y formal, un método de actuación rígido, siempre el mismo y definido de antemano (realizar una acción, a continuación escribir un comunicado y difundirlo), como si esto fuera la informalidad. Incluso en el  sentido más simple de la palabra “informal”, que indica la ausencia de cualquier formalización, parece difícil sostener que una sigla no es una formalización. Así pues, la Federación Anarquista Informal, el Frente Revolucionario Internacional, y todo lo demás, no son organizaciones informales. El problema no es pelearse por tener la patente de la palabra “informal” (no nos interesa la construcción de un partido con sus dogmas y sus definiciones a priori, siempre separado de la lucha misma, es decir, parasitario), sino la confusión generada que impide un debate real. Si uno es partidario de la construcción de una organización anarquista combatiente permanente, basta decirlo claramente para que sea entendido por todos los anarquistas. Si uno es partidario de un enfoque sindicalista de la lucha, que acepta la lógica del poco a poco y de la lucha reivindicativa para mejorar lo existente con el fin de hacer crecer la famosa “conciencia proletaria”, no sirve de nada (excepto para sembrar la confusión) presentar este enfoque como si se tratara de un enfoque insurreccional. La informalidad, como siempre la hemos entendido, es el rechazo de toda estructura fija, el rechazo de programas, de métodos establecidos, de siglas, y de cualquier representación. Por ende la informalidad y la organización informal sólo existen en los continuos experimentos entre compañeros y compañeras que profundizan su afinidad y proponen planes de ataque y lucha mutuamente. La informalidad no tiene textos de fundación o representantes. Existe sólo como un apoyo a la lucha anarquista, a los anarquistas que luchan, a fin de ser capaces de lograr lo que queremos. En su contribución, los anarquistas de la CCF dicen “Por supuesto, la FAI no tiene la exclusiva. Es por eso que nuestra propuesta no es un crecimiento cuantitativo de la FAI. […] Nuestra propuesta es organizar células armadas y grupos de afinidad, formando una red internacional de anarquistas de la praxis”. Ahora, nos preguntamos si la propuesta es la multiplicación de los grupos de afinidad (aquí no vamos a entrar en detalles sobre el uso de una palabra como “célula” que se parece – al menos históricamente, aunque tal vez eso era ‘la vieja anarquía’ – a la jerarquía y la organización partidaria); entonces por qué la FAI? Como apoyo a esta propuesta? Pero un grupo de afinidad es el encuentro entre individuos y la autonomía real de acción, no es el elemento básico de una gran superestructura, y menos aún de una superestructura determinada ya hace años. El vínculo entre los grupos de afinidad puede ser la informalidad, es decir, el intercambio de ideas y perspectivas, el desarrollo de proyectos comunes, es un recorrido nunca concluido, siempre en evolución, siempre sin formalización. La propuesta de la FAI solo pone rejas al amplio terreno de la informalidad.
El Estado, los partidos, las asambleas, las organizaciones… todas estas entidades que están fundadas en un ‘”nosotros colectivo”: de ciudadanos, militantes o activistas; ni siquiera saben lo que es el individuo. Nosotros, por el contrario estamos enamorados al individuo, con sus pensamientos, con sus actos únicos y singulares, tanto cuando está solitario como cuando esta en plural, porque su sendero se cruzó con los de otros individuos. Es por eso que odiamos al Estado y a los partidos (que son siempre autoritarios) y desconfiamos de las asambleas y organizaciones (aunque a veces puedan ser libertarias). A diferencia de la CCF, no pensamos en absoluto que el “yo rebelde” pueda encontrar un hogar en el “nosotros colectivo”. A diferencia de las diversas reivindicaciones de la FAI, no nos interesa distribuir certificados de buena o mala conducta a los anarquistas que tratan de luchar, definiendo a unos como “anarquistas de la praxis” y a los otros como los “teóricos que no hace nada.” Una mentira infame que cierra el espacio al debate y la profundización, la afirmación que los únicos anarquistas que atacan al poder son los que apoyan la propuesta de la FAI y los que se quedan en silencio, incluso cuando no están de acuerdo con la hegemonía ideológica que intenta imponer la FAI (por la fuerza de las cosas o por otros medios) sobre el anarquismo informal y sobre las prácticas de ataque y sabotaje. Hoy el debate y las discusiones hacen mucha falta en el movimiento anarquista internacional y también las propuestas prefabricadas están cerrando más puertas y espacios para la subversión que abrirlas. Es esta preocupación la que nos ha llevado a participar en este debate abortado y la misma nos seguirá animando.
Notas del traductor
[1] La carta a la galaxia anárquica – Letter to the anarchist galaxy –, se puede encontrar traducida en diversas web como la interrumpida culmine.org, ya que la traducción es pésima lo cual genera que las ideas vertidas sean poco comprendidas en su totalidad. La carta a la galaxia anárquica esta escrita en un tono tanto diferente al presente texto y fue fruto de incómodos más que de un debate que era el propósito de dicha critica. Una parte por compañeros y compañeras quienes se sintieron tocados por los expresado en el texto, mientras que otra por la insistente negativa de los compañeras y compañeros a entrar en la discusión.
[2] Se refiere a que desde el texto el anonimato mediante una cita de la Odisea de Homero, los autores hacen contra referencia a una cita de la Odisea que la CCF utilizo en el texto enviado al encuentro de Zúrich.
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Apuntes sobre la necesidad y el deseo de pegarle fuego a la postmodernidad,

Taller de Investigaciones Subversivas UHP

 

