Textos: Análisis, crítica y discusión (2)

Sobre terrorismos en boca de los Estados

Después de los asesinatos de París se ha desatado una nueva ofensiva de los Estados y sus aparatos en la guerra civil mundial en curso. Nuevas leyes de excepción que antes no habían podido ser impuestas porque las condiciones no eran propicias para justificar un cambio en la sacrosanta imagen de Democracia, son ahora impuestas por decreto en diversas formas.

Leyes que incrementan aún más el control de los ciudadanos a través de intervenciones telemáticas o telefónicas o datos proporcionados por empresas, que restringen el espacio de aparente libertad de fronteras en Europa, que fomentan la delación de conciudadanos sospechosos de salirse de la norma (especialmente funcionarios al servicio del Estado en centros de salud, prisiones, etc), que puentean a la judicatura y las legislaciones vigentes para llevar adelante investigaciones o nuevas leyes o endurecimiento de éstas, que permiten un mayor control de las fronteras, que dotan de mayor poder para órganos policiales… Generan así un estado de emergencia ficticio usando el concepto de terrorismo, sobre todo aludiendo al yihadismo porque es lo que asusta más en tanto es culturalmente diferente y, en el discurso del Poder, no tiene una raíz socioeconómica sino religiosa y autoritaria. Un concepto que quieren redefinir ahora en términos más prácticos para su uso policial y judicial cuando pretenden incluir bajo ese paraguas a individuos que actúan en solitario (los ya bautizados ‘lobos solitarios’ por toda la prensa) o a individuos que se organizan de forma informal y no jerarquizada.

El Estado español, después de la aprobación de la Ley Mordaza hace pocas semanas, ya se afana en concluir una nueva reforma del Código Penal que justifique la aplicación de las leyes de excepción antiterroristas para aquellos que actúen en solitario y que justifique la acción policial-judicial preventiva de ataques terroristas. Es algo que ya se ha vivido en Italia con los distintos montajes antianarquistas, o en Chile con el caso Bombas y los cambios en la Ley Antiterrorista o la Ley de Control de Armas y Explosivos, o en Grecia con la implantación de las cárceles tipo C para frenar la lucha armada. Los partidos políticos encuadrados en un marco cada vez más estrecho, y autocondicionados por su propio papel de aspirantes a la gestión del Estado dependiente de los votos de ciudadanos alienados día a día, se pelean por salir en la foto finish de acuerdo a sus discursos de mierda particulares. Ninguno será capaz de contradecir lo impuesto por las condiciones creadas. No pueden ni quieren por lo que son y el papel que adoptan en el sistema.

La operación Pandora contra anarquistas activos en la lucha contra el Estado y el capitalismo no fue casual. Una operación preventiva, y como tal, justificada a ojos de todos los ciudadanos a la luz de la sucesión de acontecimientos. No encontrarán nada más. Por eso modifican y aprueban aún más leyes que encubran la aplicación de penas de prisión sin pruebas de actos de destrucción de propiedades o atentados físicos contra gestores del capital. La reunión del fascista Fernández Díaz con su homólogo chileno previa operación Pandora tampoco era casual.

Mientras tanto, esos ciudadanos adocenados escasos de sentido crítico, tanto como de dignidad, seguirán debatiendo sobre quién votar en las próximas elecciones, poniendo sus ilusiones de modificación de sus condiciones existenciales en las viejas promesas de los nuevos figurantes políticos y olvidando su miseria cotidiana comentando el próximo partido de fútbol o el próximo escándalo del corazón o el próximo caso de corrupción. La asunción de su propia incapacidad y su delegación en los gestores de sus vidas hace de motor para que el poder siga gestionando a su gusto. Si les toca pringar en algún momento (que les echen del trabajo, les desahucien de su casa, les retiren las ayudas mínimas sociales, les obliguen a pagar más impuestos, les aumenten los precios de productos básicos, les congelen los sueldos o las pensiones, les envíen a la guerra…) y su posible acción de resistencia ante esto está ampliamente criminalizada y penada, tendrán que explicárselo a sí mismos como un efecto colateral para conseguir un bien mayor general (impuesto por el Estado y la Economía) y ni siquiera entenderán el porqué eso es así.

Nosotrxs por nuestra parte no nos olvidamos de quién se beneficia de todo esto. Las nuevas condiciones que continuamente renueva el poder están orientadas a mantener y mejorar las formas de relación capitalistas que el dominio requiere. Esas nuevas leyes, esas guerras, no están separadas de la explotación laboral, la destrucción del territorio, la invasión y destrucción de otras culturas, el aumento de las prisiones y la agudización de las condiciones impuestas a lxs guerrillerxs en ellas, las muertes en las fronteras, etc. Son otras consecuencias del mantenimiento de una economía indefectiblemente orientada al beneficio de unos cuantos por los medios que sea.

Por todo esto, nos repugna la estrecha e interesada visión promocionada del ‘yo soy Charlie’. Ese interés es del Estado, ese interés es del Capital. Ese interés se media por los ciudadanos ciegos y estrechos de miras, y se promociona por los medios desinformativos del Poder. Participar acríticamente de esa marea emocional es alinearse con los Estados y el Capital. No hacerlo no es apoyar a ese Estado Islámico del que hablan. Esa polarización sin matices es otro interés del Poder para aislar y crear su discurso totalitario.

Tomado de Contrainfo

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Cuestiones de organización. 31 tesis insurreccionalistas.


A los compañeros presos de la guerra social y muy especialmente a aquellos que además de sufrir la cárcel han de soportar la verborrea de los ideólogos seudorrevolucionarios que desearían somerterlos a sus propias limitaciones.

Prólogo
El texto que sigue pretende reemprender el debate sobre la organización desde una perspectiva anarquista. Tema viejo, siempre presente, nunca saldado, aunque existan quienes hayan encontrado la certeza en tal o cual modelo.

No te engañes, no encontrarás en las páginas que siguen ninguna novedad (maldita palabra de marketing), ya el siglo pasado se debatía en similares términos, ni tampoco recetas mágicas que nos ahorren el pensar y actuar, cuestionar, criticar y experimentar, si algo se intenta, es precisamente, incentivar esto mismo. Nos falta debate y comunicación, acción y experimentación, y nos sobran monotonías, certezas y modelos.

Estas “cuestiones de organización” son pretendidamente subjetivas e intencionadamente críticas.