Aceptemos entonces, que el eje alrededor del cual gira la sociedad postmoderna ya no es, tal y como fue en la modernidad, la producción, sino que ahora es la comunicación (en su sentido restringido de trasvase de información) y la rapidez con la que ésta pueda darse. El tránsito de un tipo de sociedad a otro se da cuando deja de ser posible hablar de la historia como algo unitario, cuando los acontecimientos dejan de ser ordenados entorno a un centro determinado. Se rompe entonces en pedazos el relato que organizaba el espacio teniendo como única referencia a Occidente (o incluso, a un Occidente concreto si se prefiere), y el tiempo basándose en una concepción lineal de la historia unitaria … la totalidad da paso a la fragmentación, a la disolución de los centros. Esta atención al fenómeno de dispersión, al adiós a la historia hegeliana con miras a una meta final reconocible y la desintegración consecuente de las legitimaciones modernas, son las obsesiones de los pensadores que hablan de postmodernidad.
Una de las transformaciones fundamentales que se producen en éste tránsito es la del saber: mientras que en la modernidad el saber está asociado a la formación del sujeto, en la postmodernidad ha pasado a ser una oferta más dentro de los productos listos para ser consumidos que presenta el mercado. Dado que tal y como se ha dicho, la sociedad postmoderna es la sociedad de la comunicación, el saber también acaba por definirse según los parámetros de este proceso en el que el valor que prima es el valor de cambio. Fuera ya del estadio histórico previo, y con el predominio absoluto de la pragmática (lo que viene a suponer, que la legitimidad de una acción vendrá dada exclusivamente por los efectos que produce, es decir: por lo que, en el rebuscado lenguaje de los amos, se ha llamado performatividad), el saber se constituye como principal fuerza de poder, como instrumento de control del medio y de las relaciones entre individuos o grupos dentro del sistema.
Al no poder evidentemente existir la comunicación desinteresada y horizontal (esa por la que hay que guerrear, y que es condición necesaria para acabar con la alienación) en una sociedad performativa, las relaciones entre las personas acaban por funcionar de manera tal, que detrás de cada mensaje emitido existe una determinada jugada, siendo la relación determinante entre los distintos jugadores la de competencia. Las jugadas son estrategias para ganar, los jugadores no son otra cosa que simples competidores y los actos comunicativos – en definitiva – son tan sólo actos pragmáticos. Lo que realmente importa es la eficacia que se desprenda de cada acción … si se es algo, se será por los beneficios que reporte y no por el placer de serlo.
Dentro de este contexto, una de las cosas que más nos interesa es el hecho de que la técnica se revela como el modelo de performatividad, el saber que prima es un saber aplicado y propio de expertos que construye mercancías (en el sentido más amplio del término, y no solamente teniendo en cuenta los artefactos) en función de su operatividad. Este saber se encuentra escindido totalmente de la vida cotidiana, nos es extraño, y anula esa capacidad que los obreros de tiempos pasados tenían para intuir desde sus propios oficios la posibilidad de autogestionar la vida entera; en definitiva, el saber con el que nos encontramos permite la división de la sociedad entre decididores y ejecutantes, una fina matización de la eterna relación entre explotadores y explotadas: el que hace está a las órdenes del que tiene posesión del saber. El hierro y la sangre provocaba indignación y revuelta; la anestesia informativa, la miseria sobre-equipada o la rutina grisácea del oficinista, dan lugar a un rentable planeta habitado por zombies. La relación descrita rompe de cuajo la contingencia de la acción, pretende que sea la necesidad quien la rija, asimilándola finalmente a la fabricación. La técnica se impone: la acción acaba por ser fabricar algo de la forma más eficiente y rentable. Al separarse cada vez más saber y hacer, domina aquello que tiene efectividad, no ya el “yo pienso”, sino el “yo puedo”.
En la llamada postmodernidad, la técnica se ha autonomizado como sistema, siguiendo en su desarrollo sus propias leyes. En tanto que la performatividad es su elemento clave, se trata de un sistema establecido de antemano y cuyos progresos están totalmente determinados … una y otra vez, la historia contradice a aquellos que se ocuparon – y aún hoy se ocupan – de proclamar el carácter liberador de la técnica: lejos de cumplir ninguna función emancipadora, se ha encargado de subyugar a la humanidad bajo sus preceptos de efectividad y rentabilidad. Que el desarrollo tecnológico de lugar a herramientas que puedan ser utilizadas en procesos de liberación, está lejos de significar que ese mismo desarrollo vaya a posibilitar la destrucción del sistema que lo ha propiciado. Los distintos desarrollos tecnológicos de los últimos 70 años son precisamente los que se han encargado de re-definir y optimizar los mecanismos de explotación y dominación. El análisis de estos desarrollos se hace imprescindible dentro del conflicto social, los caminos del enfrentamiento deberán tener en cuenta – por ejemplo – que los constantes adelantos tecnológicos ya no apuntan tanto a la facturación sin más de bienes como al desarrollo de medios para el control social y la producción inmaterial que permite la (siempre presunta, pero hasta el momento devastadora) expansión sin límites del capital.
Si bien es verdad que lo que nos ocupa no es otra cosa que la lucha histórica entre poseedores y desposeídos, habría que atender a la realidad actual de que las clases dominantes ya no se definen tanto por la posesión de los medios de producción e ingentes cantidades de bienes, sino por detentar un conocimiento especializado que les permite participar en el funcionamiento del poder. Este conocimiento tecnológico trabaja por la reducción de la potencia real de entendimiento de los explotados (los excluidos, al fin y al cabo, de dicho conocimiento), por la creación de un individuo operativo que sabe lo que hacer dentro del perímetro del cubil que le ha sido otorgado por el capital, pero que no entiende más allá … es decir: trabaja por el perfeccionamiento del espectáculo, por una sociedad falsificada que ha sido construida sobre imágenes, y en la que la sumisión del hombre se alcanza mediante satisfacciones que no son sino reflejos banales y distorsionados de la verdadera satisfacción de vivir una vida que no sea gobernada por autoridad alguna. Por otra parte, los efectos del desenfrenado abuso que los amos hacen del desarrollo tecnológico tiene evidentes y desastrosas consecuencias sobre el hábitat humano. Consideramos así, que ambas características de este conocimiento: tanto su contribución a la alienación como la expoliación salvaje del planeta entero que lleva a cabo, no son meras consecuencias resultantes de su “mal uso”, sino componentes esenciales de la definición del sistema tecnológico. Por eso no creemos en su reciclaje, y mucho menos en su potencialidad redentora …
No nos engañemos entonces, frente a la lógica del sistema no se podrán oponer sus propios productos. Las innovaciones tecnológicas por sí mismas no implicarán la crisis de la cultura occidental, sino más bien su afianzamiento, o en llegado caso, la aniquilación del planeta. Entrados en el s. XXI parece que el ciborg no ha sido el billete de salida de la pesadilla postmoderna – tal y como algunas pensadoras defendieron -, aquella predicción omitió que la tecnología existente posee su propio lenguaje, y que éste – independientemente de que fueran sujetos revolucionarios quienes hicieran uso de él – ha sido configurado para producir el mayor número de beneficios posible al poder de donde ha salido. Por eso mismo: porque en el reino de la performatividad no existe la inocencia, afirmar que el potencial tecnológico va a ser el propio desencadenante de la caída del Todo y su homogeneidad, es un acto de entusiasmada ignorancia … quienes en la lucha anticapitalista depositan todas sus esperanzas en las máquinas, ignoran que el mundo postmoderno (por estar definido según los parámetros que se han intentado explicar) jamás desencadenaría una potencia que en sí misma pudiese suponer su propia destrucción.
La verdadera subversión consiste en buscar el futuro no-previsible en un tiempo en el que se pretende preveer todo, consiste en dar con aquello que precisamente escapa a lo programado por sus máquinas. En esta guerra contra la totalidad se dará un valor de uso a todos aquellos materiales que sean susceptibles de ser utilizados en nuestro asalto a los cielos … ahora bien, no caeremos en errores pasados, y por tanto no sacralizaremos ningún medio de los que nos apropiemos (ni la gasolina y el fuego, ni las radios libres, ni la ocupación, ni la informática …), sólo así no construiremos un nuevo guetto del que ya no podamos – gracias a la ceguera que una y otra vez hemos aceptado ilusionados – salir. Al no depender estratégicamente de ningún elemento clave, y siendo capaces de jugar con todos ellos, nos haremos más fuertes y nuestras posibilidades a la hora de atacar se multiplicarán. Por otro lado combatiremos la especialización dentro de nosotras mismas, puesto que no dejaremos en la mano de ningún técnico nuestra capacidad ofensiva.
Dado que lo que legitima a día de hoy no es la argumentación que convence sino el poder que funciona, no nos equivocamos cuando afirmamos que han errado quienes defienden el diálogo y el consenso en nuestros días. La sociedad a la que se ha llegado no ha sido consecuencia de la capacidad de dialogar y argumentar de las mujeres y los hombres, y de la misma manera, su fin no vendrá de la mano de esa capacidad. El consenso hoy lo establece el propio funcionamiento del entramado capitalista, no se acepta porque se haya reflexionado y se haya llegado a la conclusión de que es “bueno”, sino porque las leyes del sistema dentro del cual se ha generado lo hacen funcionar sin que parezca haber lugar a su cuestionamiento. El avance y la consolidación de la pesadilla orwelliana, tiene su más clara ratificación en el despliegue que los medios capitalistas y su propaganda han realizado para afirmar que con la caída del muro, 1984 ya no podrá ser jamás. Como si habláramos de un amor adolescente, hoy es ya 1984, y sin embargo lo es menos que mañana. La democracia, valor absoluto e indiscutible de las sociedades postindustriales, no es más que un resultado de la propia dinámica del mercado y de las soluciones elegidas para la satisfacción de sus necesidades (de las cuales la primera es la estabilidad, lo que supone la ineludible supresión de la amenaza proletaria). Así funciona la pragmática mercantil: el equilibrio viene por la eliminación de las diferencias, cuanto más homogéneos son los elementos que configuran la sociedad, mejor funciona.
Una teoría y una práctica revolucionarias deben comprender el mundo al que se enfrentan para ser capaces de hacer saltar por los aires sus contradicciones y generar situaciones que permitan su aniquilación. Vivimos en medio de una circulación convulsiva de imágenes en las que no hay nada que ver, vivimos en un sistema que funciona menos gracias a la plusvalía de la mercancía que a la plusvalía estética del signo. La realidad es un ir y venir de representaciones que parecen condenar al hombre a la apatía más pura, que le hipnotizan a la vez que le mutilan, que imposibilitan el desarrollo de su propia autonomía. Nuestra intención no debe ser otra que conseguir desatar conflictos que planteen la posibilidad de comunicar fuera de todos esos códigos ya codificados, propagar dentro de la organización social existente una masa de deseos que ella misma no sea capaz de satisfacer.
Por lo tanto, nos parece claro que el mundo que queremos echar a pique debe dejar de ser afrontado en sus propios términos. Quién así lo sigue haciendo después de tantas hostias sufridas, sólo puede hacerlo por dos razones: o bien está tratando de escalar en la organización social y alcanzar algún privilegio gracias a su condición de contestatario (y todos sabemos bien de que lado está y lo que merece), o bien es un ignorante que desconoce una premisa básica de la revolución: El poder sólo dialoga con sus posesiones.
Nuestras posibilidades de victoria pasan por poner en juego un lenguaje y una lógica propios, construir un discurso que de verdad se configure como contrapoder y alteridad absoluta del discurso totalizador. Entre ambos no podrá darse ningún tipo de diálogo o transacción, pues al no existir ninguna homología no hay posibilidad de traducibilidad. El resultado – le asuste a quien le asuste – no puede ser otro que el choque entre los sujetos en rebeldía, armados en el proceso de autovaloración que han iniciado, y la prepotencia totalizadora de la realidad del consenso. Ese choque no podrá significar otra cosa que ruptura, seccionamiento sin la menor posibilidad de reforma y mejora … es decir: violencia, sabotaje, poesía. El uso de la diferencia, la vía de escape que nos permita salir de esta realidad consensuada.
La activación del disenso supone romper con la angustia de una sociedad en la que la auto-alienación ha acabado por ser la regla … vivir siendo conscientes de que nos encontramos involucrados en una guerra siempre será mejor que ejercer el oficio de existentes, que vivir un tiempo del que sólo se puede desear su fin. Queremos responder con un sí en llamas a esa pregunta que no sale de nuestras cabezas: ¿Habrá realmente vida antes de la muerte?. Frente a la totalidad, sólo siendo crueles podremos iniciar caminos de liberación y placer . ¡Adelante con los faroles!.
Conocemos de antemano el discurso de moda (made in Italia), que etiqueta a toda prisa la necesidad de la insurrección bajo el calificativo de “metafísica de la violencia”; precisamente quienes más apelan a la complejidad de la sociedad actual, parecen ser quienes ostentan una mayor simpleza mental … por más que parloteen los líderes de foros sociales y de bufones disfrazados, o por más sesudos artículos que escriban glorias intelectuales de revoluciones pasadas – en un desmedido afán de encontrar un protagonismo hoy – , no vamos a caer en la renuncia de nuestras propias posibilidades y potencias. No aceptaremos el pacifismo radical, ni la no-violencia de la sociedad civil, ni la resistencia legalista por la democracia, ni sandeces semejantes. La violencia no es nada, y mucho menos una etiqueta: es algo que siempre estuvo ahí, junto a nosotras. La mayor de las veces para sufrirla, y en ocasiones para practicarla, como defensa, como ataque; escapa por sí misma a los pretendidos discursos morales de aquellos que anhelan encauzar la revuelta allá donde se diera. Es algo que nos es inherente, y que por tanto no pensamos rechazar al igual que no rechazamos el uso de nuestro intelecto o de nuestra maltrecha creatividad. Sería lo que nos faltaba … amputarnos más y más, reproducir autónomamente (¿será esta la autonomía que persigue tanto líder antiglobalización?) la mutilación capitalista. No adoramos la violencia, no nos masturbamos frente a pistolas y bombas, ni creemos que ninguna banda armada vaya a transformar el presente. Tan sólo entendemos necesaria, la máxima eficacia en el uso de nuestra fuerza para destruir esta realidad.
Realmente es hora de hacer afiladas distinciones, y dejar claro de una vez por todas quien está por la destrucción del capitalismo y quién no. Hay que desenmascarar a todos los falsos detractores de la civilización burguesa … buenrollistas, negociadores, aprendices de político, oenegeistas, neo-socialdemócratas, apagafuegos … y no lo haremos ya porque nosotros tengamos la verdad revolucionaria y pensemos que sus “luchas” estén invalidadas, sino porque directamente los consideramos engranajes partícipes y conscientes del sistema miserable que combatimos, o lo que es lo mismo: ni siquiera nos creemos eso de que “luchen” contra algo. Lo decimos sin reparos, son nuestros enemigos. Estaba en lo cierto quien dijo que la pasividad siempre necesitó de guías y especialistas: quien grita que todavía no es tiempo de revuelta, nos revela de antemano la sociedad por la que de verdad está trabajando. Sabemos, porque la historia – la que nos queda más lejos en el tiempo, y aquella que es más reciente – nos da claras muestras del lado del que están, que llegado el momento y si las condiciones son propicias (si ven claramente cual es la tajada que se pueden llevar) nos venderán a los jueces, periodistas y policías sin el más mínimo de los escrúpulos. ¿Exageramos?, ¡Abran los ojitos señores … ! y podrán ver a todos esos luchadores sociales que cantan a los cuatro vientos las excelencias y bondades de luchas violentas y armadas lejanas en tiempo o espacio (o en tiempo y espacio simultáneamente) criticar y denunciar prácticas revolucionarias que se desarrollan en sus propias ciudades, en sus propios barrios, distinguiendo así entre violentos y no-violentos, inocentes y culpables, protestas legítimas e ilegítimas. Son los lacayos más eficientes, realmente van más allá de la especialización, y cumplen a la vez la función de la policía, de la televisión, la radio y la prensa … son los que despejan el camino a la represión, y sólo se merecen nuestro desprecio y nuestra rabia, todo lo demás sobra. Nuestra creatividad tiene el hermoso oficio de desenterrar viejos conflictos a la vez que se saca otros nuevos de las mangas, y es consciente, de que al trabajar al margen de la pragmática postmoderna está escrita en clave de ilegalidad: aceptamos de buen grado el hecho de que somos criminales y nos preparamos para actuar como tales. No entraremos en la farsa de autojustificarnos de ninguna manera, no tenemos que rendir cuentas de nuestros deseos frente a nadie, somos conscientes de que mientras nuestra lucha no sea recuperable – lo cual es y será la mejor de las señales que nos indique que vamos por el camino adecuado – será sistemáticamente perseguida por la ley en todas sus modalidades (policiales, estrictamente judiciales, mediáticas etc).
La rebeldía entiende la acción desde las antípodas de la postmodernidad, ya no acción como fabricación, sino acción como el único camino que queda para revelar nuestra cualidad de ser distintos. Nos atrae la idea de ver el mundo como un tablero de juego, ser los mejores jugadores dentro de él es a lo que puede quedar reducida la expresión de nuestra lucha. Hemos empezado por comprender las reglas que rigen los movimientos de los jugadores-competidores, y luego nos hemos puesto a jugar nosotras … determinamos nuestras propias estrategias de acuerdo a nuestros propios fines y vemos cómo saltarnos las normas que nos hemos encontrado al entrar en el juego. Somos conscientes de que venceremos la partida cuando el tablero
se haya hecho añicos, y empezamos a hacerlo determinando nuestros propios movimientos ajenos a cualquier modelo de eficiencia mercantil: actuamos por placer, un placer que apunta a una vida plena y llena de posibilidades. No queremos comunicarnos con esta sociedad, ya no hay nada que decirnos entre nosotras y ella, queremos verla agonizar. Por eso, nuestras acciones son su misma negación, no pueden ser reorganizadas dentro de las estructuras mercantiles, no pueden ser configuradas por el capital como fuerza productiva propia. Nuestra protesta no se podrá transformar en mercancías con las que traficar o pactar, buscamos sin más la satisfacción de nuestras desmedidas pretensiones. Son necesidades implícitas del ser humano, sólo que han quedado integradas en una sociedad falsa y han sido falseadas por ella. Nosotras las hemos intuido y no nos detendremos hasta dar con una vida que sea capaz de satisfacerlas.
En un mundo en el que el mercado se afirma como la única escena de la vida, el valor de cambio es el único valor posible y por tanto la identificación total entre la sociedad y el capital es algo consumado, la revolución sólo puede significar el desmantelamiento definitivo de la cotidianidad miserable y banal, la liberación total de las pasiones y los deseos reprimidos. Conformarse con menos es algo que no entra entre nuestros pensamientos, ya hemos tenido suficiente miseria …
No trataremos de responder todas las preguntas, jugaremos al juego de dejarlas todas planteadas … se trata de actuar cuando todos practican la espera, de decir aquello que el enemigo no puede prever, de estar donde no nos aguarda. La tarea revolucionaria a día de hoy no es ni más ni menos que arrancar los velos que cubren las condiciones reales de los explotados, la creación en definitiva de la situación que posibilite el tercer asalto proletario a la sociedad de clases.
En nuestra negación está la aurora …
Texto editado por el Taller de Investigaciones Subversivas UHP:
¡Unios hermanxs psiquiatriadxs en la guerra contra la mercancía!
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La urgencia del ataque
El hecho de que vivimos en un mundo de mierda donde el Estado y el Capital nos imponen, básicamente sin problemas, todo tipo de monstruosidades está más que claro. También es cierto que sólo una pequeña minoría de la población intenta oponerse, de forma más o menos consciente, a la supresión de todos los espacios de autonomía y libertad que hacen que valga la pena vivr la vida. Como parte de esta pequeña minoría, nosotrxs lxs anarquistas, conscientes de la necesidad de destruir lo que nos oprime: ¿por qué no somos más determinadxs e incisivxs?.Uno de los frenos más grandes y serios a nuestra acción es, seguramente, el miedo a poner, realmente, nuestras vidas en juego. Muy a menudo, este es un aspecto central de la lucha revolucionaria que no se aborda lo suficiente, porque nos obliga a sacar cuentas con nosotrxs mismxs y con nuestras debilidades. Exaltamos a las llamadas “pequeñas acciones”, fácilmente reproducibles, que seguramente no asustan a la “gente” y, aunque seamos conscientes de la urgencia y la necesidad del ataque destructivo al sistema autoritario-tecnológico, somos reacixs a involucrarnos hasta el fondo, a considerarnos en guerra y actuar en consecuencia.

Seguramente, es más fácil encontrarse junto a cientos/miles de personas para defender un territorio amenazado por alguna ecomonstruosidad que esperar solxs a su diseñador por fuera de casa. No hablo de valor, todxs y cada unx de nosotrxs tiene miedo y pone en práctica sus estrategias para controlarlo y gestionarlo; incluso lxs que participan en una llamada “lucha social” están arriesgando la cárcel o resultar heridxs (hay cientos de ejemplos en este sentido), no considero que sea esta la distinción, sino algo más complicado, o sea, la decisión de emprender prácticas de lucha que no contemplan ninguna posibilidad de mediación con el Poder, que expresan el completo rechazo a lo existente.

Participamos en asambleas en las que nos hacemos ilusiones de contribuir a tomar alguna decisión aunque, por lo general, nos ajustamos a lo que sugieren lxs compañerxs dotadxs de más carisma; inevitablemente, el compromiso es siempre hacia abajo, después de todo, tenemos que crecer todxs juntxs (siempre) y no asustar a nadie. Nos hacemos ilusiones con contribuir a un proyecto colectivo, aunque muy a menudo no sea el nuestro; el hecho de que estemos “entre la gente” nos crea la ilusión de estar trabajando concretamente por la insurrección, la próxima aventura.

Podemos compartir nuestras responsabilidades con lxs demás y confiar en no quedarnos solos si las cosas se ponen feas. No nos damos cuenta de cuánto de nuestra libertad individual perdemos, es más, nos sentimos segurxs por los límites impuestos por la asamblea, podemos esconder nuestra indecisión detrás del riesgo de que nuestra impaciencia sea perjudicial para el proyecto común.

Pero sólo cuando decidimos poner totalmente en juego nuestra vida e, individualmente o con nuestros afines, golpeamos el Poder donde más le pueda doler, sólo entonces, tendríamos el control real y podríamos afirmar con alegría y serenidad que estamos haciendo nuestra revolución. Poner en práctica una perspectiva de ataque directo nos libera de los grilletes de las luchas defensivas, nos permite infinitas perspectivas de acción y libertad.

No estoy haciendo la simple exaltación estética del acto individual, soy consciente de que la insurrección es un hecho colectivo, que estallará cuando lxs oprimidxs se levanten en armas, pero el tema es el método con el que contribuir a provocarla, nuestra vida es demasiado breve y el trabajo de demolición, demasiado grande y necesario como para que se pueda esperar hasta que todxs estén preparadxs. Es más, estoy convencido de que sólo soplando el fuego y con el ejemplo de la acción, nos podremos acercar a tal momento.

Otro freno que veo a la posibilidad de ataque de lxs anarquistas es la forma en la que muchxs compañerxs se acercan a lo social, a las llamadas “luchas sociales”. A mi entender, a menudo se parte de una consideración equivocada, se subestima a la gente, esto nos lleva a ver lo social como algo que trabajar, a lo que hay que acercarse con cautela para no asustarlo y, poco a poco, llevarlo a posiciones más avanzadas hasta que, una vez preparado, nos encontremos juntxs en las barricadas de la insurrección.

Yo estoy convencido de que lxs anarquistas forman parte de lo social y de que deben relacionarse como iguales con lxs “otrxs”, combatiendo todas estas actitudes “paternalistas” que, inevitablemente, desembocan en la política. Lxs anarquistas deben golpear y atacar con todas sus fuerzas, otrxs con tensiones similares tomarán ejemplo de nuestra acción, encontrarán nuevxs cómplices y, cuando finalmente también lxs demás explotadxs decidan levantarse, estallará la insurrección.

Debemos ser nosotrxs quienes dictemos los plazos y los momentos de lucha, cuanto más incisivxs y capaces de golpear en los puntos exactos seamos, mayores serán las posibilidades que tendremos de que se propaguen las prácticas de ataque directo. Esto no quiere decir que no hay que participar en las luchas que surgen de forma espontánea, sino que lo tenemos que hacer con nuestros métodos: el sabotaje y la acción directa.

Si en cierta localidad las personas salen a la calle para oponerse a una cierta nocividad, no es necesario que tratemos de conocerlas una por una, que preparemos comida con ellxs y, pasito a pasito, tratar de conseguir que suban algunos centímetros la barricada que han construido. Esto no acercará la prospectiva insurreccional, es más, debilitará nuestras fuerzas, debemos golpear a la empresa que la construye, a quienes la diseñan, a quienes la financian.

Debemos dejar claro que cualquiera puede tomar las riendas de su vida y destruir aquello que lx destruye. Debemos enfrentarnos a la policía, no sólo cuando intenta desalojar la concentración de turno, sino provocarla y atacarla, hacer ver que es posible, que se puede/se debe golpear primero a los que nos oprimen. Algunx podría argumentar que mi manera de ver las cosas y entender el accionar puede incubar los gérmenes del autoritarismo o del vanguardismo.

Al contrario, creo que contiene, en sí mismo, el antídoto a estos dos males que afligen a la acción revolucionaria. No se disfrazan los propios deseos, se dice claramente lo que se es y lo que se quiere y, sobre todo, en una relación de igualdad con lxs demás, se demuestra que armando las propias pasiones, cualquiera puede oponerse concretamente a este estado de cosas. La política, en mi opinión, se oculta justo en el limitarse para seguir el ritmo a lxs demás, en dejar de lado ciertos discursos para no “asustar” a las personas que no se sienten preparadas para entenderlos.

Debe quedar claro que lxs anarquistas buscan cómplices con lxs que sublevarse y no una opinión pública moderadamente favorable a vagos discursos sobre la libertad y la autogestión. Otra de las críticas que a menudo se les hace a lxs que practican el ataque contra el Estado y el Capital, de forma más o menos inteligente, más o menos acertada, es la de meterse en una espiral de acción/represión con los aparatos del Poder sin dar pasos adelante en el camino de la insurrección.

Ciertamente, es difícil negar que cuanto más representemos un peligro para el Poder, más se emperrará este en reprimirnos, pero esto, por desgracia, es natural y tal concatenación de causa-efecto solamente se detendrá cuando la multiplicación y la propagación de los ataques provoque la ruptura insurreccional.

Pensar que la revolución será sólo el resultado de la toma de conciencia de lxs explotadxs, después de décadas de “entrenamiento” en el gimnasio de las luchas intermedias, guiadxs por una minoría de iluminados que lxs llevan de la mano, yendo a penas un paso por delante de ellas, y aplazando continuamente el momento del conflicto armado, es pura ilusión.

Esta práctica es dos veces perdedora porque, renunciando a la acción directa, renunciamos a vivir plenamente nuestra vida, a hacer aquí y ahora nuestra revolución. En segundo lugar, es perdedora porque deja entender que el Estado dará tiempo a lxs oprimidxs a que se den cuenta de su condición, de conocerse, de organizarse y luego, tal vez, de sublevarse, antes de aplastarlxs.

Un pequeño ejemplo de ello sería la República libre de la Maddalena [de la lucha No Tav de Val Susa]: barrida antes de que nadie pudiese creerse que representaba un peligro real para la autoridad estatal. Además, el Estado, tal vez, más poderoso que la fuerza militar, dispone de un arma eficacísima: la recuperación. Un ejemplo, cuando el problema de la vivienda es apremiante, las luchas y okupaciones se multiplican y si los desalojos no resuelven el problema, el Poder puede jugar la carta de la legalización. ¿Qué harán lxs explotadxs con lxs que hemos luchado codo con codo una vez que tengan un techo sobre la cabeza?

Quizá pidan más, continúen rebelándose, pero se contentarán más fácilmente y nosotrxs estaremos obligadxs a tirarnos de cabeza a la próxima lucha esperando que esta vez nos vaya mejor… Solamente cuando nuestra acción no prevé la posibilidad de mediaciones, cuando nuestra lucha va directa a destruir lo que nos oprime, el Estado no nos podrá engañar con la recuperación: o tiene la fuerza para aplastarnos o deberá sucumbir.

Si tenemos la capacidad de tratar de difundir la práctica del ataque y de la acción directa, si sabemos echar gasolina al fuego de las tensiones sociales, avivándolas e intentando evitar la recomposición, tal vez, consigamos realmente incendiar el terreno. Antes de concluir, querría detenerme en otro aspecto que, a veces, parece ser un freno para nuestra acción: el análisis de los efectos y las transformaciones del dominio.

Con demasiada frecuencia, parece que esta no sirva para darnos mayor capacidad de incidir en la realidad, sino para alimentar miedos y sensación de impotencia frente a la magnitud del desafío y la monstruosidad de las nocividades que afrontar. Cuanto más analizamos los aspectos totalitarios y perjudiciales de la tecnología, más denunciamos los proyectos autoritarios del Estado y menos afilamos nuestras armas.

Aterrorizamos a lxs que les gustaría actuar con investigaciones más o menos profundas sobre los últimos descubrimientos del control. No estoy sosteniendo que no sirvan los análisis y las profundizaciones, sino que no deben convertirse en fines en sí mismos, ejercicios de capacidad intelectual separados de la acción directa. ¿Para qué sirve publicar listas interminables de empresas responsables de la destrucción de la naturaleza si nadie las ataca? Ya por sí solos, la inmensidad y lo imponente a de los aparatos estatales y económicos, a menudo, nos hacen dudar de la posibilidad de golpearles con eficacia.

Desastres ambientales como la marea de petróleo en el Golfo de México o Fukushima parecen decir que no se puede hacer nada para detener la guerra de la sociedad industrial contra el ser humano y la naturaleza. A pesar de todo, no somos indefensxs, mínimxs instrumentos de análisis, la acción directa y la decisión de unxs pocxs pueden demostrar que no todxs nos resignamos a aceptar pasivamente y, al mismo tiempo, indicar a lxs demás explotadxs que todavía es posible oponerse. Por ejemplo, la acción de lxs compañerxs del núcleo Olga de la FAI/FRI nos dice que es posible solidarizarse con lxs afectadxs por la catástrofe nuclear, también desde el otro lado del mundo, y golpear concretamente a la industria del átomo.

Espero que mis reflexiones sirvan para iniciar un debate entre compañerxs cara a aclarar y quitarse de encima todo lo que nos limita en la acción anarquista. Coraje y fuerza para lxs compañerxs que practican la acción anónima, coraje y fuerza para aquellxs que dan nombre a su propia rabia, coraje y fuerza para aquellxs que, con sus acciones, dan vida a la FAI/FRI: Hay todo un mundo por demoler.