Este texto que ya se define en el título como insurreccionalista por un tomar partido, surge del deseo de destruir lo existente y trata de indagar en los caminos que hagan posible la materialización de ese deseo, buscando desde la palabra el encuentro, en la palabra y la acción, con tod@s aquell@s induvidu@s insurgentes que mantienen viva la pasión demoledora de la libertad.

I. Siempre han existido dos tendencias visibles en el Movimiento Obrero. Una es tendencia etapista, que conservando las “victorias” parciales pretende fijarlas como peldaños ascendentes a la conquista del cielo. Otra es tendencia insurreccional que hace del presente momento mismo de posibilidad revolucionaria. En la práctica no han existido líneas precisas de demarcación de ambas tendencias. Las dos tendencias encuentran sus semejantes en el Movimiento libertario.

II. La tendencia etapista se define en la práctica de reivindicación como medio gradual de alcanzar transformaciones globales. Asumiendo la negociación con el Poder y posponiendo el enfrentamiento directo con éste. Fijando sus perspectivas revolucionarias en el futuro, trata de acumular en el presente el mayor número de adept@s a l@s cuales concienciar hasta que se den las condiciones (¿?) esenciales para un ideal asalto a los Palacios de Invierno. El crecimiento cuantitativo es consecuentemente su primer objetivo.

Este tendencia se ha organizado históricamente en estructuras clásicas (partidos, sindicatos, etc). La estructura clásica es representativa en tanto se erige en representante material o espiritual no sólo de sus miembr@s sino de todo el colectivo de explotad@s, convirtiéndose en el eje del “verdadero” movimiento proletario.

Desde aquí se impulsa y estimula la “conciencia de organización”, la pertenencia un grupo homogéneo por encima del/a individu@ del que se puede ser y con el cual te identificas y te identifican.

La estructura clásica, es estructura pesada que produce y reproduce aparatos burocráticos. Tiene sus comicios decisorios, comités representativos y ejecutivos, y un entramado de protocolos, vicios, y normativas.

Simbólicamente se concibe como guardián de la sangre de l@s mártires, del pasado glorioso, de los principios inamovibles. Estimulando el culto a la personalidad, bien sea del héroe/heroína muert@ o del/a destacad@ compañer@ viv@.

Las organizaciones pesadas son en si mismas conservadoras y tienden a preservarse en el tiempo a pesar que las coyunturas que las hicieran surgir se hayan modificado. Por ello una parte importante de su tiempo se dedica a realizar “análisis” y gestos que muestren la inefable necesidad “actualidad” del modelo organizativo. El resto de su tiempo se divide en las reivindicaciones concretas como forma de proselitismo; en la organización de la Organización llegándose al máximo de complejidad posible; y a la reproducción ideológica, teniendo en los referentes pasados una verificación de su existencia.

La tendencia etapista y las formas orgánicas que adopta nos muestran la permeabilidad en el Movimiento Obrero de los valores sistemáticos; la burocratización inherente a la organización pesada, la delegación del/a individu@ en el colectivo, el establecimiento de jerarquías difusas o regladas, la rentabilidad de la acción como valor de cambio, la acción como mercancía, la asunción de límites y programas mínimos, el reconocimiento del Poder como mediador a través de la negociación…

III. En el Movimiento Libertario se da, como reflejo del Movimiento Obrero, la tendencia etapista.

Esta tendencia cristaliza el modelo organizativo clásico compuesto por la organziación de masas, las organizaciones específicas y las organizaciones pantalla de tipo juvenil, de mujeres, culturales, etc.

Este modelo surgido a principios del siglo XX tiene un sentido lógico en el momento de su aparición, de crisis y reestructuración capitalista. En el se conjuga en forma de contradicción tanto la necesidad y deseo de autoorganización proletaria, como el reflejo de los cambios en curso que conducen a un nuevo modelo de acumulación capitalista.

En el desarrollo de este modelo se enfrentan y complementan las dos tendencias anunciadas. Por un lado se da la práctica reivindicativa de la tendencia etapista que consolida la estrutura pesada y las nacientes burocracias. Por otro lado se producen explosiones insurreccionales que rompen el etapismo y superan a la organización pesada en un sentido positivo.

La conyuntura histórica de crisis capitalista propicia tal contradicción. Esta puede observarse en la revolución española. Mientras las masas proletarias alentadas por la CNT-FAI desencadenan una revolución sin precedentes generando sus propios organismos autogestionarios, éstas serán a su vez, frenadas y estranguladas por la burocracia de la misma CNT-FAI, que no encontrará dificultades en alinearse con las otras burocracias “obreras” en organismos interclasistas, lo cual será justificado como “necesidad histórica”. El epílogo es la derrota del Movimiento Obrero insuficientemente fuerte y autónomo para anular y superar en la práctica insurreccional a sus propias organizaciones representativas.

IV. La tendencia insurreccional del movimiento obrero, no se identifica con formas regladas de organización sino a través de la práctica del ataque directo al Poder sin admitir negociación, diálogo o intermediario alguno con éste. Encuentra su razón de ser y extracción teórica en la acción colectiva o individual del proletariado consciente, que se revuelve contra los aparatos de dominación.

Su objetivo presente e inmediato es la destrucción de dichos aparatos.

La materialización de esta tendencia en el movimiento de masas, surge en todos los momentos de lucha directa que superan la mera reivindicación y se hacen dueñ@s de su propia vida y construcción histórica.

Nacen, en y desde el enfrentamiento y tienen en él su sentido, generando situaciones concretas de destrucción de lo existente y creación de realidades autogestionarias.

Las organizaciones gestadas en el movimiento insureccional de masas, sólo tienen su razón de ser en el instante concreto de la revuelta generalizada. Su construcción a priori o su mantenimiento posterior sólo las conduce a la practica reivindicativa y/o a la recuperación sistemática.

Desde l@s luditas a la insurrección albanesa encontramos las señas de identidad de esta tendencia donde explorar las posibilidades, siempre presentes, de su materialización actual.

V. La tendencia insurreccional del movimiento obrero ha tenido entre l@s libertari@s (incluyendo en este término a todos aquellos movimientos nominados o innominados que han desarrollado una práctica antiautoritaria y revolucionaria) a sus mayores animadores e impulsores. El enfrentamiento directo con el Poder y el deseo de destrucción inmediata de éste, son consustanciales al pensamiento y la práctica libertaria, que rechaza las “políticas de fase” y las representaciones simbólicas.