Nicola Gai

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La tensión anarquista

Alfredo M. Bonanno
Comenzando a hablar siempre me encuentro más bien en un embarazo, por lo menos al principio. Y este embarazo aumenta respecto a lo que erróneamente se llama una conferencia, o como más modestamente se la intenta de disfrazar, una conferencia-debate. Después de todo se trata de un discurso de alguien que viene de fuera, probablemente de otra generación, como si lloviese del pasado, alguien que sale a esta cátedra, hace un discurso, y consecuentemente se asemeja extraña, y peligrosamente, a quien os machaca el cerebro con otros fines, con otras intenciones. Sin embargo, si ponéis un poco de atención, tras esta semejanza exterior, en los conceptos que ahora seguirán, habrá una considerable diferencia.
El primero de estos conceptos está constituido por la pregunta: ¿qué es el anarquismo? Puesto que sé con seguridad, porque les conozco personalmente, que aquí dentro hay muchísimos anarquistas, es extraño que tome ahora un problema de este tipo. Cuando menos los anarquistas deberían saber qué es el anarquismo. Y por el contrario a cada ocasión es necesario retomar el discurso precisamente por la pregunta ¿qué es el anarquismo? Aunque sea en pocas palabras. ¿Por qué? Normalmente no sucede esto en el resto de expresiones de la vida, en el resto de actividades, en el resto de pensamientos, quien se define o se considera, y también con un cierto fundamento, algo, conoce verdaderamente ese algo.
Pero mira, los anarquistas sin embargo se plantean siempre el problema ¿qué es el anarquismo? ¿Qué significa ser anarquistas?
¿Por qué? Porque no es una definición que una vez conseguida se pueda conservar en caja fuerte, poner a parte, y considerar como un patrimonio al que sacar poco a poco. Ser anarquista no es el haber logrado una certeza, el haber dicho de una vez por todas: “Ya está, yo, finalmente, desde este mismo instante, estoy en posesión de la verdad, y como tal, por lo menos desde el punto de vista de la idea, soy un privilegiado”. Quien razona así es anarquista sólo de boca. Mientras que es realmente anarquista quien se cuestiona a sí mismo como anarquista, como persona, y quien se pregunta: ¿qué es mi vida en función de lo que hago y en relación a lo que pienso? ¿Qué relación alcanzo a mantener diariamente, cotidianamente, en todas las cosas que hago, es una manera de ser aún en acuerdos, pequeños compromisos cotidianos, etc.?
El anarquismo no es por lo tanto un concepto que se sella con una palabra que hace de lápida funeraria. No es una teoría política. Es una forma de concebir la vida y la vida, jóvenes o viejos que seamos, ancianos o chavales, no es algo definitivo: es una apuesta que debemos jugar día tras días. Cuando por la mañana nos levantamos de la cama y ponemos los pies en tierra, hemos de tener un buen motivo para levantarnos, si no lo tenemos, seamos anarquistas o no, no significa nada, más vale quedarnos acostados en la cama, durmiendo. Y para tener un buen motivo debemos saber qué hacer, porque para el anarquismo, para el anarquista, no hay diferencia entre el que hacer y el qué pensar, sino que es un continuo trasvase de la teoría en la acción y de la acción en la teoría. He aquí lo que diferencia al anarquista de cualquier otra persona que tiene una concepción diferente de la vida y que cristaliza esa concepción en un pensamiento político, en una práctica política, en una teoría política.
Es esto lo que normalmente no se os dice, es esto lo que no está escrito en los periódicos, es esto lo que no está escrito en los libros, es esto lo que la escuela calla celosamente porque esto es el secreto de la vida: no separar definitivamente el pensamiento de la acción, las cosas que se saben, las cosas que se comprenden, de las cosas que se hacen, de las cosas a través de las cuales actuamos.
He aquí lo que diferencia a un hombre político de un revolucionario anarquista. No las palabras, no los conceptos, y, permitidme, bajo ciertos aspectos ni siquiera las acciones, porque no es su extremo concluirse en un ataque –pongamos radical- lo que las califica, sino el modo en que la persona, el compañero que realiza estas acciones, consigue convertirlas en momento expresivo de su vida, caracterización específica, valor para vivir, alegría, deseo, belleza, no realización práctica, no torva realización de un hecho que mortalmente se concluye en sí mismo y determina el poder decir: “Yo hoy he hecho esto”, lejos de mí, en la periferia de mi existencia.
Aquí está, esta es una diferencia. Y de esta diferencia emerge otra, a mi parecer considerable. Quien piensa que las cosas por hacer están fuera de el y se realizan tanto con logros como fracasos –qué queréis, la vida está hecha de escalones: se baja un poco, se sube un poco, a veces las cosas van bien, a veces mal- o sea, quien piensa que la vida está hecha de estas cosas: por ejemplo, la figura clásica del político democrático (por supuesto, una persona con la que se puede discutir, un tipo simpático, tolerante, que tiene aspectos permisivos, que cree en el progreso, en el futuro, en una sociedad mejor, en la libertad), o sea, esta persona así conjuntada, vestida probablemente sin traje, sin corbata, tan sencillo, una persona que de cerca parece un compañero y que como tal se declara, esta persona también puede ser muy perfectamente un policía, no cambia nada. ¿Por qué no?, hay policías demócratas, se acabo la época de uniformidad de la represión, hoy la represión tiene aspectos simpáticos, nos reprimen con un montón de ideas brillantes. Bueno, esta persona, este demócrata, ¿cómo podemos distinguirlo, cómo podemos localizarlo, como podemos verlo? ¿Y si ante los ojos nos ponen un velo que nos impida verlo, cómo podemos defendernos de él? Identificándolo mediante este hecho: que para él la vida es realización, su vida son hechos, hechos cuantificables que se devanan ante su vista y nada más.
Cuando hablamos con alguien no podemos pedirle el carnet de afiliación. Muchas veces, a través de sus ideas, acabamos en una gran confusión y no entendemos ya nada, porque somos todos habladores simpáticos y progresistas, todos elogiamos la belleza de la tolerancia y cosas por el estilo. ¿Cómo hacemos para darnos de cuenta que tenemos delante al enemigo, al peor de nuestros enemigos? Porque al menos del viejo fascista nos sabíamos defender, pegaba él y, si éramos lanzados, pegábamos también nosotros, más fuerte que él. Ahora ha cambiado la historia, ha cambiado la situación. Actualmente pescar un fascista apaleador resulta quizá difícil. Pero este sujeto que estamos tratando de delinear, este demócrata que encontramos en todos los niveles, en la escuela o el Parlamento, por la calle o en el uniforme de policía, como juez o como médico, este sujeto aquí nos es enemigo porque considera la vida de una manera diferente a como la consideramos nosotros, porque para él la vida es otra vida y no nuestra vida, porque nosotros para él somos extraterrestres y no veo porqué él debe ser considerado habitante de nuestro mismo planeta. Es ésta la línea que nos divide de él, porque su concepción de la vida es de naturaleza cuantitativa, porque él mide las cosas como éxito, o si queréis también como fracaso, pero de todos modos siempre desde un punto de vista cuantitativo y nosotros la medimos de una forma diversa, y esto es sobre lo que debemos reflexionar: de qué manera para nosotros la vida tiene algo de diferente, cualitativamente diferente.
Entonces, este señor tan bien dispuesto respecto a nosotros nos vierte encima una crítica y dice: “Sí, los anarquistas son simpáticos, pero son incoherentes, ¿qué es lo que han hecho en la historia, qué Estado ha sido anarquista? ¿Han realizado alguna vez un gobierno sin gobierno? ¿No es una contradicción una sociedad libre, una sociedad anarquista, una sociedad sin poder?” Y esa roca crítica que nos llueve encima es verdaderamente de gran dimensión, porque en efecto incluso en aquellos casos en que los anarquistas han estado muy cerca de realizar sus utopías constructivas de una sociedad libre, como por ejemplo en España o Rusia, examinándolas bien, esas construcciones son bastante discutibles. Son ciertamente revoluciones, pero no son revoluciones libertarias, no son la anarquía.
Por lo tanto cuando estos señores nos dicen: “Sois utópicos, vosotros los anarquistas sois ilusos, vuestra utopía no se puede realizar”, nosotros debemos decir: “Sí, es verdad, el anarquismo es una tensión, no una realización, no es un intento concreto de realizar la anarquía mañana por la mañana”. Sin embargo también debemos poder decir: pero vosotros, muy estimados señores demócratas que estáis en el gobierno, que nos reguláis la vida, que pretendéis entrar en nuestras ideas, en nuestros cerebros, que nos gobernáis por medio de la opinión cotidiana que construís en los periódicos, en la universidad, en las escuelas, etc., vosotros, señores, ¿qué habéis realizado? ¿Es un mundo digno de ser vivido? ¿O bien un mundo de muerte, un mundo en el que la vida es un suceso allanado, falto de calidad, sin significado, un mundo en el que se llega a una cierta edad, en la antesala de la jubilación, y nos preguntamos: “¿Pero qué he hecho de mi vida? ¿Qué sentido ha tenido vivir todos estos años?”.
He aquí lo que habéis realizado, aquí vuestra democracia, vuestro concepto de pueblo. Estáis gobernando un pueblo, ¿pero qué quiere decir pueblo? ¿El pueblo qué es? Es quizá la pequeña parte, ni siquiera tan consistente, que va a las votaciones, a las elecciones, que vota por vosotros, que nombra una minoría, la cual nombra después otra minoría aún más pequeña que la primera y que nos gobierna en nombre de las leyes. Pero estas leyes, ¿qué son, si no expresión de los intereses de una pequeña minoría específicamente dirigida a lograr en primer lugar sus propias perspectivas de enriquecimiento, de reforzamiento del poder y este tipo de cosas?
Estáis gobernando en nombre de un poder, de una fuerza que ¿de qué os viene? De un concepto abstracto, habéis realizado una estructura que pensáis puede ser mejorada… ¿mas cómo, de qué manera se ha mejorado en la historia? ¿En qué condición vivimos hoy si no en una condición precisamente de muerte, de aplastamiento de la calidad? Esta es la crítica que debemos devolver contra los sostenedores de la democracia. Si nosotros anarquistas somos utópicos, lo somos como una tensión hacia la calidad; si los demócratas son utópicos, lo son como una reducción hacia la cantidad. Y a la reducción, al apergaminamiento vivido en el ámbito de un dimensión del mínimo daño posible para ellos y del máximo daño verificable para la gran cantidad de personas que resultan explotadas, a esta realidad miserable, nosotros contraponemos nuestra utopía que al menos es una utopía de la calidad, una tensión hacia un futuro diferente, radicalmente diferente del que vivimos ahora.
Por lo tanto todos los discursos que os son dirigidos por cualquiera que os habla en nombre del realismo político, cuando os hablan los hombres del Estado, los profesores, que son los servidores de los hombres del Estado, los teóricos, periodistas, todos los intelectuales que transitan por aulas como estas, con sus discursos os dirigen las palabras calmas y tolerantes del hombre realista, afirmando que no hay otra manera de actuar, que la realidad es la que es, que es necesario hacer sacrificios, aquí, esta gente os está liando. Os está liando porque es verdad que se puede actuar de forma diferente, porque es verdad que cada uno de nosotros puede alzarse en nombre de su dignidad herida ante el engaño, porque es verdad que cada uno de nosotros se puede sentir engañado porque, finalmente, ha podido tomar conciencia de lo que están haciendo en su perjuicio y alzándose cada uno puede cambiar no sólo, en los límites en que es posible conocer, la realidad de las cosas, sino que puede cambiar su vida, puede convertirla en digna de ser vivida, puede levantarse por la mañana, poner los pies en tierra, mirarse al espejo y decir: “Al final he alcanzado a cambiar las cosas, al menos en lo que a mí respecta” y sentirse un hombre digno de vivir su vida, no un títere en manos de un titiritero que ni siquiera es posible ver bien para poder escupirle a la cara.
He aquí el porqué los anarquistas continuamente vuelven a hablar de qué es el anarquismo. Porque el anarquismo no es un movimiento político. También es eso, pero como aspecto secundario. El hecho de que el movimiento anarquista se haya presentado históricamente como un movimiento político no quiere decir que el anarquismo como movimiento político agote todas las potencialidades anarquistas de lo existente. El anarquismo no se resuelve en el grupo anarquista de Cúneo, Turín, Londres o de tantas otras ciudades, etc. No es eso el anarquismo. Cierto, allí también están los compañeros anarquistas y está, espero, o por lo menos se debería presumir que está, el tipo de compañero que individualmente ha comenzado su insurrección, que se ha dado cuenta, que ha tomado consciencia del contexto de obligación y coacción dentro del cual está forzado a vivir. Pero el anarquismo no es sólo eso, sino que es también la tensión de la vida, de la calidad, aquella fuerza que conseguimos sacar de nosotros mismos cambiando la realidad de las cosas. Y el anarquismo es el conjunto de este proyecto de transformación
unido al proyecto que se realiza en el interior de nosotros mismos, con el progresar de nuestro cambio personal. No se trata por tanto de un hecho cuantitativamente considerable desde el punto de vista histórico, no es un hecho que se realiza simplemente con el desarrollo del tiempo y que se deja ver mediante determinadas teorías, mediante algunas personas, mediante ciertos movimientos y tampoco, porqué no, mediante bien precisas acciones revolucionarias. En esta suma de elementos hay siempre algo más, y es este algo más que hace vivir continuamente el anarquismo de forma diferente.
Consecuentemente, entre esta tensión que debemos, según lo veo, conservar siempre dentro de nosotros mismos como tensión hacia lo diverso, hacia lo impensable, lo indecible, hacia una dimensión que debemos realizar y que no sabemos bien en qué modo, y la cotidianidad de las cosas que hacemos y podemos hacer, debemos mantener siempre un ligamen, una relación precisa de cambio, de transformación.
El primer ejemplo que me viene en mente sobre este argumento es todavía otro elemento contradictorio. Pensad en el concepto del problema: “Hay problemas por resolver”, ésta es una frase clásica. Tenemos todos problemas por resolver, la vida es un problema por resolver, el vivir es un problema, cualquier aspecto de la realidad, desde la propia condición social, desde el deber romper un cerco que nos rodea, a la simple vicisitud que cotidianamente afrontamos, todo eso lo consideramos un problema. ¿Pero los problemas son solucionables?
Y aquí hay una gran equivocación. ¿Por qué? La estructura que nos oprime sugiere la idea de que los problemas son solucionables y que es ella misma quien los soluciona. Y aún más, esta estructura sugiere el ejemplo (creo que muchos de los presentes son estudiantes) de los problemas que se resuelven en geometría, en matemáticas, etc. Pero este tipo de problema, el problema matemático, que es considerado como un ejemplo del problema solucionable, no es más que un falso problema, por lo que es posible resolverlo ya que en el momento en que afrontamos un problema matemático la respuesta al problema está ya contenido en la presentación del problema mismo, es decir la respuesta es una repetición del problema de forma diferente, o sea, como se dice técnicamente, una tautología. Se dice una cosa y se responde con la misma cosa, por lo que, a grosso modo, no hay solución al problema, sino que hay una repetición del problema de forma diferente.
Ahora bien, cuando se habla de resolver un problema que afecta a la vida de todos nosotros, nuestra existencia cotidiana, se habla de problemas que tienen una complejidad tal que no se puede contener dentro de una simple repetición del problema mismo. Por ejemplo, si decimos: “El problema de la policía”, la existencia de la policía para muchos de nosotros constituye un problema. No hay duda de que el policía es un instrumento de opresión a través del cual el Estado nos impide hacer determinadas cosas. ¿Cómo se hace para resolver un problema de este tipo? ¿Existe la posibilidad de resolver el problema de la policía? La pregunta, de por sí, se revela inconsistente. No existe la posibilidad de resolver el problema de la policía. Pero desde el punto de vista del razonamiento democrático existe un problema de resolver algunos aspectos del problema de la policía, democratizando las estructuras, transformando la mentalidad del policía y cosas por el estilo. Ahora, pensar que ésta sea una solución al problema del control y de la represión es cuanto menos estúpido, además de ilógico, en efecto no es más que una forma de modular la represión según los intereses del poder, según los intereses del Estado. De hecho, si hoy sirve una policía democrática, mañana podría servir una estructura de control y represión mucho menos democrática que hoy y la policía diría de nuevo como ha hecho en el pasado: obedezco, quizá expeliendo o eliminando de su interior rarísimas y marginalísimas minorías que lo ven diferente.
Cuando digo policía entiendo cualquier estructura represiva desde los carabinieri a la magistratura, cualquier expresión del Estado que sirve simplemente como aspecto de control y represión. Como veis, consecuentemente, los problemas sociales no son solucionables. El engaño, por parte de las estructuras democráticas, de pretender resolver los problemas, es un engaño que hace ver como no existe ninguna afirmación del pensamiento político democrático que se apoye en un mínimo de realidad, en un mínimo de concreción. Todo se basa en la posibilidad de jugar sobre el error de que de todas formas las cosas se pueden ajustar con el tiempo, se pueden mejorar, se pueden ordenar. Es sobre este ordenamiento en donde se basa la fuerza del poder, y es sobre este ordenamiento que los dominantes rigen a medio y largo plazo. Cambian las cartas, cambian las relaciones y nosotros esperamos que llegue lo que ellos nos han prometido, algo que no llega nunca, porque estas mejoras no se materializan nunca, porque el poder permanece, cambiando y transformándose en la historia, permanece siempre el mismo, permanece siempre: un puñado de hombres, una minoría de privilegiados que gestiona las palancas del dominio, que realiza sus propios intereses y tutela las condiciones de supremacía de quien está al mando, de quien continúa dominando.
Ahora, nosotros ¿qué poseemos como instrumento para contrarrestar este estado de cosas? ¿Nos quieren controlar? Y nosotros rechazamos el control. Ciertamente esto podemos hacerlo, sin duda lo hacemos, tratamos de minimizar los daños. Pero, en un contexto social, el rechazo del control es válido hasta un cierto punto. Podemos circunscribir ciertos aspectos, podemos gritar cuando somos golpeados injustamente, sin embargo está claro que hay determinados lugares del dominio donde reglas que se llaman leyes, carteles que señalan alambradas, hombres que se llaman policías nos impiden entrar. No hay duda, probad a entrar en el Parlamento y veréis lo que pasa, no sé. No se pueden superar determinados niveles, determinados controles no pueden ser evitados.
Entonces, nosotros contra esta situación, ¿qué contraponemos ¿Simplemente un sueño? Una teoría de libertad, que encima incluso debe ser formulada bastante correctamente, porque no podemos decir: “La libertad de los anarquistas es simplemente una reducción del control”. En ese caso caeremos en el error: “¿Pero dónde se debe detener esa reducción del control? ¿Quizá en un control mínimo?” ¿Por ejemplo el Estado se volvería legítimo como Estado, para nosotros anarquistas, si en vez de ser el Estado opresor de hoy fuese, pongamos, el ideal Estado mínimo de los liberales? Evidentemente no. Por lo tanto no es éste el razonamiento a hacer. No está por lo tanto constituido por una limitación del control lo que podemos tratar de obtener y alcanzar, sino por una abolición del control. Nosotros no estamos por una mayor libertad, una mayor libertad se da al esclavo cuando se le alarga la cadena, nosotros estamos por la abolición de la cadena, consecuentemente estamos por la libertad, no por una mayor libertad. Y la libertad quiere decir ausencia de cadenas, quiere decir ausencia de límites con todo lo que de esta afirmación se desprende.
La libertad es un concepto no sólo difícil y desconocido, sino que es un concepto doloroso, y por el contrario se nos vende como un concepto bellísimo, dulce, relajante, como un sueño que está totalmente lejano como para hacernos sentir bien, como todas las cosas que por lejanas constituyen una esperanza, una fe, una creencia. En otras palabras, aquello intocable que resuelve los problemas de hoy no porque en efecto los resuelva sino porque simplemente los tapa, los empaña, los modifica, impidiendo una clara visión de todas las desgracias que tenemos hoy. Bueno, un día seremos libres, bueno, estamos en dificultades, pero en estas dificultades hay una fuerza subterránea, un orden involuntario que no depende de ninguno de nosotros, que trabaja en nuestro lugar, que poco a poco hará modificar las condiciones de sufrimiento en que vivimos y nos llevará a una dimensión libre en la que viviremos todos felices. No, la libertad no es esto, esto es un engaño que se parece mucho, y trágicamente, a la vieja idea de Dios, la idea de Dios que nos ayudaba tantas veces, y ayuda también hoy a tantas personas en el sufrimiento, porque éstas se dicen: “Bueno, hoy sufrimos, pero en el otro mundo estaremos bien”, o mejor como dice el Evangelio los últimos serán los primeros, consecuentemente esta inversión anima a los últimos de hoy porque serán los primeros de mañana.
Si diésemos por real un concepto de libertad de este tipo, acunaremos los sufrimientos de hoy, aplicaremos una pequeña medicación sobre las plagas sociales de hoy, exactamente del mismo modo que el cura con su sermón, con su razonamiento, aplica una pequeña mediación sobre las plagas de los pobres dispuestos a escucharle, que se ilusionan con que el reino de Dios les librará de los sufrimientos. Está claro que los anarquistas no pueden hacer el mismo razonamiento, la libertad es un concepto destructivo, la libertad es un concepto que comprende la absoluta eliminación de cualquier límite. Ahora, la libertad es una hipótesis que debe permanecer en nuestro corazón, pero dispuestos a afrontar todos los riesgos de la destrucción, todos los riesgos de la destrucción del orden constituido en que vivimos. La libertad no es un concepto que puede consolarnos en espera de que se desarrollen mejoras prescindiendo de nuestra capacidad real de intervención.
Para darse cuenta de conceptos de este tipo, para darse cuenta de los riesgos que se corren manejando conceptos peligrosos de este tipo, debemos ser capaces de construir en nosotros las ideas, de tener las ideas.
También sobre este punto hay equívocos considerables. Está en circulación la costumbre de considerar como idea cualquier concepto que tengamos en mente. Uno dice: “Se me ha ocurrido una idea”, y de este modo trata de identificar lo que es una idea. Esta es la teoría cartesiana que se contraponía a aquella platónica de la idea como punto de referencia abstracto, lejano, etc. Pero no es éste el concepto al que nos referimos nosotros cuando hablamos de idea. La idea es un punto de referencia, es un elemento de fuerza que transforma la vida, es un concepto que ha sido cargado de valor, es un concepto de valor que se convierte en concepto de fuerza, algo capaz de desarrollar de manera diferente nuestra relación con los demás, todo esto es la idea. Sin embargo, en efecto, la fuente a través de la que nos llegan los elementos para que podamos elaborar ideas de este tipo, ¿cual es? La escuela, la academia, la universidad, los periódicos, los libros, los profesores, los especialistas y similares, la televisión. Pero a través de estos instrumentos de información y de elaboración cultural, ¿qué nos llega? Nos llega un cúmulo más o menos considerable de informaciones que llueve sobre nosotros en cascada, hierve como en una olla, dentro de nosotros, y nos hace producir opiniones. No tenemos ideas, tenemos opiniones.
Aquí la trágica conclusión. Sin embargo, ¿qué es la opinión? Es una idea allanada que ha sido uniformada para adecuarla a grandes cantidades de personas. Las ideas de masas o las ideas masificadas son opiniones. El mantener estas opiniones es importante para el poder porque es mediante la opinión, la gestión de la opinión, como se obtienen determinados resultados, sin ir más lejos, por ejemplo, el mecanismo de la propaganda a través de los grandes medios de información, la realización de los procesos electorales, etc. La formación de las nuevas élites de poder no tiene lugar por medio de las ideas, sino que tiene lugar por medio de las opiniones.
¿Contraponerse a la formación de opinión qué quiere decir? ¿Quiere decir quizá adquirir un mayor número de informaciones? Es decir, ¿contraponerse a la información con una contrainformación? No, eso no es posible, porque por más vueltas que demos al problema no podemos tener la capacidad de colocar contra el grandísimo número de informaciones por el que somos bombardeados cotidianamente, nuestra contrainformación capaz de “desvelar”, a través de un proceso de ver lo que hay detrás, la realidad que ha sido “sustituida” por la verborrea informativa. No podemos obrar en ese sentido. Cuando hacemos ese trabajo muy rápidamente vemos que es inútil, no logramos convencer a las personas.
He aquí porqué los anarquistas han afrontado críticamente el problema de la propaganda. Sí, claro, como veis hay una mesita bien surtida, como sucede en todos los lugares cuando se realizan iniciativas y conferencias de este tipo. Siempre están nuestros folletos, siempre están nuestros libros. Estamos
supercargados de periódicos y tenemos mucha capacidad haciendo este tipo de publicismo. Pero no es sólo ése el trabajo que debemos hacer, y cuando ese trabajo hagamos no debe contener elementos de contrainformación, o que si los contenga se trate de hechos accidentales. Este trabajo está dirigido esencialmente, o debería estar dirigido, a constituir una idea o unas pocas ideas de base, unas pocas ideas fuerza.
Pongamos un único ejemplo. En los últimos tres o cuatro años se ha desarrollado el asunto que los periódicos, con una palabra horrenda, llaman de “Tangentopoli” o de Manos Limpias, y tal. Ahora, toda esta operación ¿qué ha construido en las personas? Ha construido la opinión de que la magistratura es capaz de arreglar las cosas, de hacer condenar a los políticos, de cambiar las condiciones, por lo tanto de llevarnos de las viejas concepciones típicas de la primera República Italiana a la nueva de la segunda República Italiana. Está claro que este proceso, esta opinión, es muy útil, por ejemplo ha permitido el crecimiento de una “nueva” élite de poder, que ha sustituido a la precedente. Nueva por decir algo, nueva hasta un cierto punto, se mire como se mire con ciertas características de novedad y con tristes representaciones de viejas costumbres y de viejos personajes. De esta manera funciona la opinión.
Ahora comparad este proceso de formación de una opinión que ha dado beneficios considerables sólo para ellos, con la construcción de una idea fuerza como podría ser una análisis profundo del concepto de justicia. La diferencia es abismal. ¿Pero qué es justo? Por ejemplo, ha sido ciertamente justo para muchos, y lo hemos considerado justo también nosotros, que Craxi(1) haya sido obligado a recluirse en su villa tunecina. La cosa ha sido simpática, incluso nos ha hecho reír, incluso nos ha hecho sentirnos bien, porque cuando cerdos de este nivel acaban siendo apartados es algo simpático. ¿Pero es ésta la verdadera justicia? Por ejemplo, Andreotti(2) se encuentra en apuros, al parecer se ha besado en las mejillas con Riina(3). Noticias de este tipo está claro que nos inspiran simpatía, nos hacen estar mejor porque un puerco como Andreotti no hay duda de que molestaba incluso a nivel físico, simplemente con mirarlo en televisión. ¿Pero es éste el concepto de justicia? Fijaos que en lo que respecta a Di Pietro(4) y Borrelli(5) hay un entusiasmo de estadio. ¿Qué quiere decir un entusiasmo de estadio? Quiere decir que millones de personas se han visto envueltas en el proceso de uniformación de la opinión.
Mientras que el concepto de justicia sobre el que nosotros deberemos tratar de reflexionar es diferente. ¿A qué nos debería llevar el concepto de justicia? Nos debería llevar a admitir que sin son responsables Craxi o Andreotti al mismo título que ellos es responsable gente como Borrelli y Di Pietro. Porque si los primeros eran hombres políticos los otros son magistrados. Concepto de justicia significa fijar una línea de demarcación entre quién es sostén y justificación y fuerza del poder y quien a éste se contrapone. Si el poder es injusto en cuanto a su misma existencia lo vuelve injusto, y si todos los intentos para justificarse a sí mismo, algunos de los cuales hemos visto antes, se revelan timos, cualquier hombre del poder, más o menos demócrata, sea lo que sea que haga estará siempre en el extremo opuesto de la justicia.
La construcción de un concepto de justicia de este tipo es evidentemente la formación de una idea, de una idea que no se encuentra sobre los periódicos, de una idea sobre la que no se profundiza en las aulas de las escuelas o en las aulas universitarias, que no puede constituir elemento de opinión, que no puede llevar a la gente a votar. Más bien, esta idea lleva a la gente a estar en contraposición consigo misma. Porque ante el tribunal de sí mismo cada uno se pregunta: “¿Pero yo, ante la idea de justicia, cuando me parece bonito lo que hace Di Pietro, cómo me coloco, también yo me dejo meter en el saco, también yo soy un instrumento de opinión, también yo soy la terminal de un enorme proceso de formación del poder y consecuentemente también yo me convierto no sólo en esclavo del poder sino en cómplice del poder?”.
Por fin hemos llegado, hemos llegado a nuestras implicaciones. Porque si es cierto el concepto del que hemos partido de que para el anarquista no hay diferencia entre teoría y acción, en el momento en que esta idea de justicia se hace luz en nosotros, si esta idea ilumina sea siquiera por un instante nuestro cerebro, esta luz no podrá apagarse jamás porque cada momento, cualquier cosa que pensemos, nos sentiremos culpables, nos sentiremos cómplices, cómplices de un proceso de discriminación, represión, genocidio, muerte, proceso del que no podremos ya nunca considerarnos ajenos. ¿Cómo podemos definirnos entonces revolucionarios, anarquistas? ¿Cómo podemos definirnos sostenedores de la libertad? ¿De qué libertad hablamos si hemos dado nuestra complicidad a los asesinos que están al poder?.
Mirad como es de diferente y crítica la situación de quien inmediatamente alcanza, por análisis profundo de la realidad o simplemente por casualidad o desgracia, a hacer penetrar en su propio cerebro una idea tan clara como la idea de justicia. Ideas de este tipo no hay muchísimas. La idea de libertad, por ejemplo, es lo mismo. Quien por un instante piensa en qué es la libertad, no puede contentarse con hacer algo para que se pueda aumentar un poquito las libertades de la situación en que vive. Desde aquel momento en adelante él se sentirá culpable y tratará de hacer algo para aliviar su sentido de, sufrimiento. Se sentirá culpable por no haber hecho algo hasta ese momento, y desde ese momento entrará en las condiciones de una vida diferente.
En el fondo, con la formación de opinión, ¿qué quiere el Estado? ¿El poder qué quiere?. Sí, por supuesto, quieren crear una opinión media para que después a partir de ésta se puedan realizar ciertos movimientos del tipo delegación electoralista, formación de1as minorías de poder y cosas por el estilo. Pero no quieren sólo eso, quieren nuestro consenso, quieren nuestra aprobación, y el consenso es hallado mediante determinados instrumentos, especialmente de naturaleza cultural. Por ejemplo, la escuela es uno de los almacenes a través de los cuales se halla el consenso y se construye la futura mano de obra de naturaleza intelectual, y no sólo intelectual.
Las transformaciones productivas del capitalismo de hoy necesitan un tipo de hombre diferente al de ayer. Ayer, hasta hace poco tiempo, había necesidad de un hombre que tuviese su capacidad profesional, su orgullo de esta capacidad, su cualificación profesional. Ahora la situación ha cambiado bastante. El mundo del trabajo pide una cualificación media, mejor incluso baja, y pide cualidades que una vez no sólo no estuvieron presentes sino que ni siquiera eran pensables, por ejemplo la flexibilidad, la adaptabilidad, la tolerancia, la capacidad de intervenir a nivel asambleario.
Mientras antes; por poner un ejemplo específico, la producción de las grandes empresas se basaba en la realización de las grandes líneas de producción basadas en las cadenas de montaje, ahora se tienen estructuras diferentes o robotizadas o construidas sobre la base de las islas, de pequeños grupos que trabajan juntos, que se conocen, que se controlan mutuamente y cosas así. Este tipo de mentalidad no es sólo la mentalidad de la fábrica, no es sólo “el obrero nuevo” que están construyendo, sino que es “el hombre nuevo” que están construyendo: un hombre flexible, con ideas medias, opaco en sus deseos, con una reducción fortísima del nivel cultural, con un lenguaje empobrecido, con lecturas estandarizadas que son sólo ésas, siempre ésas, una capacidad de razonamiento circunscrita contrapuesta a una capacidad elevadísima de saber decidir con brevedad entre el sí y el no de una solución, de saber escoger entre dos posibilidades, un botón amarillo, un botón rojo; un botón negro, un botón blanco. Helo aquí, este tipo de mentalidad están construyendo. ¿Y dónde lo están construyendo? Lo están construyendo en la escuela, pero lo construyen también en la vida de todos los días.
¿Qué harán con un hombre de este tipo? Les servirá para poder realizar todas las modificaciones que son importantes para la reestructuración del capital. Les servirá para poder gestionar mejor las condiciones y las relaciones de mañana. ¿Cómo serán estas relaciones? Éstas estarán basadas en modificaciones cada vez más veloces, apelando a la satisfacción de deseos absolutamente inexistentes pero pilotados y queridos de una manera determinada en pequeños grupos paso a paso más consistentes. Este tipo de hombre nuevo es exactamente lo contrario de lo que nosotros podamos desear e imaginar, lo contrario de la calidad, lo contrario de la creatividad, lo contrario del deseo real, de la alegría de vivir, lo contrario de todo esto. ¿Cómo podemos combatir contra la realización de este hombre tecnológico? ¿Cómo podemos luchar contra esta situación? ¿Podemos esperar a que llegue un día, un hermoso día, para poner el mundo patas arriba, lo que los anarquistas del siglo pasado llamaban “la grande soirée”, la gran tarde o el gran día -“le grand jour”-, en el que fuerzas que nadie puede prever acabarán por tomar las riendas y explotar en el conflicto social que todos esperamos y que se llama revolución por el que todo cambiará y será el mundo de la perfección y de la alegría?.
Ésta es una teoría milenarista. Ahora que se avecina el fin del milenio podría incluso volverse a erguir. Pero las condiciones son diferentes, no es ésta la realidad, no es esta espera lo que nos puede interesar. En vez de eso nos interesa otra intervención, una intervención mucho más pequeña, más modesta pero capaz de conseguir algo. Nosotros, como anarquistas, estamos llamados a hacer algo, somos llamados por nuestras responsabilidades y por lo que decíamos antes. En el momento en que la idea se enciende en nuestra mente, no la idea de la anarquía, sino la idea de la justicia, de la libertad, cuando estas ideas se encienden en nuestra mente y cuando a través de estas ideas alcanzamos a entender cómo es el engaño que tenemos enfrente, que podremos definir, hoy como nunca, un engaño democrático, ¿qué hacemos? Nos debemos poner manos a la obra y este manos a la obra significa también organizarse, significa crear las condiciones de enlazamiento y referencia entre nosotros anarquistas que deben ser diferentes de las que eran las condiciones de ayer.
Hoy la realidad ha cambiado. Como decíamos antes, están construyendo un hombre diferente, un hombre descualificado y lo están construyendo porque tienen necesidad de crear una sociedad descualificada. Pero, descualificado el hombre, han quitado del centro de la concepción de la sociedad política de ayer la que era la figura del trabajador. El trabajador ayer soportaba el peor peso de la explotación. Por este motivo se pensaba que debiese ser él, como figura social, quien diese inicio a la revolución. Basta con pensar en el análisis marxista. En el fondo, todo “El Capital” de Marx está dedicado a la “liberación” del trabajador. Cuando Marx habla del hombre, se sobreentiende el trabajador; cuando desarrolla su análisis sobre el valor, habla de tiempos de trabajo; cuando desarrolla su análisis sobre la alienación, habla del trabajo. No hay nada que no tenga que ver con el trabajo. Pero eso porque en el análisis marxista, en los tiempos en que fue desarrollado, el trabajador permanecía central, efectivamente la clase trabajadora podía ser teorizada como centro de la estructura social.
Si bien con análisis diferentes, también los anarquistas se acercaron a una consideración bastante similar en lo que se refería a la posición del trabajador como centro del mundo social, la clase trabajadora como centro. Pensemos en el análisis anarco-sindicalista. Para los anarco-sindicalistas se trataba sólo de llevar a las extremas consecuencias el concepto de lucha sindical, desvincularlo de la más restringida dimensión de la reivindicación sindical, para poderlo desarrollar hasta la realización, mediante la huelga general, del hecho revolucionario. Consecuentemente la sociedad del mañana, la sociedad liberada o anarquista, según los anarco-sindicalitas, no era más que la sociedad de hoy libre del poder, con las mismas estructuras productivas que hoy, pero no ya en manos del capitalista sino en manos de la colectividad que la administraría colectivamente.
Este concepto hoy es absolutamente impracticable por diversos motivos. Primero de todo, porque las transformaciones tecnológicas que se han realizado no permiten un paso simple y lineal de la sociedad precedente, actual, en que vivimos a una sociedad futura en la que desearíamos vivir. Este pase directo es imposible por un motivo muy simple, por ejemplo la tecnología telemática no podría ser utilizada de una forma liberada, de una forma liberadora. La tecnología y las implicaciones telemáticas no se han limitado sólo a realizar determinadas modificaciones en el interior de ciertos instrumentos, sino que han transformado también las otras tecnologías. Pongamos, la fábrica no es1a estructura de la fábrica dé ayer con encima la agregación del medio telemático, sino que es la fábrica telemática, que es absolutamente otra cosa. Tengamos eh cuenta que de, todos estos conceptos naturalmente podemos hablar de manera muy general porque requerirían un tiempo considerable para ser mejor profundizados. Consecuentemente la imposibilidad de utilizar este patrimonio, y por lo tanto este pase, camina paralelamente al final del mito de la centralidad de la clase obrera.