Si bien la plasmación de esta tendencia en el movimiento libertario no ha tenido las repercusiones “espectaculares” que ha podido tener la tendencia etapista, ella está presente en toda la historia libertaria con una práctica visible generadora de tensiones en el seno del movimiento libertario y del movimiento obrero. Sus reediciones más palpables corren parejas al desarrollo del movimiento obrero insurreccional y encuentran su fusión con éste a través de la catarsis revolucionaria.

El hecho de que el movimiento insurreccional libertario no tenga la magnitud espectacular del movimiento anarquista etapista se debe a sus mismas características. El movimiento insurreccional libertario no mantiene formas de organización pesadas, ni basa su acción en la acomulación cuantitativa, ni se erige en representante de nadie. No posee pues referencias estructurales palpables y sus señas de identidad siguen el curso del enfrentamiento directo y espontáneo del proletariado mientras éste no cae en la manipulación y recuperación de los aparatos burocráticos de las estructuas clásicas. Es, en consecuencia, un movimiento difuso, mayormente tangible en los momentos álgidos de insurrección de masas pero que perdura en los periodos de reflujo revolucionario en las mil y una formas que adquiere la revuelta (sabotajes, expropiaciones, absentismo,…).

Esta tendencia no se restringe tan sólo al hecho violento de la acción directa sino que como movimiento anarquista etapista, también se dota de medios formales de propaganda pero a diferencia de los otros tales medios sólo son herramientas para avanzar hacia el enfrentamiento y profundizar en la lucha insurreccional de las masas.

VI. Dos fenómenos son reseñables:

1. Que la tendencia etapista en el movimiento libertaria siente como un peligro la existencia del movimiento anarquista insurreccional. Pistoler@s, delincuentes, aventurer@s, provocadores, infiltrad@s, psicópatas, son algunos de los adjetivos que tanto el Poder como el/la “revolucionari@” etapista dedican a l@s insurgentes y aunque el etapista pueda admitir e incluso aplaudir la insurgencia lejana (en el tiempo o en el espacio) no la aceptará en el aquí y ahora.

Sus miedos están justificados. La verificación práctica del hecho insurreccional pone en peligro la propia estructura conservadora del/a “revolucionari@” etapista a salvo del enfrentamiento en su feudo ideológico desde donde se puede lucir la pose “radical” sin riesgo de serlo y a la ver mantener pequeños y miserables reductos de poder reproducido en la forma de naturales jerarquías.

2. Ya no existen fronteras exactas entre ambas tendencias, la intensificación y el reflujo de las luchas hacen que la confluencia y la mezcla se den con frecuencia.

Así la frontera inexistente se cruza en ambas direcciones, demostrándonos la historia que el/la anarquista insurreccional encuentra su lógica en el movimiento obrero revolucionario cuando éste se desata de l@s recuperador@s, mientras el/la anarquista etapista ha mostrado en el pasado su facilidad para trazar alianzas con las organziaciones clásicas del movimiento obrero.

VII. La etiqueta insurreccionalista otorgada por un@s y autoasumida por algun@s no deja de ser más que eso, una etiqueta, que corre el riesgo de petrificarse en seudoideología si no se profundiza en el ámbito teórico y práctico de la intervención insurreccional. Más allá de la posible moda que pueda suponer esta “novedad”(¿qué novedad?) para aquellos que idealizan sus aspectos más morbosos y ficticios (principalmente el uso de la violencia como estrategia revolucionaria) y que basándose en un inmediatismo voluntarista poco argumentado desprecien el papel de la críticia. Si de los debates surgidos de la prácticas insurreccionales sólo valoramos las formas no tardarán en aparecer quienes suscriban un nuevo -ismo que les ahorra pensar.

VIII. Desde lo que (no) hay, en el pobre panorama libertaria actual nos encontramos con un número creciente (creciente por la dinámica escisionista en que se ve envuelto que evidencia su debilidad) de organizaciones pesadas que se reclaman libertarias desde muy distintos ámbitos. Unas se aproximan más que otras al reformismo y otros se revuelcan en el indecorosamente, mientras algunas nadan en el ostracismo absoluto que no lleva a ningún sitio.

De las diferentes familias anarcosindicalistas a los “autonomistas organizados” se nos ofrece un arco iris de posibilidades perdidas en los trayectos de la política reivindicativa etapista.

Sus diferencias teóricas ante un inexistente auditorio sólo evidencian sus compartidas miserias, la imposibilidad de destruir o contribuir a la destrucción de la miseria realmente existente y su inconsciente contribución a ésta.

Sin un movimiento revolucionario a la vista pretenden suplantarlo a partir de un crecimiento cuantitativo que l@s convierta en la organización guía de las masas, dejándolo todo postergado a un futuro inexistente en el que vuelvan a producirse las “condiciones objetivas” de un pasado mitificado. El enfrentamiento con la realidad se hace en consecuencia imposible.

Ni el 17, ni el 36, ni el 68, ni el 77 van a volver por más que copiemos las organizaciones que en esos momentos se dieron, hecho que demuestra que en lugar de aprender de los hechos históricos sólo hemos sido capaces de imitar sus carcasas.

Sobran mitologías ortopédicas y mentiras complacientes y faltan autocrítica, acción y objetivos concretos para el ahora, desde donde proyectar todas esas ganas frustradas de rebelión que estando presentes se ahogan en los pudrideros de las “viejas y nuevas” estructuras.

IX. Tres afirmaciones sobre el tiempo presente:
1. El proletariado no ha sido abolido. Ha modificado su composición en el transcurso de las reestructuraciones capitalistas convirtiéndose en sujeto menos perceptible más irreconocible. Sin embargo, es creciente, a la par que su descomposición como sujeto unitario, la existencia de una mayoría explotada, privada de todo poder de decisión sobre sus vidas.

2. El capitalismo sigue desarrollando sus alienaciones. Éstas ya no están sólo sujetas al modelo productivo que tiene su eje en la fábrica y el trabajo centralizado. En el momento en el que el capitalismo ha convertido toda actividad humana en mercancía el trabajo represivo ha traspasado los muros del recinto fabril para abarcar todos los aspectos de la supervivencia social. La alienación es ahora global.