Actualmente, en una situación en la que la clase obrera se ha prácticamente pulverizado, no existe la posibilidad de utilización de los denominados medios de producción que se deberían expropiar, y entonces, ¿cuál es la conclusión? No queda otra conclusión posible que esta masa de medios de producción que tenemos enfrente debe ser destruida. Sólo nos queda la posibilidad de pasar a través de una dramática realidad de destrucción. La revolución que podemos teorizar, y de la cual además no estamos seguros, no es la revolución de ayer que se imaginaba un simple hecho, que podía además acaecer sólo en un día o en una hermosa tarde, sino un largo, trágico, sangrantísimo asunto que podrá pasar por procesos inimaginablemente violentos, inimaginablemente trágicos.
Y es hacia este tipo de realidad que nos acercamos. No porque este sea nuestro deseo, no porque nos gusta la violencia, la sangre, la destrucción o la guerra civil, las muertes, las violaciones, la barbarie, no es eso, sino porque es el único camino plausible, es el único que las transformaciones queridas por quien nos domina y por quien nos manda han convertido necesario. Se han dirigido ellos hacia este camino. No podemos ahora sólo con un simple vuelo de nuestro deseo, una simple imaginación, cambiar algo. Entonces, si en la teoría pasada, en la que existía aún una fuerte clase obrera, se nos podía ilusionar con aquel pase, se nos organizaba en consecuencia. Por ejemplo, las hipótesis organizativas del anarco-sindicalismo preveían un fuerte movimiento sindical que, penetrando en la clase obrera y organizándola casi en su totalidad, realizase esa expropiación y ese pase. No estando ya este sujeto colectivo que probablemente ha sido mítico desde su nacimiento, y que en cualquier caso ahora no existe ni siquiera en su misma visión mítica transcurrida, ¿Que sentido tendría, y que sentido tiene, un movimiento sindical anarco-sindicalista? Ningún sentido.
Por lo tanto la lucha debe partir de otros sitios, debe partir con otras ideas y debe partir con otros métodos. De ahí que nosotros hayamos desarrollado desde hace aproximadamente quince años una crítica del sindicalismo y del anarco-sindicalismo, de ahí que nosotros seamos y nos definamos anarquistas insurreccionalistas. No porque pensemos que la solución sean las barricadas. Las barricadas quizá pueden ser una trágica consecuencia de elecciones que no son las nuestras, sino que somos insurreccionalistas porque pensamos que la acción del anarquismo debe necesariamente afrontar problemas gravísimos que no son queridos por el anarquismo pero que son impuestos por la realidad que los dominadores han construido, y que no podemos eliminar con un simple vuelo de nuestro deseo.
Una organización anarquista que se proyecta hacia el futuro debería consecuentemente ser más ágil. No puede presentarse con las características pesadas, cuantitativamente pesadas, de las estructuras del pasado. No puede presentarse a través de una dimensión de síntesis, como por ejemplo la organización del pasado cuya estructura organizativa anarquista pretendía reasumir la realidad en su propio interior a través de determinadas “comisiones” que trataban los varios problemas, comisiones que después tomaban sus propias decisiones en un congreso periódico anual que se pronunciaba sobre la base de tesis que probab1ememe se remontaban al siglo pasado. Todo esto tuvo su época, no porque haya pasado un siglo desde que fue ideado, sino porque la realidad ha cambiado.
De ahí que nosotros sostengamos la necesidad de la formación de pequeños grupos basados en el concepto de afinidad, grupos incluso minúsculos que están constituidos por pocos compañeros que se conocen, que profundizan en ese conocimiento, porque no puede haber afinidad si no nos conocemos. Nos podemos reconocer como afines sólo profundizando precisamente los elementos que determinan las diferencias, frecuentándose. Este conocimiento es un hecho personal, pero es también un hecho de ideas, de debates, de discusiones. Mas, en vigor del primer discurso que hemos hecho esta tarde, si os acordáis, no hay profundización de ideas que no sea igualmente práctica de cosas a hacer junto, de acciones, de realizaciones de hechos. Por lo tanto entre la profundización de ideas y la realización de los hechos hay un continuo trasvase mutuo.
Un pequeño grupo constituido por compañeros que se conocen y que se identifican a través de una afinidad, un pequeño grupo que se reuniese solo para soltar cuatro chismes por la tarde sería un grupo no de afinidad sino un grupo de simpáticos socios que reuniéndose por la tarde pueden hablar de cualquier cosa. Por el contrario un grupo que se reúne para discutir pero que discutiendo se coloca en conjunto para hacer y que haciendo contribuye a desarrollar la discusión que llevada adelante se transforma en otras ocasiones de hacer, éste es el mecanismo de los grupos de afinidad. ¿Cuál puede ser despuéS el modo en que a los grupos de afinidad les sea posible entrar en contacto con otros grupos de afinidad respecto a los cuales no es necesario el conocimiento profundo que por el contrario es indispensable dentro de cada grupo? Este contacto puede ser asegurado por la organización informal.
¿Pero qué es una organización informal? Entre los diversos grupos de afinidad que entran en contacto entre si, para intercambiarse ideas y hacer cosas conjuntamente, puede haber una relación de naturaleza informal y consecuentemente la construcción de una organización, incluso amplísima a nivel territorial, incluso de decenas y, por qué no, de centenares de organizaciones, de estructuras, de grupos, que tienen una característica informal que es siempre justamente la discusión, la periódica profundización de problemas, de las cosas a hacer juntos, y cosas así. Esta estructura organizativa del anarquismo insurreccional es diferente de la organización de la que habíamos discutido antes a propósito de las formas del anarco-sindicalismo.
Pero este análisis de las formas organizativas, dicho acá en pocas palabras, merecería una profundización, cosa que no puedo hacer aquí, en el ámbito de una conferencia. Una organización de este tipo, en efecto, quedaría a mi modo de ver sólo como un hecho interno al movimiento si no se realizase también en relaciones con el exterior, esto es a través de la construcción de grupos de referencia externos, de núcleos externos basados también en una característica informal. No es necesario que estos grupos de base estén constituidos sólo por anarquistas: en su interior podrá participar la gente que tiene intención de luchar para alcanzar la determinados objetivos, aunque sean circunscritos, a condición de que estén basados en algunas condiciones esenciales. Primero de todo la “conflictividad permanente”, es decir grupos que tienen la característica de atacar la realidad en la que se encuentran, sin esperar la orden de alguien. Después la característica de ser “autónomos”, esto es de no depender ni relacionarse con partidos políticos u organizaciones sindicales. Por último la característica de afrontar los problemas uno cada vez y no de proponer plataformas sindicales genéricas que inevitablemente se traducirían en la gestión de un mini-partido o un pequeño sindicato alternativo. El resumen de estas tesis puede parecer más bien abstracto y es por eso que antes de concluir quiero poner un solo ejemplo para que en la práctica algunas de estas cosas se entiendan mejor.
En el intento que se hizo, en los primeros años Ochenta, buscando impedir la construcción de la base de misiles americana en Comiso fue aplicado un modelo teórico de este tipo. Los grupos anarquistas que intervinieron a lo largo de dos años construyeron las “ligas autogestionadas”. Estas ligas autogestionadas eran precisamente grupos no anarquistas que operaban en el territorio y que tenían como único objetivo el de impedir la construcción de la base destruyendo el proyecto en curso de realización.
Las ligas eran por lo tanto núcleos autónomos con las siguientes características: tenían como único fin el de atacar y destruir la base. Por lo tanto no tenían una serie de problemas, porque si se hubiesen propuesto una serie de problemas se habrían convertido en grupos de sindicalistas con él objetivo, pongamos, de la defensa del puesto de trabajo, o de encontrar un trabajo, o quizá de resolver otros problemas inmediatos. En vez de eso tenían como fin sólo el de destruir la base. La segunda característica era la conflictividad permanente, esto es desde el primer momento en que estos grupos fueron constituidos (no eran grupos anarquistas, sino grupos de personas en los cuales había también anarquistas) desde el primer momento en que fueron constituidos, decía, estos grupos entraron en conflicto con todas las fuerzas que querían construir la base, sin que esta conflictividad fuese determinada o declarada por organismos representativos o responsables de los grupos mismos. Y la tercera característica era la autonomía de estos grupos, es decir que estos no dependían ni de partidos, ni de sindicatos ni similares. Las vicisitudes de la lucha contra la construcción de la base en parte son conocidas, en parte no y no se si viene al caso retomar acá su historia, quería sólo referirme a ésta a título de ejemplo.
Por lo tanto el anarquismo insurreccionalista debe superar un problema esencial, para ser tal debe superar un límite, si no sólo queda la hipótesis del anarquismo insurreccionalista. Esto es, los compañeros que forman parte de los grupos de afinidad y que por lo tanto han operado lo que decíamos antes, aquella insurrección de naturaleza personal, aquella iluminación que dentro de nosotros produce las consecuencias de una idea fuerte que se contrapone a la verborrea de las opiniones, aquí, estos compañeros, entrando en relación con otros compañeros, también de otros sitios, a través de una estructura de tipo informal, hasta ese punto han realizado sólo una parte del trabajo. En un cierto punto deben decidirse, deben superar esta línea de demarcación, deben dar un paso del que después no es fácil dar marcha atrás. Deben entrar en relación con personas que anarquistas no son, en función de un problema que es intermedio, que está circunscrito (la destrucción de la base de Comiso, por cuanto fantástica esta idea pudiese ser, o interesante, o simpática, evidentemente no era la anarquía, no era a buen seguro la realización de la anarquía). ¿Qué habría sucedido si realmente se hubiese alcanzado a entrar en la base y destruirla? Yo no lo sé. Probablemente nada, probablemente todo. No lo se, no se puede saber, nadie puede saberlo. Pero la belleza de la realización de aquel hecho destructivo no se halla en sus posibles consecuencias.
Los anarquistas no aseguran nada de las cosas que hacen, sino que identifican las responsabilidades de personas y las responsabilidades de estructuras y por lo tanto en base a una decisión se determinan a la acción y desde ese momento en adelante se sienten seguros de sí, porque aquella idea de justicia que actúa dentro de ellos ilumina la acción, hace ver las implicaciones de una persona, de más personas, de una estructura, de más estructuras y por lo tanto las consecuencias de estas implicaciones. Aquí se coloca la determinación de actuar de los anarquistas.
Sin embargo una vez que actúan junto a otras personas, deben también tratar de construir organismos sobre el territorio, esto es organismos que tengan la capacidad de aguantarse, de causar consecuencias en la lucha contra el poder. No debemos olvidar en efecto, y es importante esta reflexión, que l poder se realiza en el espacio, es decir, el poder no es una idea abstracta. El control no sería posible si no estuviesen los cuarteles de policía, si no estuviesen las cárceles. El poder legislativo no sería posible si no estuviese el Parlamento, si no estuviesen los parlamentitos regionales. El poder cultural que nos oprime, que construye la opinión, no sería posible si no estuviesen las escuelas o las universidades.
Ahora, las escuelas, las universidades, los cuarteles, las cárceles, las industrias, las fábricas, son lugares que se materializan en el territorio, son zonas acotadas en las que nosotros podemos movernos sólo si aceptamos determinadas condiciones, o sea si aceptamos el juego de las partes. Estamos aquí dentro porque hemos aceptado el juego de las partes, en caso contrario no habríamos podido entrar. Esto es interesante. Podemos utilizar incluso estructuras de este tipo, pero en el momento del ataque estos lugares nos son prohibidos. Si entrásemos aquí dentro con la intención del ataque, la policía nos lo habría impedido, me parece claro.
Ahora, ya que el poder se realiza en el espacio, la relación del anarquista con el espacio es importante. Ciertamente la insurrección es un hecho individual y por lo tanto, en aquel sitio recóndito de nosotros mismos, por la tarde cuando nos estamos adormeciendo pensamos “…bueno, a fin de cuentas las cosas no van tan mal”, porque uno se siente en paz consigo mismo y se duerme. Aquí está, en este lugar particular que está privado de espacio, nos movemos como queremos. Pero después debemos además transitar nosotros mismos por el espacio de la realidad y el espacio, si lo pensáis bien, está casi exclusivamente bajo la tutela del poder. Consecuentemente, moviéndonos en el espacio, llevamos con nosotros estos valores de insurrección, estos valores revolucionarios, estos valores anarquistas y los medimos en un enfrentamiento en el que no estamos sólo nosotros.
Debemos localizar pues los que son los objetivos significativos y si éstos están y, mira por dónde, estos objetivos están siempre y por doquier, contribuir a crear las condiciones para que la gente, los explotados, sobre cuya piel aquellos objetivos están prosperando, hagan algo para impedirlos.
Este proceso revolucionario según lo veo yo es de naturaleza insurreccional. No tiene un fin (esto es importante) de naturaleza cuantitativa, porque la destrucción del objetivo o el impedimento del proyecto no puede ser medido en términos cuantitativos. Sucede que se me viene a decir: “Pero cuantas luchas hemos hecho en los últimos veinte, treinta años” y en cuántas ocasiones he hecho este discurso también yo mismo y cuántas veces me he oído decir: “¿Pero qué resultado hemos obtenido?” Incluso cuando se ha hecho algo, la gente después ni siquiera se acuerda de los anarquistas.? “¿Los anarquistas? ¿Pero quiénes son estos anárquicos, los monárquicos? Quizá los del rey”. Las personas no se acuerdan bien. ¿Pero qué importancia tiene.? No es de nosotros que se deben acordar, sino que se deben acordar de su lucha porque la lucha es suya. Nosotros somos una ocasión en la lucha. Nosotros somos un algo más.
En la sociedad liberada, en la anarquía ya llevada a término, o sea en una dimensión del todo ideal, los anarquistas, que en cambio son indispensables en la lucha social a todos niveles, entonces tendrían sólo el papel de llevar siempre más allá las luchas, eliminando incluso las más mínimas trazas de poder y perfeccionando cada vez más la tensión hacia la anarquía. Los anarquistas son los habitantes de un planeta incómodo en todos los casos, porque cuando la lucha va bien se les olvida, cuando la lucha va mal se les acusa de ser los responsables, de haber llevado la lucha de mala manera, de haberla llevado a un mal desenlace. Ninguna ilusión entonces respecto a posibles resultados cuantitativos: si la lucha que es realizada desde un punto de vista insurreccional es correcta, va bien, y los resultados, si los hay pueden ser útiles para la gente que la ha realizado, no desde luego para los anarquistas. No hace falta caer en la equivocación, en la que desgraciadamente muchos compañeros han caído, de pensar que el resultado positivo de la lucha pueda traducirse en un crecimiento de nuestros grupos, porque esto no es cierto, porque esto se traduce sistemáticamente en una desilusión. El crecimiento de nuestros grupos, y el crecimiento de compañeros desde un punto de vista numérico, son cosas importantes pero no pueden llegar mediante los resultados obtenidos, cuanto más bien por la construcción, la formación de aquellas ideas de fuerza, de aquellas dilucidaciones de las que hablábamos antes. Los resultados positivos de las luchas y el crecimiento también numérico de nuestros grupos son dos cosas que no pueden ligarse por un proceso de causa y efecto. Pueden estar en conexión entre ellas, pueden no estarlo.
Quisiera decir aún dos palabras antes de concluir. He hablado de qué es el anarquismo, de qué es la democracia, de cuales son los equívocos que nos son colocados continuamente enfrente, de las formas en que se está transformando la estructura de poder que llamamos capitalismo moderno, capitalismo post-industrial, de unas estructuras de lucha de los anarquistas que hoy no son ya aceptables, del modo en el que hoy nos podemos contraponer a las que son las realidades de poder, y finalmente he hablado de las diferencias entre el anarquismo tradicional y el anarquismo insurreccional de hoy.
Agradezco vuestra atención.
(1) Craxi: ex secretario general del PSI (Partido Socialista Italiano), ex jefe de gobierno, implicado en muchos juicios por financiación ilícita del partido, corrupción, etc. Ya condenado, en algún juicio, por la justicia italiana (8 años), se encontraba bajo varias órdenes de busca y captura. Falleció recientemente después de vivir varios años de “exilio” en su lujosa villa de Hammamet, cerca de Túnez.
(2) Andreotti: miembro destacado de la DC (Democracia Cristiana) en los últimos 50 años. Varias veces jefe de gobierno, senador vitalicio, relacionado, durante el curso de su carrera, en decenas de sucesos oscuros desde la corrupción al asesinato, la asociación mafiosa y al intento de golpe de Estado. Siempre ha salido absuelto en los juicios. En el momento de darse esta charla tenía otro juicio: estaba acusado de ser quien ordenó el
asesinato del periodista Pecorelli y, otra vez, de asociación mafiosa.
(3) Riina: actualmente en la cárcel, está considerado, por los media y los jueces, el jefe supremo de Cosa Nostra (mafia siciliana). Fugitivo por decenas de años, ahora, algunos arrepentidos mafiosos lo relacionan con Andreotti. Al parecer los dos han sido vistos besarse en las mejillas, en el ritual mafioso sinónimo de hermandad y complicidad entre jefes.
(4) Di Pietro: ex policía, ha sido el fiscal más destacado del equipo de “Mani Pulite” de Milán, el organismo que primero empezó a derribar el imperio del PSI. Exaltado por la muchedumbre como el salvador de la nación, dejó la fiscalía para entrar en política y ha sido ministro de obras públicas del gobierno durante unos meses, hasta que él mismo se ha visto involucrado en juicios por corrupción.
(5) Borrelli: fiscal jefe de Milán, coordinador del equipo de “Mani Pulite”.
[El presente texto es la transcripción de una conferencia titulada “Anarquismo y Democracia”, celebrada en Cúneo (Italia) el 28 de enero por Alfredo M. Bonanno en la sala de reuniones del liceo scientífico “G. Peano”.
La primera edición en castellano apareció en marzo de 1997 de la mano de Arsénico]
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Ni olvido ni ceremonia: contra el culto a la carroña