3.
La posibilidad de revolución es una posibilidad presente. El problema teórico planteado hace un par de siglos por el socialismo no ha sido resuelto, tan sólo reestructurado, ahondándose en la contradicción inherente al sistema capitalista.

X. El objetivo revolucionario, pasa por incidir en tal contradicción que posibilita la generación de movimientos reales capaces de superar el estado actual de las cosas.

Ataquemos a través de la practica subversiva, la realidad cotidiana que tod@s l@s sometid@s a la dominación capitalista sentimos, aunque una gran mayoría vea esa realidad distorsionada por la reducción a espectáculo que el sistema hace de ella.

Utilicemos como estrategia el enfrentamiento continuado. Donde y cuando l@s individu@s insurrect@s decidan, desde una perspectiva global que no admite dialogo alguno con el Poder.

Salir a la calle a perturbar el miserable y embrutecedor orden de las cosas haciendo visible la brutalidad sistemática que tod@s percibimos esencialmente.

Desatar nuestra rabia es un objetivo posible en el aquí y ahora, unir nuestra rabia a la de nuestr@s iguales será una necesidad ineludible.

XI. El ataque es la acción colectiva o individual contra la cotidianidad, sin necesidad de excusas en forma de acontecimientos mediáticos teledirigidos por el Poder.

No es necesaria ninguna masacre televisada para atacar. Protestas dirigidas contra tal o cual fenómeno parcial sólo evidencian la manipulación folclórica de éstas, que eluden la globalidad del enfrentamiento, reduciéndose la protesta a un consentido desahogo vacío.

El ataque muestra sus pretensiones destructivas de la totalidad porque el objeto atacado es tan sólo una excusa para cuestionar lo existente. Es, en consecuencia, irrecuperable.

XII. La violencia es un aspecto secundario en el ataque, no su razón de ser. El ataque es toda forma de destrucción de lo existente de donde parte la posibilidad de generar nuevos nodos de creatividad.

La creación-destrucción es un proceso que se retroalimenta en el transcurso de la lucha.

XIII. La organización informal es una vía óptima para la organización del ataque anarquista. La organización informal no se basa en estructuras clásicas y pesadas sino que se adapta al momento y la voluntad de acción de l@s insurrect@s, no supeditando sus deseos a la estructura y su programa.

La organización informal se da a través de la afinidad entre individu@s y grupos tiene en ésta, y sólo en ella, su nexo de unión y la formación de un tejido orgánico nunca acabado, siempre en movimiento.

La organización informal se da en el territorio y puede ser tan extensa como de sí la afinidad, no estando sus miembrxs sujetxs a mayores compromisos que los adquiridos voluntariamente y siendo su cohesión tan fuerte como sea la pasión compartida por destruir el Poder.

No poseyendo órganos ni comicios de decisión a ésta se llega desde el encuentro, la comunicación, el debate y la acción. Los hechos nos dan las claves de la afinidad con nuestr@s iguales.

No cabe duda que hemos de encontrarnos con todos aquellos grupos e individu@s, con los que, aún sin saberlo, estamos recorriendo el mismo camino.

XIV. El militantismo es la antítesis de la responsabilidad individual. El primero es sometimiento a la ideología y a la organización, es martirio, acción separada de la vida, alienación. El segundo es acción vivida y compartida, ruptura de la alienación liberación del deseo.

Superamos el militantismo cuando nos hacemos responsables de nuestros actos por muchos esfuerzos que nos supongan.

La organización informal anarquista es la organización de individuxs responsables no de militantes.

XV. La organización informal tiene una necesidad de autonomía extrema ya que su propia composición es autónoma, de la/el individu@ al grupo, del grupo a la red.

XVI. La organización informal tiene una necesidad de comunicación constante como un todo impreciso que piensa y actúa, que decide y lucha a un mismo tiempo. El acuerdo entre sus miembr@s se da de forma natural y es fruto de las necesidades sentidas y la responsabilidad individual.

XVII. La organización informal tiene una necesidad de autocrítica implacable. Siendo su propia existencia una crítica práctica al miserabilismo impuesto por la falsa paz social, se hace imprescindible el análisis de sus actos sin buscar la autocomplaciencia, evitando la fosilización y recuperación sistemática, recuperación que es la primera forma represiva del sistema contra las potencialidades revolucionarias.

Todo es cuestionable y susceptible de crítica, no hay recetas mágicas. A partir de aquí la práctica ratifica o no la teoría y viceversa, evitándose caer en la reproducción de estereotipos y modelos ideológicos y cuestionando todo apriorismo y mistificación.

XVIII. La organización informal tiene necesidad de espacios autogestionarios en el territorio desde donde operar, experimentar y encontrarse l@s individu@s, grupos e iniciativas insurgentes. Espacios que ya de por sí, supongan ruptura y ataque contra el sistema y desde donde se construyan situaciones reales de autogestión libertaria.

XIX. La organización informal tiene la necesidad de impulsar redes de comunicación, debate y difusión de ideas. Redes que cubran la necesidad de comunicación directa entre l@s insurgentes y las diferentes luchas en curso, sin caer en la contrainformación (interpretación y transmisión de noticias sin más) y/o transmisión ideológica (venta de un modelo a imitar) que vendría a ser el reverso de la información y/o transmisión ideológica oficial (en escala diminuta) pero en sus mismos parámetros alienantes.

XX. La organización informal tiene la necesidad de dotarse de medios materiales para combatir la represión. La solidaridad con l@s represaliad@s ha de ser una constante prioritaria puesto que es la única defensa de la/el revolucionari@. La solidaridad con l@s compañer@s represaliad@s no puede quedarse en una pose o una actividad circunstancial.

XXI. Al hilo de lo expuesto, la organización informal evita y combate la reproducción en su seno de relaciones sociales capitalistas y es generadora de relaciones sociales comunistas y realidad latente, en el aquí y el ahora, de la sociedad libertaria.

XXII. Las necesidades de la organización informal no son un catecismo preestablecido que ha de ser cumplido obligatoriamente punto por punto. Se trata de necesidades que se dan en el transcurso de la lucha y que pueden adoptar formas diversas y variables, si bien, en esencia, son consustanciales al desarrollo positivo del proceso. Ninguna necesidad verdadera surge de forma provocada y ninguna es superior a otra, sino que estas aparecen como necesarias por la propia dinámica del enfrentamiento.

XXIII. La organización informal no es organización separada de las luchas, ni superior o guía de éstas. Es parte consciente de la tendencia insurreccional del movimiento de l@s explotad@s y participe de las luchas sociales. No renunciando en los periodos de reflujo y falsa paz social al enfrentamiento y fusionándose de forma natural en los movimientos autónomos de clase cuando estos se desarrollan en dirección insurreccional.

XXIV. Pese a quien afirma lo contrario la organización informal es organización. Desde l@s etapistas organizacionistas, para quienes toda acción ha de pasar primero por acabar la siempre inconclusa organización perfecta, hasta l@s individualist@s, incapaces de articular cualquier actividad en compañía de otr@s y en consecuencia instalad@s en la crítica y en el güetto de sus propias ilusiones, la gama de opositor@s teóric@s y práctic@s al desarrollo de la organización informal como organización y no como mera formalidad va desde sus detractor@s más acérrim@s a sus supuest@s precursor@s más teóric@s.

XXV. La mistificación cuantitativa pasa en la actualidad por dos caras de una misma moneda. La de quienes necesitan de la acumulación significativa de parroquian@s para decidirse ha hacer algo que vaya más haya de las rutinas simbólicas y las de los que sólo son capaces de “hacer” desde las capillas grupusculares suponiendo que estas son la garantía para prevenir los males de los que se acusa a las organizaciones pesadas. Si l@s primer@s quedan instalados en el limbo, l@s segund@s tampoco llegan más lejos puesto que las limitaciones que suponen al actuar colectivo les aparta irremediablemente de la intervención social y de los hipotéticos movimientos de masas adoptando poco a poco la conciencia de vanguardia voluntarista, y me refiero intencionadamente a movimientos de masas por el miedo de algun@s a tal término.

Si la organización informal no es organización separada debe partir, buscar y concluir en el movimiento de l@s explotad@s y extender su práctica-teoría en y desde la realidad de las luchas y no desde ilusorias barricadas y fantasiosas clandestinidades con afanes tan meritorios como suicidas. La organización informal debería ser el aglutinante de la tendencia insurreccional del movimiento de l@s explotad@s en su propio seno en lugar de otro factor de dispersión.

En cualquier caso el número chico no vacuna de los males achacables a la organziación pesada (delegacionismo, organizacionismo, burocratización,…). Como prueba basta echar un vistazo a los grupitos de nuestro alrededor involucrados siempre en sus asfixiantes dinámicas.

XXVI. Los movimientos sociales autónomos son organismos populares que responden a necesidades sentidas. Se desarrollan al margen de los aparatos de recuperación del Poder, manifestándose en las prácticas de la autogestión y de la acción directa.

XXVII. Los movimientos sociales autónomos surgen como negación de aspectos concretos y cotidianos de la explotación capitalista. Su objetivo es destruir tal aspecto, atacar un aparato del Poder. En consecuencia tienen una limitación en el espacio-tiempo.

XXVIII. Si el movimiento autónomo incide en el ataque y la práctica insurreccional, tiende a radicalizarse adquiriendo una cosmovisión de la realidad, buscando en tal caso nexos de unión con otros movimientos similares y alcanzando un pensar y actuar global.

XXIX. La creación de situaciones insurreccionales difusas por parte de los movimientos autónomos, su conexión, cohesión, amplificación y radicalización transforma los momentos efímeros de revuelta en momentos de revolución y autogestión generalizada. Los movimientos autónomos se transforman por la vía insurreccional en movimiento revolucionario.

XXX. Los movimientos sociales difieren de los movimientos sociales reformistas en que estos últimos basan su acción en la reivindicación parcial, lo cual no niega la dominación capitalista, simplemente demandan de esta una cesión de poder un servicion concreto insatisfecho.

En la práctica no es fácil diferenciar entre uno y otro y es su propia evolución, en muchos casos, y las circunstancias que los envuelven las que nos darán las claves para su reconocimiento.

XXXI. Hay que distinguir entre movimiento autónomo como práctica autónoma del proletariado y organización autónoma como estructura ideologizada que pretende suplantar al movimiento mitificándolo y vaciándolo de contenido.

La ideología no es autónoma, está sujeta a sus propias limitaciones, es falsificación de la realidad.

Sólo la crítica y la acción pueden ser autónomas.

Epílogo.

Lo expuesto en estas tesis no tratan de expresar el deseo de un modelo organizativo. Tratan de indagar desde la crítica las líneas generales que ayuden a superar el estado actual de las cosas. Como se ha dicho esto no es un catecismo. Existen formas dispares de actuar y hacer y diversos caminos que tomar, siendo imposible preestablecerlos sin caer en ficciones ideológicas.

Pero si bien es cierto que existen formas dispares de actuar y diversos caminos que experimentar, sólo existe uno para el no hacer y ese ya lo conocemos.

Libelo anónimo

Otoño de 1999.

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 ‘Anarquismo en la sociedad actual’

Entrevista realizada por el Portal Libertario Oaca a Gustavo Rodríguez.

Hoy tenemos la fotuna de ofrecer otra interesante entrevista con motivo de nuestro Décimo Aniversario en Internet sobre el anarquismo en la sociedad actual. Nos responde el activista y difusor del anarquismo Gustavo Rodríguez.

Gustavo es de origen cubano, aunque radicado en México desde 1990, donde participa enérgicamente a favor del desarrollo de un movimiento refractario antiautoritario. Impulsó la reactivación de la Cruz Negra Anarquista Internacional (Anarchist Black Cross) a comienzos de la década del 80 del siglo pasado, conformando, junto a un grupo de compañeros, la Cruz Negra Latinoamérica. Miembro fundador de la Red Anarquista Revolucionaria “Amor y Rabia” y de la publicación homónima.  Ha estado involucrado en la formación de varios grupos ácratas en el área y trabaja por la actualización de la crítica anarquista frente al actual sistema de dominación, inspirado en las tesis anti-industriales y en la tendencia insurreccional anarquista. Profundamente motivado por el despertar de la Anarquía en el continente americano, colabora habitualmente en diferentes medios libertarios de la región y en publicaciones afines.

OACA: ¿Cómo consideras que desde el anarquismo (y particularmente desde el activismo) se pueden ofrecer respuestas a los problemas de la sociedad actual?