 

“Me parecería más satisfactorio, por mi parte, ya que se trata de hombres que se han hecho ilustres por sus actos, que les honrásemos sólo con actos”.
Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, 411 antes de la era cristiana.
Es peligroso declararle la guerra al Estado y a este mundo, porque el Estado solo sabe hacer dos cosas: progresar, y combatir todo aquello que lo pudiera destruir, debilitar o impedir su progreso. En cuanto anarquistas, y por ello entendemos revolucionarixs, somos conscientes de nuestras decisiones y de las responsabilidades que derivan de ellas. Cuando decimos revolucionarixs, no hablamos de cualquier creencia en un mundo perfecto y sereno, ni en la quimérica creencia de la posibilidad de ver la llegada de alguna revolución anti-autoritaria total tal, que solo la podamos soñar en nuestras pajas mentales, en nuestra vida o no. Nosotrxs hablamos de una tensión permanente hacia la profundización de un proceso de ruptura con el poder y sus instituciones, a través de la crítica radical y de la destrucción.
El 22 de Mayo de 2009, Mauricio Morales, un compañero respetado de Santiago de Chile cayó en combate en esta guerra social a la que intentamos contribuir, él, como tantxs otrxs anarquistas a lo largo del mundo con nuestros medios y nuestra ética, nuestra intensidad y nuestros propios deseos. La explosión de la bomba artesanal que llevaba a la espalda causó su brutal muerte, ésta estaba destinada para la Escuela de Gendarmería que no se encontraba muy lejos. Por muy lejos que estuviéramos en ese momento, en el corazón de esta vieja Europa, la noticia de su muerte nos molestó por lo que era: la muerte de un hermano. No conocíamos directamente a Mauricio, ¿pero esto era importante? Nosostrxs nos reconocimos en él, como nos reconocemos cada día en todos los ataques contra la dominación, y esto nos bastó. Como muchxs otrxs, nosotrxs encendimos la noche en su conmemoración. Porque es la única forma de conmemoración que nos conviene para saludar la memoria del compañero: continuar el combate en la solidaridad, sí, pero todavía más: propagar la crítica en actos de este mundo, y fomentar su difusión.
En efecto, nuestros ataques contra lo existente no tienen como objetivo principal honrar la memoria de los compañeros caídos, enviar una dedicatoria a tal o tal otrx compañerx encarceladx ni dialogar con el poder en un cuerpo a cuerpo frontal. El ataque es para nosotrxs una necesidad, porque las palabras tienen un sentido y nuestras ideas no son sólo conceptos. Y encontramos totalmente secundario, vemos totalmente dispensable esa necesidad de guiñarse los ojos o de ser auto-referenciales permanentemente. Lxs destinatarixs de los guiños no necesitan que los nombremos si se reconocen en el acto en sí. Y ofrecer un ataque a un compañero, aleja a lxs demás de la posibilidad de reapropiárselo, y nos corta a nosotrxs mismxs una infinidad de posibilidades de la reapropiación y la reproducibilidad, y también el anonimato que caracterizan nuestra intervención anarquista en toda su humildad. Para precisar lo que nosotrxs llamamos humildad, entendemos que nuestros ataques se inscriben como modestas contribuciones en la guerra social que se está librando desde siempre, y no como actos heróicos, sino como decimos siempre, es fácil atacar y  cualquier rabiosx lo puede hacer. He aquí por qué nuestrxs compañerxs caídos en combate no son unxs héroes/heroínas.
Nuestros ataques son cotidianos, ellos no esperan y no necesitan de ningún llamamiento a la solidaridad. Es nuestra única forma de conmemoración: en la conflictividad permanente. Porque las demás formas de conmemoración no sirven de remedio para nuestros corazones insurgentes, porque llorar nunca ha hecho caer un muro. Que sean de la religión divina o terrestre, los apóstoles de este mundo no ofrecen ninguna solución a nuestros problemas. Las vigilias fúnebres, las ceremonias, los elogios, las marchas, los aniversarios, los bonitos discursos y el lirismo de pacotilla, los dejamos voluntariamente y continuamos trazando nuestra ruta. No nos interesa la gloria y el honor, sino la dignidad, el amor y el odio. Es con estas tres hermanas con las que caminamos cada día. Nosotrxs habríamos preferido no haber sentido la necesidad de escribir estas líneas, pero no tenemos miedo de ver que hay valores de origen religioso y militar, que no son los nuestros, mezclándose a los nuestros.
“El culto a los muertos no es más que un desprecio al verdadero dolor. El hecho de mantener un pequeño jardín, de vestirse de negro, de llevar velo no prueban la sinceridad del dolor. Éste último también debe desaparecer, los individuos deben reaccionar frente a la firmeza y a la fatalidad de la muerte. Debemos luchar contra el sufrimiento en lugar de exhibirlo, en lugar de pasearlo en procesiones grotescas y falsas felicitaciones […] Hay que tirar abajo las pirámides, las sepulturas, las tumbas; hay que pasar el arado por los muros del cementerio para librar a la humanidad de lo que llamamos el respeto a los muertos, de lo que es el culto a la carroña”.
Albert Libertad en L’anarchie, 31 de octubre de 1907.
No hay ninguna gloria en el hecho de morir en combate. El Poder reservará mórbidas consecuencias para nuestra decisión de combatientes, ya sea  la mazmorra, la tortura o la muerte. Todas estas malas noticias forman parte del contrato que hemos firmado con nosotrxs mismxs, en la decisión de la guerra a lo existente. Sabemos lo que nos podemos esperar, de lo más bonito a lo más trágico, y estamos listxs, venga lo que venga después. Esta vez fue fatal, pero esto no hace de Mauricio un compañero más implicado o más valiente que cualquier otrx combatiente. Aquella noche, él asumió los riesgos como tantxs otrxs lo hacen cada noche, y el azar nos lo robó. Te podría haber pasado a ti, a mí, a él, a ella o a cualquier otro individuo para el que la anarquía no es sólo una cuestión de palabras o de posturas.
Muchxs de nuestrxs compañerxs murieron en combate. Los Ravachol, Filippi y Morales de nuestra historia son numerosos, de memoria más o menos viva, continúan existiendo en cada golpe que damos, en cada asalto realizado contra la dominación. Y estxs no son mártires, no murieron por una causa, no se sacrificaron. Murieron intentando realizar un sueño, no se rindieron y fueron asesinadxs. Es todo. Nada los traerá de nuevo, ni una canción, ni un poema, ni un discurso, porque no hay más allá, no hay héroes/heroínas, tampoco hay cura aquí tampoco hay un afuera donde curarse de aquí.
Compañerxs, no cedamos a las sirenas de la admiración, del carisma y del valor social. Lxs anarquistas no deben ser canonizados. Dejemos esto al star-system y a la idolatría religiosa. Que cada individuo sea su propio héroe antes que ir a buscar la grandeza a casa de los demás. Mauricio no es una estatuilla, un póster o un icono. Él es una fuente de inspiración, un hermano.
Contra el culto a la carroña.
[Junio 2013]
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Incontrolables – Contribuiciones hacia un nihilismo consciente

Atenas: Yo solo hago lo que me piden. Piden que la ciudad funcione con armonía, y yo aprisionaré al esclavo y engordaré al amo. Porque así es como la armonía es forjada a partir del caos. Todos aquellos que fluyen y viven justamente en Atenas aceptan ese trueque, da lo mismo que la ignorancia sobre ese trueque sea sincera o fingida. Habitar en mi ciudad requiere sumisión. Así como el buey que transporta el agua se somete al yugo, así el ciudadano se somete a las leyes de la ciudad. Pero si os hartáis de esto, si el vino causa enfermedades y las uvas se pudren en la viña, con mucho gusto destruiré lo que me habéis pedido crear. Pero tengo todavía que escuchar a alguno de vosotros mortales, rebeldes o reyes, pedirme que lleve a cabo este trabajo final: dejar al Caos dominar los campos de Atenas. Vosotros no tenéis el coraje de ver arder todo lo que os da confort y abrigo. Incluso los mas fuertes de entre vosotros temen el poderoso Caos y lo que él va hacer si lo dejo correr libre. Pero recuerda esto, alma joven: Yo solo hago lo que me piden. Pídeme que te construya una ciudad y yo la haré funcionar. Pídeme que acabe con la miseria de la ciudad, y y solo tendré una opción: destruirla, totalmente.

Eurípides, ATHENA POLIAS (Athen de la Ciudad)

En Diciembre de 2008, un gran número de jóvenes atenienses descubrieron algo terrible. Muchos de ellos tenían entre 13 y 19 años cuando el quinceañero Alexis fue disparado en el pecho y asesinado. Estos jóvenes, que sabían poco de asambleas anarquistas o sobre métodos aceptables de lucha, inmediatamente han gravitado en torno a aquellos que ellos han visto quemando bancos, saqueando tiendas, sacando trozos de las aceras, y lanzando fuego a la policía. Durante esos días, nadie, excepto la policía, ha intentado parar su rabia (que ellos han descubierto tener en exceso). Durante esos días, ellos sabían quien era su enemigo: quienes los intentaban parar. Estaba claro que su capacidad para destruir era contingente al hecho de que otras personas estuvieran presentes, fomentando en ellos una aceptación muy general de colectividad y poder de grupo. Este poder fue utilizado en contra de todo que se ha mantenido en la linea, y este poder creció mientras la insurrección duró. Cuando se terminó, cuando la normalidad volvió, estos jóvenes se mantuvieron conscientes de su poder. Ahora esperaron su oportunidad para usarla otra vez.

En Mayo de 2010, 3 personas murieron dentro del Banco Marfin. Ellos habían sido encerrados dentro por su jefe, con miedo de perder su trabajo, cuando bombas incendiarias se prendieron y empezaron a quemar todo. Estas muertes de simples trabajadores de un banco empujaron a los anarquistas de Atenas hacia una crisis. Los medios de comunicación han usado estas muertes como excusa y justificación para la represión. La sociedad se volvió en contra de los anarquistas “asesinos”. Mas allá (aparte ) de estos, los anarquistas se han vuelto en contra de otros anarquistas, buscando una razón o explicación para tan horrible acción. Sin embargo, no había nada que encontrar. Algunos han dicho que los pirómanos eran grupos para-estatales, otros dijeron que eran los policías mismos, otros que ha sido un accidente, y otros que las muertes eran aceptables casualidades en una guerra. Solamente unos pocos de los mas perspicaces entre los anarquistas han vislumbrado la verdad de lo que había pasado: los jóvenes de 2008 imprudentemente habían quemado un banco que había sido cerrado por un patrón.

En Mayo de 2011, los anarquistas de Atenas estaban en una auto-proclamada depresión. Una de las razones mas comunes eran las secuelas de las muertes del Banco Marfin y las criticas internas que no pararon en un año. Otra razón ha sido los arrestos de los nuevos guerrilleros urbanos y la cantidad de apoyo necesario para lo que crecieron hasta convertirse en 40 prisioneros políticos. Ha habido mucho criticismo a algunos de esos grupos de guerrilla urbana, especialmente la campaña de cartas-bomba llevada a cabo por la Conspiración de las Células de Fuego. Ha sido dicho que esas acciones eran imprudentes y que poco se lograba con eso además de regalar al Estado más ejemplos del terror anarquista para mostrar al público. Dos anarquistas fueron capturados y mas tarde tomaron la responsabilidad de haber enviado estos paquetes-bomba a varias embajadas extranjeras. Uno de los anarquistas arrestados tenia 22 años, uno de los jóvenes de 2008. Gerogios Papandreou, actual Primer Ministro de Grecia, ha dicho lo siguiente sobre estos jóvenes incontrolables: “ Estos actos cobardes e irresponsables no tendrán éxito en dificultar nuestros enormes esfuerzos en restablecer nuestra credibilidad y resucitar la economía”

Yo estoy ligada al amigo por alguna experiencia de elección, comprensión, o decisión que implica que el aumento de su poder sea también el aumento del mío. Simétricamente, estoy ligada al enemigo por elección, pero esta vez a través de un desacuerdo, según el cual, para que yo pueda crecer, implica que lo tengo que confrontar, que tengo que minar sus fuerzas.

Virginia Wolf

La mayoría de las veces ellos están en el frente, listos para tirar una bomba improvisada o un Molotov si lo tienen. Por lo general no lo tienen y se contentan con piedras y palos. Cuando no está pasando nada y la policía está ausente, ellos destruyen lo que está alrededor: semáforos, quioscos, pequeñas tiendas, cualquier cosa. A veces la gente se lo impide, y otras veces funciona. Recientemente, algunos han intentado prender fuego a algo que ha sido rápidamente apagado por otros anarquistas. Mientras se hacen asambleas en las ocupaciones, ellos están fuera burlando la policía, tirando piedras y poniendo trampas. Muchos anarquistas nos les toman en serio. Algunos les desprecian activamente, diciendo que no quieren “tener nada que ver con el movimiento anarquista” por causa de ellos. Estos jóvenes de 2008 se identifican como anarquistas, pero hay muchos otros anarquistas que rápidamente dicen que ellos no tienen las cualificaciones necesarias.

Un ataque reciente a la comisaría de Exarchia ha traído mas criticismo. Durante el ataque, una moto ha sido incendiada y explotó mientras un vendedor de un mercado callejero cercano intentaba apagar el fuego. El día siguiente, los titulares de los periódicos decían que los “encapuchados” estaban quemando personas pobres. Fue un momento inoportuno. Recientemente, los fascistas habían hecho una concentración delante del Banco Marfin que había sido quemado un año antes, en una tentativa de capitalizar públicamente la rabia y la desconfianza en relación con los anarquistas. Después del asesinato de un ciudadano izquierdista griego, los fascistas afirmaron que los asesinos eran inmigrantes y rápidamente movilizaron centenares de personas y empezaron *un pogromo (caza, existe pero no se entiende) racista que todavía continúa en la actualidad. El ataque a la comisaría ocurrió en este período de tensión y ha sido visto por algunos como una tentativa de atacar directamente a la misma policía que había protegido los fascistas mientras estos aterrorizaban el centro de Atenas. Dado el desafortunado momento del daño accidental del vendedor callejero, algunos anarquistas han condenado rápidamente el ataque. El periódico de derechas Kathemerini ha citado recientemente que ciertos moradores de Exarchia han dicho que los “verdaderos anarquistas” nunca harían tal cosa.

Este ataque ha salido de Exarchia. Centenares de anarquistas pasan el tiempo en la Plaza Exarchia, bebiendo, fumando y charlando. Muchos de los jóvenes de 2008 pasan ahí sus noches. Es donde información, ideas, y acciones rápidamente preparadas, circulan entre anarquistas. Puede ser que no sean estos jóvenes que circulan por allí, los que mantienen el Parque Ocupado de Exarchia, pero sin duda lo frecuentan y sin vacilación lo defenderían de la policía. Y sin embargo estos jóvenes que con frecuencia están en el frente del conflicto son los mas ridiculizados por los anarquistas atenienses. Sus acciones no son perfectas, actúan irracionalmente, e incluso tienden a estropear los planes de los anarquistas.