Gustavo: Considero que es primordial, a manera de reafirmación de principios, asumir que desde el anarquismo no existen “respuestas” a los problemas de la “sociedad”. No poseemos la “solución”  ni contamos con las “formulitas mágicas” que nos aseguren la atención de los mismos. Asumir lo contrario, sería repetir los esquemas demagogos del enemigo, creernos los “elegidos”, los depositarios de la verdad y los dueños del “único” camino a transitar. Lo que equivaldría a reducir al anarquismo a una suerte de fe, una falsa consciencia que nos llevaría a confundir la realidad con las ideas. Esta degeneración ideológica ni por asomo se acerca al anarquismo aunque, lamentablemente, aún se manifieste en nuestras tiendas como consecuencia de la ausencia de un balance crítico en torno a los logros y fracasos, carencia que venimos arrastrando desde la derrota del anarcosindicalismo a finales de la primera mitad del siglo pasado.

Siempre hemos hecho hincapié en que el anarquismo no es una ideología, como muchos intentan presentar –incluso simpatizantes y “militantes”. El anarquismo es un cuerpo viviente de teoría y práctica que se retroalimenta constantemente, es decir, que renace y se fortalece continuamente teorizando a partir de la práctica y llevando a la práctica las ideas que producimos.

Y bueno, de la manera como está planteada la pregunta, también nos obliga a cuestionarnos que entendemos por “sociedad”. ¿Nos referimos a la servidumbre voluntaria? ¿A la “multitud” domesticada y dependiente? ¿A la masa amorfa civilista a la caza de subvenciones estatales? ¿O a ese lugar común del que echan mano sindicatos y partidos? Sin duda, el tema es extenso pero bien merece la pena al menos rosarlo tangencialmente, con un escueto comentario. Por lo que valdría destacar en plena “sociedad del riesgo” (a la manera de Beck), el rol del ciudadano como súbdito y por ende, extensión del Estado. En palabras de un compañero: “El Estado lo llevamos hecho carne en el cuerpo. Toda acción que pretenda destruir la dominación, es también una violencia contra uno mismo”. Esta reflexión compartida –lamentablemente, muy poco comprendida–, es medular para enfrentar (con obvios deseos destructivos) el modus operandi del actual sistema de dominación. Esa “violencia ( necesaria) contra uno mismo” es el sendero que conduce a la ejecución de ese policía que llevamos dentro. Destruir el sistema de dominación contemporáneo implica –como atinadamente señalan much@s compañer@s– el desarrollo de una voluntad conscientemente secesionista. No en el sentido de la huida a la comuna artificial de los primitivistas ni a las difusas Zonas Temporalmente Autónomas del snobismo ontológico y/o a la autogestión de la nocividad y la miseria, propuesta por los neodesarrollistas del trasnochado anarcosindicalismo . ¡NO! Nos referimos a la ruptura total con todo lo que nos oprime, incluso con la sociedad urbana tan amoldada a los designios de la dominación.

OACA: ¿Cuál es tu opinión sobre el movimiento de protesta surgido a raíz del conocido “15-M” en el Estado español? ¿Ves alguna similitud con las revueltas en otros lugares del mundo como el norte de África?

Gustavo: La ciudadanización de la protesta lleva implícitos sus límites. Hay que destacar  que la protesta ciudadana no busca enfrentar al sistema de dominación, mucho menos intenta destruirlo, sólo trata de colaborar en su actualización. Ahí radica, su obsesiva insistencia en la “participación” y en las reformas. Tratan de maquillar al sistema de dominación para que parezca más “humano”. La “Democracia Ya” es la transformación cosmética de la “democracia realmente existente”. La  llamada “sociedad civil” es la gran artífice de esta farsa. Todo se reduce a incrementar el desarrollo económico, es decir, conferirnos más capitalismo y a concretar nuevas leyes que impongan  medidas anti-inflacionarias que impidan la carestía, programas de vivienda, programas que garanticen el empleo, fondos para los parados, fondos de salvación para los hipotecados …, en resumen, mayores poderes al Estado.

Desde luego que el 15M guarda similitudes con las protestas de otras latitudes pero definitivamente en nada se parece a las revueltas insurreccionales del norte de África. En México las marchas de protesta contra la inseguridad encabezadas por el poeta Sicilia y capitaneadas por el subcomandante Marcos, si tienen una enorme similitud de fondo con las  romerías de mayo. Las ocupaciones que se reproducen ahora mismo en Norteamérica también están diseñadas a su imagen y semejanza, no sólo en cuanto a la forma en sí de la protesta –profundamente pacifista y marcada por el discurso civilista– sino también en la cuestión de fondo, es decir, en lo referente al guión que se interpreta, centrado en un monólogo que, más allá del performance, lo único que nos deja es una “carta de Reyes”, donde se enlistan infinidad de peticiones que finalmente (si es que las atienden) la única forma de satisfacerlas es con más capitalismo y concretando un Estado mucho más fuerte y omnipresente.  Lógicamente, eso no significa que a fuerza de tantos palos algún día no  harten de poner la otra mejilla y se radicalicen, ahí es donde tendremos que estar presentes para desbordar la protesta ciudadana y transformarla en contestación antagonista a través de la autogestión de la lucha. La menor chispa puede convertirse en fuego y ese fuego tendremos que extenderlo mediante la insurrección generalizada.

OACA: ¿Cuál crees que será el papel que tendrá el movimiento libertario en los próximos años?

Gustavo: Habría que comenzar por definir qué entendemos por “movimiento” libertario. Si con ello nos referimos a las organizaciones ficticias, a las siglas huecas, a las sectas y a esa suerte de legalismo “anarquista” con bienes “patrimoniales” y “marcas registradas”–cuyos restos sobreviven anclados al pasado–, definitivamente, el papel que tendrá será el mismo que ostenta en nuestros días como curiosidad arqueológica, sin la menor influencia en el desarrollo del movimiento real de l@s excluid@s y sin la más mínima participación en las luchas reales y concretas que se desentrañan en la confrontación cotidiana, más allá de la visión economicista y la verborrea obrerista. Sin embargo, si con el rótulo de “movimiento libertario” estamos haciendo alusión al movimiento real de l@s excluid@s y su lucha por la liberación total, entonces si estamos hablando en presente, identificando su potencial libertario y su talante antagonista y, además, reconociendo el rol subversivo de las minorías anarquistas en conflicto permanente con el sistema de dominación, en su camino paralelo como paradigma insurreccional. Pero, antes de implicarnos en las proyecciones a futuro del “movimiento libertario”, consideramos mucho más urgente renunciar a todo lo ajeno, es decir, desmarcarnos de una vez y para siempre de la intoxicación liberal y de la contaminación marxiana, lo que implica abandonar nuestros viejos diagramas de organización y acción a través de la re-elaboración teórico-práctica que nos permita enfrentar al enemigo en el siglo XXI.