Recientemente, mientras los anarquistas estaban celebrando su asamblea semanal en la Universidad Politécnica, estos jóvenes de 2008 atacaron a los grupos marxistas que habían participado hacía poco en las elecciones estudiantiles. Mientras atacar las elecciones universitarias ha sido común en el pasado, ha dejado de serlo entre los anarquistas siendo hoy esta tradición mantenida solamente por estos jóvenes. Los marxistas sellaron los portones de la Universidad, algo que es más común como respuesta a ataques de la policía. Los anarquistas de la asamblea salieron a ver de dónde venían las fuertes explosiones y gritos, apenas para encontrar un mar de marxistas defendiéndose de otros anarquistas. Una vez más, la mayoría dijo que el ataque era ridículo, corto de vistas e inapropiado, ya que los fascistas estaban en las calles atacando inmigrantes. Pero los jóvenes salvajes que atacaron las elecciones universitarias solo sabían una cosa: la democracia es una mierda.

La historia es una pesadilla de la cual estoy intentando despertar

Iggy Pop

Se ha conversado mucho en Atenas sobre canibalismo social; o sea, el cuerpo social devorándose a sí mismo. Proxenetas inmigrantes vendiendo sus prostitutas inmigrantes a ricos hombres griegos. Traficantes de heroína griegos vendiendo su droga a yonkis griegos. La policía de Atenas enfrentándose entre ellos. Ciudadanos atacando políticos. Anarquistas atacándose entre ellos. Fascistas atacando anarquistas. La guerra de todos contra todos. Caos. Esta es la famosa imagen de Atenas siendo destruida por Atenea, su diosa protectora.

Los medios de comunicación y el gobierno tienen un interés muy claro en promover esta idea de descomposición social. Porque, al final, si las cosas se ponen demasiado feas, será el Estado el que va a venir y restaurar la orden. Por lo menos éste es el guión standard. Pero algo diferente está pasando en Grecia. De hecho, la sociedad esta cayendo, mas rápido de lo que normalmente pasa en otras grandes metrópolis. Nadie tiene dinero, el gobierno se prepara para pedir un préstamo de la troika, y todos son conscientes de que existe un problema. La forma en que se presenta este problema es diferente dependiendo de con quién se hable. Los fascistas dicen que el problema son los inmigrantes y los políticos de izquierdas. Los políticos dicen que el problema es la irresponsabilidad de los ciudadanos que no pagan sus impuestos, que rechazan pagar los peajes, y rechazan permitir vertederos de basura en sus pueblos. Los anarquistas dicen que el problema es el capitalismo y el Estado. Estas diferentes fuerzas encuentran varios ecos para sus ideas en diferentes áreas de Atenas.

Por ejemplo, en el centro de Atenas, hay muchos crímenes anti-sociales, algunos por parte de inmigrantes, algunos por parte de griegos pobres. Una vez que ha pasado el asesinato de un griego y del cual rápidamente se han aprovechado, los fascistas han encontrado por parte de los vecinos mucho apoyo a su tesis de que el verdadero problema son los inmigrantes. En el mismo barrio también hay anarquistas, mayoritariamente orbitando alrededor de la okupa Villa Amalías. Una vez empezado el *pogromo (caza), los anarquistas se han tornado un aliado natural y muchos inmigrantes se han quedado alrededor de la okupa no solamente por protección sino también para encontrar amigos en un paraje hostil. Estos inmigrantes, viviendo un vida precaria bajo el capitalismo, siempre han sido víctimas del canibalismo social y recurren a pequeñas empresas capitalistas únicamente para sobrevivir. Ahora que están siendo demonizados y cazados, su esperanza de inclusión en el capitalismo griego se despedaza.

Estas fuerzas están empujando los dos grupos, inmigrantes no-griegos y anarquistas, a juntarse. En el cuarto día del *pogromo (caza), los anarquistas y los inmigrantes tenían tomado el área alrededor de Villa Amalías. Música y proclamaciones fueron echadas a la calle a través de un ruidoso altavoz. La asamblea semanal de Villa Amalías es publicitada en el barrio y trae decenas de no-anarquistas para discutir que hacer durante este período de tensión. Los niños jugaron al fútbol, familias iban y volvían, y el miedo que había tomado el área había desaparecido. No obstante, solamente algunos bloques mas allá de la okupa, el pogromo había continuado.

Hay algunos antagonismos que nunca serán reconciliados. Fascistas y policía nunca se reconciliaran con anarquistas e inmigrantes. Ha habido un sin fin de ejemplos (además del descrito arriba) en los cuales anarquistas e inmigrantes en Atenas, superaron su hostilidad y encontraron una base común. Hasta ahora, no ha habido mucha superposición entre los dos grupos. Ahora que eso pasa, otro antagonismo viene a discusión, pero este antagonismo es entre anarquistas y anarquistas.

La negación de lo que existe en beneficio del futuro que no existe

Charles Darwin

En el 18 de Mayo de 2011, la policía paró a dos personas que estaban cerca de una motocicleta en el norte de Atenas. Uno de ellos sacó una pistola y empezó a disparar a los dos oficiales, alcanzando a ambos. Los policías devolvieron los disparos, hiriendo al “pistolero”. Su compañero consiguió escapar en el coche patrulla. El coche fue mas tarde encontrado abandonado. El “pistolero” herido fue transferido al hospital, donde dio un nombre falso. En el 20 de Mayo se reveló que el hombre era el estudiante Theophilus Mavropoulos de 21 años. Se dice que pertenece a Conspiración de las Células de Fuego. Tenia 18 años en Diciembre del 2008.

La conspiración reclama estar formada por anarco-nihilistas-individualistas. Han criticado constantemente a la población por ser demasiado cobardes, pasivos y ciegos. Culpan la la población de su propia miseria, principalmente porque la población es demasiado imbécil para cambiar su situación. La conspiración es también critica de la escena anarquista tradicional y de las limitaciones que ella se impone a sí misma por permanecer estancada en las mismas formas ineficaces. Ellos defienden la creación de pequeñas células armadas federadas informalmente por toda Grecia y por el mundo, células que directamente atacan los símbolos y los mecanismos del poder autoritario. Hablando en general, ellos *no hablan firmemente o con convicción sobre la creación de cualquier otra cosa. Por otro lado, son críticos con todo el resto.

El nihilismo de la Conspiración es un reflejo del nihilismo que se extiende entre los jóvenes de 2008. Estos jóvenes solamente han sido testigo y han vivido dentro del fracaso del sistema mundial capitalista, pero han sido testigos y han sido parte del fracaso de la resistencia en contra de este sistema mundial. Hay mucha gente de los 70 que puede decir a los jóvenes la manera correcta de luchar, pero para los jóvenes, los viejos han fallado, igual que todos los otros. Cuando estos jóvenes intentan expresar su desespero y deseo de actuar, suelen ser silenciados, callados a gritos, o ridiculizados por anarquistas que tienen una conexión mas cercana a las tradiciones de lucha más antiguas. El efecto de eso es que los jóvenes han abandonado los centros conscientes del movimiento, prefiriendo quedarse en la periferia donde son libres para hacer lo que quieran. Algunos de ellos se han separado completamente, como ha sido evidenciado por la Conspiración.

Hay algunos grupos de guerrilla y militantes que han encontrado una aceptación y admiración general en la escena anarquista. Los “ladrones de negro”, Lucha Revolucionaria y Vassilis Palaeokostas, solo por nombrar algunos. Palaeokostas es internacionalmente famoso como el hombre que escapó de la prisión en helicóptero. Esta gente, a pesar de haberse atrevido a explotar, siempre han mantenido sus conexiones teóricas con los escenarios autónomos o anarquistas tradicionales. Ellos creen en la revolución social y en el potencial infinito de la población para rebelarse. Aunque pueden compartir los mismos objetivos generales con los nihilistas (la destrucción del orden global y sus agentes), se han disociado públicamente de ellos en varias ocasiones. Los otros grupos de guerrilla y militantes tienen una esperanza y confianza en la población que los nihilistas no comparten. Los nihilistas son los pocos que, citando Eurípides, han pedido a Atenéa que destruya la ciudad completamente. Pero están solos, han sido expulsados e ignorados por la mayoría de los otros anarquistas. En su aislamiento, los mas determinados se han desconectado completamente de donde vinieron y están siendo, poco a poco, interceptados uno a uno. Mientras están en la cárcel, la ciudad persiste.

Nada es verdad, todo es permitido

Hillary Clinton

La corriente nihilista entre la juventud no ha surgido de la nada. Es un reflejo del fallo total del capitalismo y de su resistencia. Muchos no ven alternativa y no quieren otra cosa que la completa destrucción de la bestia que les alimenta: la ciudad. Adoptar estos puntos de vista es muy difícil. Para la gente que quiere el cambio social, la transformación radical o un cambio drástico, la destrucción total suena tan loca como lo es. Diciembre de 2008 puede haber sido ayudado por actores conscientes que cuidadosamente seleccionaron blancos, pero la ansia destructiva de todos los que participaron fue general en su amplitud/envergadura. Estos deseos pueden haber sido moldeados o canalizados por diferentes ideologías una vez terminada la insurrección, pero en su núcleo eran incontrolables.

2008, la primera explosión del mismo fuego que se ha propagado al Norte de África, fue la emergencia de algo nuevo. Ni anarquismo, ni comunismo, ni democracia. Fue el deseo de deshacerse de todo. En Egipto, ese deseo ha sido canalizado hacia partidos democráticos que han matado la energía, dejando el país con una dictadura militar. En Grecia, ese deseo ha sido canalizado de vuelta a los sindicatos, los partidos y las ideologías. Lo que ha sustentado cada insurrección, lo que las ha mantenido vivas, fue la ausencia total de cualquier “mano-guía” . Tan pronto como alguien tomó el control , tan pronto como alguien prometió un mañana mejor, ese mañana llegó pronto, idénticos a todos los otros ayer.

Hay un miedo entre anarquistas, en Grecia e internacionalmente, el de comprometerse con los objetivos que defienden. El abismo de la libertad es aterrorizante. Sin policía, habrá guerra civil entre grupos diferentes y va a ser peor que la lucha entre anarquistas, fascistas e inmigrantes que vemos hoy. Sin la ciudad, la red de suministro de electricidad e infraestructura, habrá hambre en masa y violencia. Es utópico imaginar que los obreros tomarán las centrales eléctricas y el sistema de agua, imaginar a la población reapropiarse de los recursos de la ciudad y ponerlos hacia un mejor uso. Pero exactamente como la Bastilla, la ciudad de Atenas siempre mantendrá el propósito para el cual ha sido construida. La Bastilla ha sido construida para ser una prisión, nada más. Atenas ha sido construida para alojar obreros y sus amos. Ha mantenido su carácter por miles de años. Si el capitalismo desapareciera, el propósito de la ciudad desaparecería con ello.

Es desalentador afrontar este hecho, y por miedo retirarse hacia formas de lucha pre-existentes que, al final, no dan poco más que aceptación resignada y derrota permanente. Las mismas formas pueden ser repetidas, las mismas escenas y rituales pueden ser reproducidos, pero éstas no van a funcionar de repente si no han funcionado desde hace tiempo. Es el miedo el que empuja a las personas lejos de la conclusión de que el proyecto más importante que nos queda es la destrucción de lo que el capitalismo ha creado. ¿Quién quiere destruir el lugar donde vive? ¿Quién quiere verlo resbalar hacia el Caos sin poder prometerse a si mismo y a sus amigos que algo mejor vendrá? No pueden existir promesas en el futuro. Todas las promesas se transforman en mentiras, el engañado se convierte en engañador, y la miseria presente continua.

Los nihilistas y la juventud entre nosotros no debe ser apartada o conducida hacia la desesperación. Ellos son parte de nuestro mundo anarquista y reflejan algo que es al mismo tiempo nuevo y terriblemente viejo. Si no les escuchamos, ellos actuarán independientemente de nuestra aprobación o reconocimiento. Si intentamos controlarlos, le pareceremos nada mas que extensiones del sistema que ellos quieren destruir. Tal vez haya más verdad en ésto de lo que cualquier uno de nosotros haya alguna vez imaginado. Tal vez seamos simplemente cobardes, aguardando nuestro momento hasta que los héroes perfectos lleguen para salvarnos, para prometernos un futuro, para actuar primero para que podamos seguirlos. Como anarquistas, sabemos que la destrucción del capitalismo es necesaria, pero ahora que el capitalismo ha penetrado tanto en nuestras vidas, este conocimiento es aun más aterrador. Nos volvemos hacia los 80s, los 90s, los 2000s, siempre pegados a ese pequeño cacho de historia que hemos vivido, quedándonos atrapados por la forma de las ideas que no han cambiado.

Yo no quiero abandonar al anarquismo. De hecho, quiero que las ideas se difundan tan ampliamente como sea posible. Quiero que las personas se acuerden de los métodos y tácticas de los que han venido antes de ellos, pero yo quiero que las personas no solamente usen esos métodos contra nuestros enemigos, si no que lo hagan sabiendo que no estamos construyendo un mundo nuevo, y que tampoco lo estamos prometiendo. El anarquismo no tiene nada que ver con regalar la sociedad perfecta a una sociedad recientemente esclavizada, tiene que ver con crear el mundo que queremos ahora, para nosotros. Tenemos que destruir lo que hemos elegido destruir y no tener miedo de lo que pasará después.

Promover la destrucción del capitalismo en 2011 es promover el nihilismo. Destruir el capitalismo es destruir todo lo que él ha creado, e ir honestamente hacia este tarea es ser un nihilista a los ojos de todos los otros que todavía tienen algo invertido en este mundo. Y por eso yo estoy defendiendo un nihilismo consciente, un nihilismo que no es una reacción a los padres-anarquistas de las asambleas, la demonización de los mass-media, o la indiferencia de la población. El nihilismo que estoy defendiendo enfrentaría a todos los que desean administrar el potencial del presente, no en contra de las personas que son administradas. Nuestro enemigo no es la sociedad, nuestros enemigos son las personas que mantienen y crean la sociedad.

Este nihilismo consciente empieza de la sola idea de estar en contra de este mundo. Lo que viene después, el compromiso de estar contra este mundo, un compromiso que se materializa en acción y no en discurso, es la parte más difícil. Organizar conscientemente la destrucción de todo en lugar de lanzarse a trochemoche contra todos: esa es la tarea del nihilismo consciente. Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos si o bien queremos esperar, envejecer, y existir en este mundo que despreciamos, o bien lanzarnos hacia el abismo. Otros se han lanzado hacia al abismo y ahora están cayendo. Es el momento de alcanzar nuestros jóvenes amigos, juntarnos a ellos en su caída y recordarnos a nosotros, no a ellos, que no estamos solos al pensar nuestros locos pensamientos nihilistas.

Atenéa va a destruir la ciudad si se lo pedimos. En la mitología, Atenéa siempre ha ayudado a aquellos que tenían que cumplir alguna tarea. Como Vassilis Palaeokostas escribió mientras vivía en la clandestinidad en 2010, “la suerte es mujer y cuida a los audaces”

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