OACA: De forma un poco más personal, ¿por qué seguiste el camino del anarquismo?

Gustavo: Considero que tomé el camino al anarquismo, por lo mismo que llegamos tod@s, por esa búsqueda incansable de libertad irrestricta, por una crítica inmisericorde al poder y por un rechazo absoluto a la dominación y al autoritarismo. Eso fue, sin duda, lo que me encaminó al anarquismo y me mantiene en nuestras tiendas: ese avanzar hacia el horizonte en aras de la liberación total. Y bueno, también hay algo de tozudez en mi ADN ya que mis abuelos maternos eran anarquistas y de algún modo mi madre, a su manera, era una libertaria empedernida y aunque jamás me inculcaron la “idea” por cuestiones de “principios” siempre lo que se mama se queda.

OACA: ¿Qué le dirías a los jóvenes y no tan jóvenes que por uno u otro motivo se acercan por primera vez a los planteamientos libertarios?

Gustavo: Entiendo que en estos casos asumir que tenemos “algo” que decir es caer en una contradicción a priori, considero que lo importante sería intentar responder cada vez que surja alguna duda o se formule una pregunta. Nos parece que esa es la mejor manera de mostrar que el “anarquismo” no se enseña, porque no es una ciencia irrefutable ni una escuela de adoctrinamiento. Mucho menos se trata de una Ley inviolable a cumplir al pie de la letra, sino de una construcción colectiva en constante actualización. Quizá, lo único que valdría la pena sugerir a tod@s l@s que se acercan por primera vez a las ideas, es que lo importante no es etiquetarse, asumiendo ser anarquista sino estar anarquista y permanecer en ese estado por toda la vida, porque la sociedad anarquista sigue siendo esa utopía en lontananza a merced de la arquitectura futurista pero la Anarquía se vive en cada golpe que asestamos al sistema de dominación, aquí y ahora y se concreta en esos instantes efímeros de libertad total y ausencia de autoridad.

OACA: Para terminar, puedes añadir lo que consideres oportuno

Gustavo: Lo único que nos parece oportuno recalcar, es la necesidad urgente de reflexión profunda que nos permita configurar colectivamente un nuevo paradigma a partir de la re-elaboración teórico-práctica que concrete nuevas formas de organización y nuevos modos de lucha conducentes a la destrucción del actual sistema de dominación. O lo que es lo mismo, que facilite el desarrollo de la tensión anárquica y materialice ese estar anarquista que tanto apremia. ¡Salud y muchas gracias!

OACA: Pues muchísimas gracias a ti Gustavo por esta interesante reflexión que seguro que no ha decepcionado a ningun@ de los lectores. Salud!

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La ideología de la victmización

 

En Nueva Orleans, justo a las afueras del barrio francés, hay una pintada en una valla que dice: “los hombres violan”. Solía pasar cerca de ella casi todos los días. La primera vez que la vi me molestó porque sabía que quien la hizo me definiría como un “hombre” y nunca he deseado violar a nadie. Tampoco lo han hecho ninguna de mis amistades-con-pene. Pero a medida que me encontraba con este dogma pintado, día a día, las razones de mi enfado fueron cambiando. Reconocí en este dogma una letanía de la versión feminista de la ideología de la victimización; una ideología que promueve el miedo, la debilidad individual (y por lo tanto dependencia en grupos de apoyo basados en la protección paternalista de las autoridades) y una ceguera ante todas las realidades e interpretaciones de la experiencia, que no se amolden a la propia visión de un@ mism@ como víctima.

No niego que haya cierta realidad detrás de la ideología de la victimización. Ninguna ideología podría funcionar si no tuviese base alguna en la realidad, como ha dicho Bob Black, “tod@s somos niñ@s adult@s de padres”. Hemos pasado toda nuestra vida en una sociedad que se basa en la represión, la explotación de nuestros deseos, nuestras pasiones y nuestra individualidad, pero es totalmente absurdo aferrarse a la derrota, definiéndonos en términos de nuestra victimización.

Como medio de control social, las instituciones sociales refuerzan el sentimiento de victimización en cada una de nosotr@s a la vez que dirige estos sentimientos en direcciones que refuerzan la dependencia en las instituciones sociales. Los medios de comunicación nos bombardean con historias de crímenes, corrupción política y empresarial, luchas raciales y de género, escasez y guerra. A pesar de que las historias tienen normalmente una base real, son presentadas claramente para fortalecer la sensación de miedo. Pero como much@s de nosotr@s dudamos de los medios de comunicación, se nos sirve todo un conjunto de ideologías “radicales”. Todas contienen algo de percepción real, pero todas están ciegas para todo aquello que no encaje en su estructura ideológica. Cada una de estas ideologías refuerza la idea de victimización y canaliza la energía de los individuos, sin hacer un examen de la sociedad en su totalidad ni romper con su rol que sólo la reproduce. Tanto los medios de comunicación como todas las versiones del radicalismo ideológico refuerzan la idea de que estamos victimizad@s por aquello que está “fuera”, por lo Otro y por las estructuras sociales; la familia, la policía, la ley, la terapia y los gurpos de apoyo, la educación, las organizaciones “radicales” o cualquier cosa que pueda reforzar un sentido de dependencia; están para protegernos. Si la sociedad no produjese estos mecanismos (incluyendo las estructuras de oposición falsa, ideológica, parcial) para protegerse a si misma, podríamos sencillamente examinarla en su totalidad y llegar a reconocer su dependencia sobre nuestra actividad para reproducirla. A cada oportunidad que tuviésemos, podríamos rechazar nuestros roles como víctimas-dependientes de la sociedad. Pero las emociones, las actitudes y los modos de pensamiento evocados por la ideología de la victimización, hacen que esta inversión de perspectiva sea muy difícil.

Al aceptar la ideología de la victimización en cualquiera de sus versiones, elegimos vivir con miedo. Quien pintó “los hombres violan” era probablemente una feminista, una mujer que vio su acción como un desafío radical a la opresión patriarcal. Pero este tipo de proclamaciones, de hecho, simplemente se añaden a un clima de miedo que ya existe. En vez de dar a las mujeres un sentido de fuerza como individuos, fomenta la idea de que las mujeres son en esencia víctimas, y la mujeres que lean esta pintada, incluso aunque rechacen el dogma que hay detrás, probablemente andarán por la calle con miedo. La ideología de la victimización, que tanto ampara el movimiento feminista, también se puede encontrar de alguna manera en el discurso gay, radical-nacionalista, de lucha de clases y en casi todas las ideologías “radicales”. El miedo a una amenaza real, inmediata e identificada contra el individuo, puede motivar una acción inteligente para erradicarla, pero el miedo creado por la ideología de la victimización, no lo permite, porque es un miedo a fuerzas demasiado amplias y abstractas para que el individuo pueda tratar con ellas. Acaba convirtiéndose en un clima de miedo, sospecha y paranoia, que logran parecer las mediaciones (que son la red de control social) algo necesario e incluso bueno.

Es este clima agobiante de miedo, el que crea una sensación de debilidad en las personas, la sensación de ser fundamentalmente víctimas. Si bien es cierto que algun@s militantes ideológic@s “por la liberación” a veces arman ruido con rabia militante, pocas veces van más allá ni llegan a amenazar nada. En cambio reclaman (léase “suplican militantemente”) que aquell@s a quienes definen como sus opresores, garanticen su “liberación”. Un ejemplo de esto ocurrió en el encuentro anarquista “Sin límites” de 1989, en San Francisco. No tengo ninguna duda de que en la mayoría de los debates a los que asistí, los hombres tendían a hablar más que las mujeres, pero nadie impedía hablar a las mujeres, y no presencié ninguna falta de respeto hacia las que hablaron. Sin embargo, en el micrófono público del patio del edificio donde se celebraba el encuentro, se hizo un discurso que proclamaba que “los hombres” estaban dominando las discusiones e impidiendo a “las mujeres” hablar. La oradora “demandaba” (léase “suplicaba militantemente”) que los hombres se asegurasen de que dejaban a las mujeres espacio para hablar. En otras palabras, la oradora pedía al opresor, de acuerdo con su ideología, que garantizase los “derechos” de las oprimidas, una actitud que, implícitamente, acepta el rol del hombre como opresor y el de la mujer como víctima. Sí que había debates en los que ciertas personas dominaban las discudiones, pero alguien que actúe desde la fuerza de su individualidad se enfrentará con una situación así, según sucede y tratará con las personas implicadas como individuos. La necesidad de colocar dichas situaciones en un contexto ideológico para tratar a los individuos implicados como roles sociales, transformando la experiencia real e inmediata en categorías abstractas, es una muestra de que uno ha elegido ser débil, ser una víctima. Y la debilidad embarazosa coloca a la persona en la postura absurda de tener que suplicar al opresor que garantice la propia liberación, asumiendo que uno nunca será libre más que para ser una víctima.

Como todas las ideologías, las variantes de la ideología de la victimización son formas de falsa conciencia. Aceptar el rol social de víctima, en cualqueira de sus múltiples formas, es renunciar incluso a crear la propia vida por un@ mism@. Todos los movimientos de liberación parcial (feminismo, liberación gay, liberación racial, movimientos de trabajadores, etc.) definen a los individuos en términos de sus roles sociales. Por ello, estos movimientos no sólo no incluyen una inversión de perspectiva que rompa con los roles sociales y permita a las personas crear una praxis construida sobre sus propias pasiones y deseos; trabajan de hecho contra ella. La “liberación” propuesta por estos movimientos, no es la libertad de los individuos para crear las vidas que desean en una atmósfera de convivencia libre, es más bien la “liberación” de un rol social en el que el individuo se mantiene sometido. La esencia de estos roles sociales en el seno del conjunto de estas ideologías de la “liberación”, es el victimismo. De esta manera, las letanías de los daños sufridos deben ser tarareadas una y otra vez para garantizar que las “víctimas” nunca olviden qué es lo que son. Estos movimientos de liberación “radical” garantizan que el clima de miedo nunca desaparezca, y que los individuos continúen viéndose tan débiles como para asumir que su fuerza se encuentra en los roles sociales, que son, de hecho, la fuente de su victimización. De esta manera, estos movimientos e ideologías actúan para prevenir la posibilidad de una potente revuelta contra toda autoridad y contra todos los roles sociales.

La verdadera revuelta nunca está a salvo. Aquellos que eligen definirse en función de su rol como víctima, no se atreven a probar la revuelta total, porque podría amenazar la seguridad de sus roles. Pero como dijo Nietzsche: “¡El secreto que da mayores frutos y el mayor disfrute de la existencia, es vivir peligrosamente!”. Sólo un rechazo consciente de la ideología de la victimización, un rechazo a vivir en el miedo y la debilidad, y la aceptación de la fuerza de nuestras propias pasiones y deseos, como individuos que son tan grandes y tan capaces de vivir más allá de todos los roles sociales, puede proporcionar una base para la rebelión total contra la sociedad. Dicha rebelión está de hecho propulsada, en parte por la rabia, pero no por el resentimiento estridente, rabia frustrada de la víctima que fomentan feministas, luchador@s de la liberación radical o gay… Para “proclamar” sus “derechos” a las autoridades. Es más bien la rabia de nuestros deseos desencadenados, el retorno de l@s oprimid@s con plena fuerza y sin disfrazar. Pero esencialmente, la revuelta total se alimenta de un espíritu de juego libre y de placeres en la aventura, por un deseo de explorar todas las posibilidades para la vida intensa que la sociedad trata de negarnos. Para todos los que queremos vivir intensamente y sin restricciones, ha pasado la hora de tolerar vivir como ratones tímidos dentro de las paredes. Toda forma de ideología de la victimización nos mueve a vivir como ratones tímidos. Seamos en cambio monstruos locos y alegres, que se divierten echando abajo los muros de la sociedad y creando vidas auténticas y diversión por nosotr@s mism@s.

No parará nuestro disturbio salvaje y placentero, nuestra guerra extática (de éxtasis) contra todas las fuerzas del orden. El caos de nuestros deseos, la pasión por vivir todas las posibilidades y la vida la máximo, surgirán a la luz del día, como una sombra brillante eclipsando toda forma de orden.

Feral Faun

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